ISSN 1514-3465
Deporte obrero y cultura física popular:
Galicia ante la Olimpiada Popular de Barcelona de 1936
Workers' Sport and Popular Physical Culture: Galicia and the 1936 Barcelona Popular Olympiad
Desporto operário e cultura física popular: Galiza ante a Olimpíada Popular de Barcelona
de 1936
Víctor Pérez Sanmamed
Ingeniero de la Energía por la Universidade de Vigo
Máster en Energías Sostenibles
por el Instituto Superior de Engenharia do Porto
con formación en la Norwegian University of Science and Technology
Máster universitario en Formación del Profesorado, especialidad de Matemáticas
por la Universidad a Distancia de Madrid (UDIMA)
Desarrolla su actividad en los ámbitos de la docencia, la cultura física,
el entrenamiento deportivo y la gestión asociativa
de club deportivo Vákner en Galiza
(España)
Recepción: 19/08/2026 - Aceptación: 22/09/2026
1ª Revisión: 08/09/2026 - 2ª Revisión: 19/09//2026
Documento accesible. Ley N° 26.653. WCAG 2.0
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Cita sugerida
: Pérez Sanmamed, V. (2026). Deporte obrero y cultura física popular: Galicia ante la Olimpiada Popular de Barcelona de 1936. Lecturas: Educación Física y Deportes, 31(341), 2-16. https://doi.org/10.46642/efd.v31i341.9109
Resumen
La Olimpiada Popular de Barcelona de 1936 suele analizarse desde el movimiento deportivo obrero internacional, el boicot a los Juegos de Berlín y la política antifascista del Frente Popular. El caso gallego permite observar cómo aquella convocatoria se sostuvo también sobre redes locales de sociabilidad deportiva y cultural. El objetivo de este estudio es analizar cómo las redes del deporte obrero gallego contribuyeron a articular una movilización más amplia de cultura física popular hacia la Olimpiada Popular de Barcelona de 1936, atendiendo a sus dimensiones asociativas, de género, culturales y territoriales. Se realizó una investigación histórica cualitativa y documental mediante el contraste de historiografía especializada, documentación organizativa, cartelería, programas y reconstrucciones hemerográficas contemporáneas. Los resultados muestran que la infraestructura obrera facilitó una movilización que desbordó el marco estrictamente federativo: comités locales, deportistas, estudiantes, mujeres, periodistas, actividades de financiación colectiva y agrupaciones culturales participaron en la preparación. La presencia prevista de folclore gallego y las disputas sobre quién representaba al territorio revelan que la expedición también funcionó como espacio de construcción simbólica. Se concluye que el tránsito del deporte obrero al deporte popular no fue lineal, sino una apertura conflictiva donde clase, género, cultura, territorio e internacionalismo se relacionaron en la coyuntura antifascista de 1936.
Palabras clave:
Cultura física. Deporte obrero. Olimpiada Popular. Galicia. Antifascismo. Folclore.
Abstract
The 1936 Barcelona Popular Olympiad is usually examined through the international workers' sport movement, the boycott of the Berlin Games, and Popular Front anti-fascism. The Galician case shows how the event also depended on local networks of sporting and cultural sociability. The objective of this study is to analyze how Galician workers' sport networks helped articulate a broader mobilization of popular physical culture towards the 1936 Barcelona Popular Olympiad, considering its associative, gender, cultural, and territorial dimensions. A qualitative historical-documentary study was conducted by contrasting specialized historiography, organizational records, posters, programmes, and contemporary press-based reconstructions. The results show that workers' sporting infrastructure enabled a mobilization that exceeded a strictly federative framework: local committees, athletes, students, women, journalists, collective fundraising, and cultural groups took part in the preparations. The planned presence of Galician folklore and disputes over territorial representation also reveal that the expedition operated as a space of symbolic construction. The study concludes that the shift from workers' sport to popular sport was not linear, but a contested opening in which class, gender, culture, territory, and internationalism interacted in the anti-fascist context of 1936.
Keywords:
Physical culture. Workers' sport. Popular Olympiad. Galicia. Anti-fascism. Folklore.
Resumo
A Olimpíada Popular de Barcelona de 1936 costuma ser analisada a partir do movimento desportivo operário internacional, do boicote aos Jogos de Berlim e da política antifascista da Frente Popular. O caso galego permite observar como aquela convocatória se sustentou também sobre redes locais de sociabilidade desportiva e cultural. O objetivo deste estudo é analisar como as redes do desporto operário galego contribuíram para articular uma mobilização mais ampla de cultura física popular em direção à Olimpíada Popular de Barcelona de 1936, atendendo às suas dimensões associativas, de género, culturais e territoriais. Realizou-se uma investigação histórica qualitativa e documental mediante o contraste de historiografia especializada, documentação organizacional, cartazes, programas e reconstruções hemerográficas contemporâneas. Os resultados mostram que a infraestrutura operária facilitou uma mobilização que ultrapassou o quadro estritamente federativo: comités locais, atletas, estudantes, mulheres, jornalistas, atividades de financiamento coletivo e agremiações culturais participaram na preparação. A presença prevista do folclore galego e as disputas sobre quem representava o território revelam que a expedição também funcionou como espaço de construção simbólica. Conclui-se que a transição do desporto operário para o desporto popular não foi linear, mas sim uma abertura conflituosa onde classe, género, cultura, território e internacionalismo se relacionaram na conjuntura antifascista de 1936.
Unitermos:
Cultura física. Desporto operário. Olimpíada Popular. Galíza. Antifascismo. Folclore.
Lecturas: Educación Física y Deportes, Vol. 31, Núm. 341, Oct. (2026)
Introducción
La Olimpiada Popular debía inaugurarse en Barcelona el 19 de julio de 1936. El golpe militar iniciado en las horas anteriores impidió su celebración y convirtió una ciudad preparada para recibir a miles de deportistas y agrupaciones culturales en uno de los primeros escenarios de la Guerra Civil. La competición no llegó a comenzar, pero su preparación conserva un valor histórico singular: permite observar cómo el deporte se convirtió, en la Europa de entreguerras, en un terreno de disputa sobre ciudadanía, ocio, disciplina corporal, identidad colectiva y legitimidad política.
La historiografía sobre Barcelona 1936 ha desarrollado, al menos, dos debates relevantes para este estudio. El primero se refiere a la relación entre la Olimpiada Popular y el movimiento deportivo obrero. Sus raíces estaban en las organizaciones obreras y en las campañas contra los Juegos de Berlín, pero el acontecimiento no puede reducirse a una nueva Olimpiada Obrera: la política de Frente Popular amplió las alianzas hacia republicanos de izquierda, estudiantes, organizaciones culturales y otros sectores antifascistas (Gounot, 2005; Pujadas, y Santacana, 1992; Physick, 2017; Rein, 2018; Stout, 2020). El segundo debate afecta al alcance político y cultural de esa ampliación. La convocatoria barcelonesa combinó competición, educación corporal, representación colectiva y actividades culturales, de manera que su sentido histórico rebasa tanto el olimpismo oficial como una definición estrictamente federativa del deporte obrero.
En España, De Luis Martín (2019) ha mostrado que socialistas, comunistas y libertarios desarrollaron proyectos diferenciados en torno a la actividad física, la educación, el ocio y la organización de clase. Más recientemente, un giro territorial ha permitido comprobar cómo aquellas redes se concretaron fuera de Barcelona. Los estudios sobre Castilla, Euskadi, Asturias y Andalucía reconstruyen clubes, comités, prensa y mecanismos locales de selección y financiación, mientras Santacana Torres (2023) ha destacado la dimensión Galeusca de la representación prevista (Ibarrondo-Merino, 2021, 2023a, 2023b, 2024, 2026). Este conjunto de trabajos modifica la escala del problema: ya no basta con describir el comité organizador barcelonés, sino que resulta necesario explicar qué infraestructuras sociales hicieron posible que distintos territorios preparasen atletas, movilizasen recursos y construyesen una representación propia.
Figura 1. Olimpiada Popular 1936: deporte y folclore contra el fascismo
Fuente: Gemini AI Flash
Dentro de ese debate, Galicia no interesa únicamente como una delegación territorial todavía poco estudiada. Su caso permite cruzar cuestiones que suelen aparecer separadas: la implantación del deporte obrero, una cultura deportiva previa y socialmente extendida, la participación femenina, la financiación comunitaria, las tensiones entre núcleos locales y una dimensión folclórica incorporada a la representación pública del territorio (Domínguez Almansa, 2009; López Villar, 2017; Sanfiz Arias, y Domínguez Almansa, 2023). El vacío historiográfico se sitúa precisamente en esa intersección. Las investigaciones disponibles han reconstruido aspectos parciales de la participación gallega y han señalado la relevancia de Galeusca, pero falta analizar de forma conjunta cómo las redes deportivas obreras se relacionaron con actores culturales, mecanismos comunitarios y disputas de representación durante la preparación de la expedición.
Para abordar ese problema se emplea la expresión «cultura física popular» como categoría analítica, no como una denominación histórica homogénea atribuible a todos los participantes. Conviene distinguir tres niveles. «Deporte obrero» designa aquí el entramado histórico de clubes, federaciones y proyectos vinculados a organizaciones de clase; «deporte popular» remite al ensanchamiento político y organizativo que, en la coyuntura del Frente Popular, incorporó actores que excedían ese marco; y «cultura física» permite atender a un campo más amplio de usos sociales del cuerpo, educación, ejercicio, ocio y sociabilidad que no se agota en la competición reglada. La expresión «cultura física popular» cuenta, además, con antecedentes en la reflexión sobre prácticas corporales populares no reducibles al modelo deportivo dominante (Vicente Pedraz, y Brozas Polo, 1997), mientras estudios recientes subrayan que la cultura física constituye también un campo social e ideológico de producción de significados sobre el cuerpo (Ozerkevich, y Heffernan, 2024). En este artículo, por tanto, la categoría describe el espacio de relación entre prácticas corporales y las redes sociales y culturales que las sostuvieron; no convierte el folclore, la prensa o las actividades de recaudación en prácticas físicas, sino que permite analizar cómo hicieron posible su organización y su representación pública. El objetivo de este estudio es analizar cómo las redes del deporte obrero gallego contribuyeron a articular una movilización más amplia de cultura física popular hacia la Olimpiada Popular de Barcelona de 1936, atendiendo a sus dimensiones asociativas, de género, culturales y territoriales.
Métodos
Se desarrolló una investigación histórica de orientación cualitativa y documental. El objeto de análisis fue la movilización gallega vinculada a la Olimpiada Popular de Barcelona, con atención principal a los meses previos a julio de 1936 y con una contextualización retrospectiva sobre la difusión del deporte moderno y la formación del deporte obrero en Galicia. El estudio no pretende reconstruir una nómina definitiva de participantes, sino explicar las relaciones entre estructuras deportivas, sociabilidad, cultura popular y representación territorial que hicieron posible la preparación de la expedición.
El corpus se organizó en tres niveles. En primer lugar, se utilizaron fuentes vinculadas directamente al acontecimiento: el programa de la Olimpiada conservado en el Arxiu Històric de la Ciutat de Barcelona, cartelería del Centro Documental de la Memoria Histórica, el cartel de Fritz Lewy de 1936 y el debate parlamentario catalán del 17 de julio de 1936 sobre la denominada «Setmana d'Esports i Folklore» (Arxiu Històric de la Ciutat de Barcelona, 1936; Centro Documental de la Memoria Histórica, 1936; Lewy, 1936; Parlament de Catalunya, 1936). En segundo lugar, se consultaron recursos institucionales gallegos sobre la Federación Cultural Deportiva Obrera y Avelino Cachafeiro. En tercer lugar, se contrastó esta documentación con historiografía sobre historia social del deporte en Galicia, deporte obrero, participación femenina y Olimpiada Popular, así como con reconstrucciones hemerográficas recientes que remiten a Diario de Pontevedra, El Pueblo Gallego, El Correo Gallego y otros periódicos de la época (Álvarez Castro, 2025; Sanfiz Arias, 2024). Cuando el original hemerográfico gallego no fue consultado directamente, se mantuvo explícita esa mediación secundaria y no se atribuyó al estudio una consulta de primera mano inexistente.
La selección de materiales siguió criterios de pertinencia temática y proximidad temporal: se incorporaron documentos que aportasen información sobre organización, selección deportiva, financiación, presencia femenina, folclore, representación territorial o relación entre deporte obrero y Frente Popular. El análisis se realizó mediante contraste contextual y triangulación entre fuentes primarias, estudios monográficos y reconstrucciones de prensa. Las categorías de lectura fueron: deporte obrero, cultura física popular, asociacionismo, género, territorialidad, folclore e internacionalismo antifascista.
Las limitaciones derivan de la fragmentación de la documentación y de las discrepancias entre reconstrucciones disponibles. Las cifras sobre el contingente gallego y las fechas de salida no siempre coinciden, y parte de la prensa se conoce a través de estudios posteriores. Por ello, las divergencias se conservaron como parte del resultado en lugar de forzar una cronología única. Esta cautela resulta particularmente necesaria para un proceso interrumpido por el golpe militar antes de que la expedición pudiera completar su participación.
Resultados
De la cultura deportiva al deporte obrero
La movilización de 1936 se apoyó en una cultura deportiva formada durante décadas. Desde finales del siglo XIX, gimnasios, sociedades recreativas, ciclismo, fútbol y otras prácticas habían introducido en Galicia nuevas formas de sociabilidad corporal. Domínguez Almansa (2009) relaciona ese proceso con la formación de una cultura cívica moderna, mientras que Sanfiz Arias, y Domínguez Almansa (2023) muestran que la expansión del sport amplió progresivamente su base social y convirtió la práctica deportiva en una referencia cultural accesible también a sectores populares.
El movimiento obrero no creó desde cero esa cultura corporal; la apropiación consistió en atribuirle funciones distintas. Educación física, salud, excursiones, atletismo, ocio y disciplina colectiva podían integrarse en proyectos de formación de los trabajadores. De Luis Martín (2019) ha señalado que socialistas, comunistas y libertarios mantuvieron posiciones diferentes ante la competición y el deporte organizado, pero compartieron la necesidad de discutir qué formas de ocio y qué valores corporales debían acompañar a una sociedad en transformación. En esa zona de contacto entre prácticas ya difundidas y nuevos usos sociales se sitúa la utilidad de hablar de cultura física popular.
Redes obreras y ampliación popular
La Federación Cultural Deportiva Obrera (FCDO) constituyó una de las principales estructuras del deporte obrero durante la Segunda República. Su actividad vinculaba la práctica física con la organización de clase y cuestionaba, con diferentes intensidades, el mercantilismo, la espectacularización y la separación absoluta entre deporte y formación social. Para Galicia, Ibarrondo-Merino (2021) recoge datos atribuidos a la Unión de Juventudes Comunistas que contabilizaban 54 clubes de la FCDO en 1933, frente a 45 en Madrid. La cifra no puede tratarse como un censo exhaustivo, pero sí como un indicador contemporáneo de una implantación apreciable.
A mediados de la década, las fronteras políticas de ese mundo deportivo comenzaron a hacerse más permeables. La estrategia de Frente Popular favoreció la colaboración entre socialistas y comunistas y el acercamiento a estudiantes, republicanos de izquierda y asociaciones culturales. Gounot (2005) sitúa la preparación de Barcelona dentro de ese giro, mientras los estudios territoriales muestran procesos comparables en Euskadi, Asturias y Andalucía: estructuras obreras que conservaban su identidad, pero podían funcionar como base para coaliciones deportivas más extensas (Ibarrondo-Merino, 2023b, 2024, 2026). El deporte obrero no desapareció; cambió la escala de las alianzas en las que intervenía.
En España, esa ampliación se manifestó también en las relaciones de la FCDO con la Federación Universitaria Escolar y en propuestas que acercaban deporte, educación y acción cultural. Ibarrondo-Merino (2023a) interpreta la Olimpiada como uno de los puntos culminantes de ese movimiento deportivo popular. Para el caso gallego, esta perspectiva permite entender que clubes y militantes obreros aportaran organización y experiencia a una movilización que incorporó personas y prácticas no reducibles a una única adscripción política.
Movilizar Galicia para Barcelona
La preparación gallega tuvo una arquitectura territorial plural. Fuentes institucionales sitúan en Vigo un Comité Regional Pro-Olimpiada Popular relacionado con el tejido de la FCDO (Xunta de Galicia, s. f.). En Pontevedra, la reconstrucción de Sanfiz Arias (2024), basada en prensa de la época, identifica una estructura local en la que coincidían organizaciones deportivas, estudiantes, periodistas y miembros de la Agrupación Cultural Deportiva Obrera. Las comisiones de atletismo, natación, remo, fútbol y baloncesto convivían con tareas de administración, prensa y folclore. Organizar una delegación implicaba, por tanto, mucho más que seleccionar atletas.
La financiación muestra con especial claridad esa dimensión comunitaria. Las referencias hemerográficas reunidas por Sanfiz Arias (2024) documentan fiestas, funciones, partidos, suscripciones y peticiones de apoyo para cubrir desplazamientos y manutención. El viaje a Barcelona dependía materialmente de una sociabilidad que mezclaba competición, asociación, ocio y cultura. La movilización deportiva se sostenía en una economía colectiva de pequeña escala, distribuida entre actividades y redes locales.
La documentación también permite recuperar actores concretos. Sanfiz Arias (2024) señala la presencia de la nadadora Carmiña Ruibal, del Club Marítimo de Pontevedra, entre las deportistas vinculadas a la representación gallega. Su inclusión no debe leerse como una excepción aislada. López Villar (2017) documenta una trayectoria previa de participación femenina en el deporte gallego y muestra que esas prácticas podían adquirir significados democratizadores, emancipatorios o transgresores. La Olimpiada, además, había previsto categorías femeninas y su discurso organizativo presentaba la exclusión de las mujeres como incompatible con el ideal igualitario del acontecimiento (Ibarrondo-Merino, 2021).
Tabla 1. Estructuras y funciones de la movilización gallega documentada en 1936
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Núcleo o ámbito |
Actores/estructuras |
Prácticas documentadas |
Lectura analítica |
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Vigo |
Comité Regional Pro-Olimpiada y redes vinculadas a la FCDO |
Coordinación regional y organización de la expedición. |
Infraestructura obrera con capacidad de articulación supralocal. |
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Pontevedra |
Clubes, estudiantes, periodistas y Agrupación Cultural Deportiva Obrera |
Selección deportiva, comisiones por disciplinas, prensa, folclore y recaudación. |
Movilización deportiva sostenida por sociabilidad cultural y comunitaria. |
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Ferrol |
Núcleos deportivos y obreros críticos con la representación constituida |
Reclamación de participación y crítica al predominio Vigo-Pontevedra. |
La representación de Galicia fue negociada y conflictiva. |
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Dimensión cultural |
Agrupaciones de folclore y Gaiteiros de Soutelo |
Preparación de una presencia cultural paralela a la deportiva. |
El territorio se representaba mediante cuerpos, música, vestimenta y asociaciones. |
Fuente: Elaboración propia a partir de Xunta de Galicia (s. f.),
Sanfiz Arias (2024), Consello da Cultura Galega (s. f.) e Ibarrondo-Merino (2021)
La representación tampoco estuvo exenta de conflictos. Sanfiz Arias (2024), a partir de El Correo Gallego del 15 de julio de 1936, recoge una crítica ferrolana al predominio de Vigo y Pontevedra y a su capacidad para representar por sí solos al deporte gallego. El episodio resulta significativo porque muestra que «Galicia» no operaba como un sujeto deportivo previamente dado: debía construirse mediante comités, pruebas, recursos y acuerdos entre núcleos con capacidades distintas.
Esa misma cautela debe aplicarse a las cifras y cronologías. Las reconstrucciones disponibles no permiten fijar sin reservas un número único para toda la representación gallega. Algunas referencias sitúan el contingente en torno a 60 personas, mientras otras vinculan esa cifra a una parte de la expedición que incluía atletas y coro; también aparecen los días 16 y 17 de julio como momentos de partida de grupos diferentes (Álvarez Castro, 2025; Sanfiz Arias, 2024). En lugar de corregir retrospectivamente estas divergencias, conviene leerlas como indicio de una movilización compuesta por trayectos y colectivos diversos.
Deporte y folclore: representar una colectividad
La comisión de folclore no fue una singularidad gallega. La dimensión cultural estaba inscrita en el proyecto general de Barcelona. El cartel conservado en el Centro Documental de la Memoria Histórica y otros materiales de 1936 presentan el acontecimiento como «Semana Popular de Deportes y Folklore», integrando competiciones, exhibiciones y representaciones culturales en una misma programación (Centro Documental de la Memoria Histórica, 1936; Pujadas, y Santacana, 1993). El programa conservado en el Arxiu Històric de la Ciutat de Barcelona confirma esa convivencia de disciplinas y actos, y el debate del Parlament de Catalunya del 17 de julio, apenas dos días antes de la inauguración prevista, defendió públicamente una «Setmana d'Esports i Folklore» que incluía competiciones, festivales folclóricos y conciertos (Arxiu Històric de la Ciutat de Barcelona, 1936; Parlament de Catalunya, 1936). El cartel de Fritz Lewy enumera por separado españoles, catalanes, vascos y gallegos, una evidencia visual de que el internacionalismo propuesto no se organizaba únicamente a través de Estados.
En Galicia, la expedición cultural prevista incluía a los Gaiteiros de Soutelo, circunstancia recogida por fuentes institucionales y por la memoria biográfica de Avelino Cachafeiro (Consello da Cultura Galega, s. f.; Xunta de Galicia, s. f.). Sanfiz Arias (2024) añade que en la organización pontevedresa aparecían figuras vinculadas a la sección de folclore. La música no equivalía al deporte, pero ambos podían participar de una misma representación colectiva. Un futbolista, una nadadora, un remero, un coro o unos gaiteiros utilizaban lenguajes diferentes y, sin embargo, podían comparecer bajo una referencia territorial compartida.
La estructura prevista para la Olimpiada reforzaba esa posibilidad. Existían categorías de representación nacional, regional y local, y podían participar colectivos cuya identidad no coincidía con la forma estatal dominante. Ibarrondo-Merino (2021) menciona, entre otros, Catalunya, Euskadi y Galicia junto a territorios y colectivos de diversa condición política. Santacana (2023) ha estudiado específicamente la dimensión Galeusca del proyecto. Estas categorías no equivalían automáticamente a soberanía jurídica, pero abrían un espacio de visibilidad cultural y política dentro de una convocatoria internacional.
El folclore adquiere así un significado histórico más preciso. No fue un añadido festivo colocado al margen del programa deportivo, sino una de las vías mediante las que una comunidad podía representarse a través de músicas, vestimentas, cuerpos, equipos y asociaciones. La combinación resultaba compatible con el internacionalismo de la convocatoria: Galicia podía presentarse como colectividad diferenciada precisamente dentro de un encuentro que pretendía reunir a sujetos diversos bajo un horizonte antifascista común.
Discusión
Los resultados permiten interpretar la movilización gallega como un proceso de ensanchamiento y no como una sustitución simple del deporte obrero por un supuesto deporte popular despolitizado. La FCDO y las redes obreras proporcionaron organización, clubes, experiencia y una lectura social de la práctica física. La coyuntura de Frente Popular hizo posible que esa infraestructura operara en un espacio de alianzas más amplio. Los estudios de Euskadi, Asturias y Andalucía describen transformaciones comparables, aunque con configuraciones organizativas propias (Ibarrondo-Merino, 2023b, 2024, 2026). La comparación refuerza, a la vez, la singularidad gallega: aquí la movilización documentada hace especialmente visible la conexión entre organización deportiva, financiación comunitaria, folclore y disputa por la representación territorial.
La categoría «cultura física popular» debe utilizarse con precisión para no convertirla en una etiqueta capaz de abarcar cualquier práctica colectiva. En este estudio no funciona como sinónimo de «deporte obrero» ni de «deporte popular». El primero remite a una genealogía organizativa y de clase; el segundo, al ensanchamiento de alianzas y sujetos que caracterizó la coyuntura de 1936. «Cultura física popular» se emplea en un nivel analítico distinto: permite observar las prácticas corporales, educativas, recreativas y deportivas junto con las condiciones sociales que las sostenían y dotaban de significado. Esta delimitación dialoga con la propuesta de Vicente Pedraz, y Brozas Polo (1997), que utilizó la cultura física popular para problematizar la reducción de los usos del cuerpo al modelo deportivo dominante, y con trabajos recientes que entienden la cultura física como un campo social e ideológico más amplio que el deporte formal. (Ozerkevich, y Heffernan, 2024)
Esta precisión conceptual permite interpretar mejor las evidencias gallegas. Las fiestas, funciones, suscripciones, comisiones de prensa o agrupaciones musicales no se consideran en sí mismas prácticas de cultura física; constituyen la infraestructura social y cultural que permitió financiarlas, organizarlas y representarlas públicamente. El cuerpo entrenado seguía ocupando un lugar central, pero aparecía inserto en redes de ocio, educación informal, asociación y movilización comunitaria. Por eso el caso gallego no se reduce a una nómina de atletas cuya competición fue frustrada: muestra el conjunto de relaciones necesarias para transformar una convocatoria deportiva en una movilización social territorialmente reconocible.
La cuestión de género obliga, además, a evitar una lectura celebratoria. La presencia prevista de mujeres y el discurso igualitario de la Olimpiada ampliaban los márgenes de participación, pero no eliminaban las desigualdades existentes en las organizaciones deportivas y en la sociedad republicana. La propia organización barcelonesa concedió relevancia política a la participación femenina, aunque las inscripciones continuaron mostrando un claro predominio masculino (Stout, 2020). El valor histórico de casos como el de Carmiña Ruibal reside precisamente en situarlos dentro de una trayectoria más larga de acceso femenino al deporte gallego, no como una anomalía sin antecedentes (López Villar, 2017). La apertura era real, pero parcial y conflictiva.
Algo similar ocurre con la dimensión territorial. La visibilidad de Galicia en la arquitectura de la Olimpiada podía convivir con un horizonte internacionalista porque ambos niveles respondían a escalas distintas de pertenencia. Santacana Torres (2023) ha mostrado que la lógica Galeusca formaba parte de ese problema de representación, mientras Rein (2018) evidencia que Barcelona admitía una pluralidad de sujetos colectivos no reducibles al Estado-nación. El conflicto aparece cuando esa representación se imagina como un consenso interno. La protesta ferrolana muestra lo contrario: decidir quién viajaba, desde qué ciudades y con qué legitimidad también distribuía poder dentro del territorio. El caso confirma la utilidad de estudiar las identidades deportivas como construcciones prácticas, sostenidas por instituciones, recursos y negociaciones concretas.
El antifascismo debe entenderse, por último, como una coyuntura de acción común y no como una cultura política uniforme. Socialistas, comunistas, republicanos de izquierda, estudiantes y sectores libertarios podían mantener diferencias sobre competición, profesionalización, disciplina o relación entre deporte y política (De Luis Martín, 2019). La singularidad de Barcelona 1936 estuvo en articular temporalmente parte de esas diferencias frente al uso propagandístico de los Juegos de Berlín. El proyecto no respondió con un deporte apolítico, sino con otra forma de politización: participación popular, igualdad proclamada, presencia femenina, representación de colectividades no estatales y cooperación internacional. (Gounot, 2005; Physick, 2017; Rein, 2018; Stout, 2020)
Esta lectura permite precisar la intervención historiográfica del artículo. Los estudios territoriales recientes han demostrado que la Olimpiada adquirió formas distintas cuando se observa desde las redes que debían sostenerla fuera de Barcelona. El caso andaluz, por ejemplo, ha reforzado el análisis de la estructuración territorial de la FCDO y de su capacidad para organizar una selección propia (Ibarrondo-Merino, 2026). Galicia desplaza ligeramente la pregunta: además de establecer si existió una red obrera y si participó en la convocatoria, obliga a estudiar cómo aquella infraestructura se relacionó con una cultura deportiva previa, con mecanismos comunitarios de financiación, con la participación de mujeres, con agrupaciones de folclore y con conflictos internos sobre quién podía representar al territorio. La aportación no consiste, por tanto, en añadir otra delegación al mapa de Barcelona 1936, sino en mostrar que la movilización deportiva podía convertirse también en un proceso de producción social y cultural de la representación colectiva.
Conclusiones
La movilización gallega hacia la Olimpiada Popular permite observar una transformación más profunda que la preparación de una competición finalmente suspendida. Las redes del deporte obrero aportaron infraestructura, experiencia organizativa y capacidad de convocatoria, pero la coyuntura del Frente Popular amplió ese espacio hacia actores y prácticas más heterogéneos. Clubes, comités, estudiantes, periodistas, mujeres, actividades culturales y mecanismos comunitarios de financiación confluyeron sin constituir un bloque homogéneo.
La principal aportación del estudio consiste en interpretar esa convergencia mediante la categoría de cultura física popular. En Galicia, el tránsito desde el deporte obrero no fue lineal ni supuso la desaparición de sus organizaciones; fue una apertura conflictiva hacia un campo más amplio de participación. La expedición proyectada muestra que competir, recaudar, asociarse, ensayar, tocar música y representar un territorio podían formar parte de una misma movilización sin convertirse por ello en prácticas equivalentes.
La presencia prevista de mujeres y grupos de folclore, junto con las disputas sobre la representación territorial, obliga a mantener visibles las contradicciones. El antifascismo facilitó una acción común, pero no eliminó diferencias de clase, género, cultura política o procedencia local. Precisamente esa tensión ayuda a comprender por qué Barcelona 1936 constituye un observatorio privilegiado de las culturas corporales europeas de entreguerras y de las formas mediante las que el deporte se relacionó con proyectos de ciudadanía y representación colectiva.
El estudio presenta límites derivados de la fragmentación documental y de la consulta indirecta de parte de la hemerografía gallega. La incorporación de nuevas fuentes primarias sobre la arquitectura general del acontecimiento refuerza la contextualización, pero no elimina la necesidad de localizar y contrastar de primera mano series completas de prensa local, documentación de clubes y asociaciones, fondos de comités pro-Olimpiada y materiales relativos a la financiación y a la participación femenina. Futuras investigaciones deberían reconstruir además trayectorias individuales de atletas y agrupaciones culturales y comparar sistemáticamente la experiencia gallega con otras delegaciones españolas y europeas. Esa ampliación permitiría afinar cifras, cronologías y relaciones de poder sin perder de vista el hallazgo principal: la preparación de la Olimpiada hizo visible una red social en la que cuerpo, deporte y cultura popular quedaron temporalmente enlazados por una movilización antifascista de alcance internacional.
Referencias
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