ISSN 1514-3465
Entre la escuela y la cancha: fútbol, género y corporalidades en disputa
Between School and the Field: Football, Gender and Disputed Corporalities
Entre a escola e o campo: futebol, gênero e corporalidades em disputa
Lic. Julieta Goyena
chulegoy@gmail.com
Grupo de Estudios sobre Familia, Género y Subjetividades (GEFGS)
Instituto de Humanidades y Ciencias Sociales (UNMDP–CONICET)
Facultad de Humanidades, Universidad Nacional de Mar del Plata
Becaria doctoral CONICET
(Argentina)
Recepción: 19/10/2025 - Aceptación: 19/08/2026
1ª Revisión: 13/08/2026 - 2ª Revisión: 15/08/2026
Documento accesible. Ley N° 26.653. WCAG 2.0
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Esta obra está bajo licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-SinDerivadas 4.0 Internacional (CC BY-NC-ND 4.0) https://creativecommons.org/licenses/by-nc-nd/4.0/deed.es |
Cita sugerida
: Goyena, J. (2026). Entre la escuela y la cancha: fútbol, género y corporalidades en disputa. Lecturas: Educación Física y Deportes, 31(340), 58-70. https://doi.org/10.46642/efd.v31i340.8605
Este artículo forma parte del Monográfico: Investigaciones Narrativas en la Actividad Física y el Deporte. Seminario de Posgrado en Investigación biográfica narrativa en la actividad física y el deporte. Universidad Nacional de Mar del Plata (UNMdP), Argentina.
Coordinación: Dr. David Beer
Resumen
El artículo parte de la premisa de que el fútbol es un deporte históricamente masculinizado donde predominan características de la masculinidad hegemónica. En consecuencia, las mujeres que lo han practicado resultaron prácticamente invisibilizadas y marginadas. Dicha exclusión se fundamenta en discursos biologicistas y médico-científicos que han contribuido a limitar la participación femenina y a construir relatos que actúan como mecanismos de legitimación de determinadas corporalidades. Uno de los espacios donde se observa un claro control y configuración de los cuerpos es en el ámbito deportivo y escolar. En este sentido, el presente artículo se propone analizar cómo la práctica del fútbol se inscribe en los cuerpos y las feminidades de las entrevistadas, así como el rol que cumple la escuela en el control de los cuerpos dentro de la educación física. Se utilizó una metodología cualitativa con un método biográfico a partir de entrevistas semiestructuradas en profundidad con el fin de recuperar las historias de vida de jugadoras y exjugadoras de fútbol de distintos clubes de la ciudad de Mar del Plata. El fútbol transforma el cuerpo de las practicantes, pero no redefine necesariamente sus feminidades ni cómo se perciben como mujeres. Aunque la escuela y el deporte han operado históricamente para producir y reproducir desigualdades de género —modelando, regulando y jerarquizando los cuerpos—, también surgen prácticas que desafían este orden corporal. Por ello, la escuela debe reconfigurar sus dinámicas educativas y contribuir activamente a promover la equidad de género.
Palabras clave
: Fútbol. Corporalidades. Feminidades. Género.
Abstract
The article assumes that football is a historically masculinized sport where characteristics of hegemonic masculinity predominate. Consequently, women who have practiced it have been virtually invisible and marginalized. This exclusion is based on biological and medical-scientific discourses that have contributed to limiting female participation and constructing narratives that act as mechanisms for legitimizing certain corporalities. One of the spaces where clear control and configuration of bodies is observed is in the sports and school environments. In this sense, this article aims to analyze how the practice of football is inscribed in the bodies and femininities of the interviewees, as well as the role that schools play in controlling these bodies. A qualitative methodology with a biographical approach was used, based on in-depth semi-structured interviews to recover the life stories of current and former football players from different clubs in the city of Mar del Plata. The results indicate that playing football entails a transformation of the body, but not necessarily its ways of conceiving itself as a woman or its femininities. In conclusion, although school and sport have historically functioned as devices for the production and reproduction of gender inequalities by shaping, regulating, and hierarchizing bodies, practices also emerge that challenge and challenge the gendered bodily order, requiring schools to reconfigure their practices and contribute to promoting gender equity.
Keywords
: Football. Corporalities. Femininities. Gender.
Resumo
Este artigo parte da premissa de que o futebol é um desporto historicamente masculinizado, onde predominam características da masculinidade hegemónica. Consequentemente, as mulheres que o praticaram foram praticamente invisíveis e marginalizadas. Esta exclusão baseia-se em discursos biológicos e médico-científicos que contribuíram para limitar a participação feminina e construir narrativas que atuam como mecanismos de legitimação de determinados corpos. Um dos espaços onde se observa um claro controlo e moldagem dos corpos é o ambiente desportivo e escolar. Neste sentido, este artigo pretende analisar como a prática do futebol se inscreve nos corpos e feminilidades das entrevistadas, bem como o papel que as escolas desempenham no controlo dos corpos dentro da educação física. Foi utilizada uma metodologia qualitativa com uma abordagem biográfica, baseada em entrevistas semiestruturadas em profundidade, de forma a recuperar as histórias de vida de jogadoras de futebol, atuais e antigas, de diferentes clubes da cidade de Mar del Plata. O futebol transforma os corpos das suas jogadoras, mas não redefine necessariamente a sua feminilidade ou a forma como se percepcionam como mulheres. Embora as escolas e o desporto tenham historicamente atuado no sentido de produzir e reproduzir as desigualdades de género — moldando, regulando e hierarquizando os corpos —, também emergem práticas que desafiam esta ordem corporal. Por conseguinte, as escolas devem reconfigurar as suas dinâmicas educativas e contribuir ativamente para a promoção da igualdade de género.
Unitermos
: Futebol. Corpos. Feminilidade. Gênero.
Lecturas: Educación Física y Deportes, Vol. 31, Núm. 340, Sep. (2026)
Introducción
Desde sus orígenes, el fútbol ha sido concebido como un deporte construido exclusivamente por y para los hombres. Por ello, han predominado y persistido rasgos asociados a la masculinidad hegemónica (De Assis Clímaco, 2012). Sin embargo, dicha exclusividad no ha sido absoluta ya que existen registros de mujeres que también lo han practicado desde sus inicios, pero estas han sido, históricamente, prácticamente invisibilizadas y marginadas. (Garton, 2017; Santino, Haber, y Ossés, 2021)
Dicha exclusión tiene su justificación en una serie de mitos —basados en el biologicismo y reforzados por el discurso médico-científico— puestos en circulación sobre la supuesta inferioridad física de las mujeres y los riesgos que determinadas prácticas —como el fútbol— implicarían para su función reproductiva (Scharagrodsky, y Southwell, 2007; Hijós, 2020; Cornelis, 2005). Se sostenía que las mujeres no contaban con las aptitudes fisiológicas ni biológicas necesarias para poder realizar los mismos ejercicios que los hombres, por lo que su educación corporal debía orientarse hacia una educación eugenésica. Es decir, una preparación física centrada en el fortalecimiento “de aquellos músculos y órganos encargados de posibilitar la concreción de su mandato social: ser madres”. (Pellegrini Malpiedi, 2015, p. 224)
Estas ideas no solo limitaron la participación femenina en el deporte, sino que también contribuyeron a consolidar grandes relatos que, como afirma Pérez Neyra (2019), actúan como mecanismos de legitimación de determinadas corporalidades funcionales a un tipo de sociedad machista, patriarcal y heteronormativa. De este modo, se establece qué tipo de corporalidades son consideradas “normales” y cuáles no.
No obstante, como sostienen Scharagrodsky, y Southwell (2007), el cuerpo no debe entenderse únicamente como un conjunto de huesos, músculos, órganos, etc., sino que debe ser considerado principalmente como un fenómeno social, cultural e histórico. En este sentido, el cuerpo no existe en “estado natural” sino que se encuentra inmerso en una trama de significados y representaciones. Es por ello que siempre ha sido centro de atención, disputa y conflicto.
En este sentido, retomando a autores como Mauss (1971), Picard (1986), Goffman (1986) y Scharagrodsky, y Southwell (2007), es posible afirmar que la biología y la fisiología no determinan de manera absoluta los comportamientos corporales. Por el contrario, son las diversas lógicas sociales, culturales y familiares las que, en el marco de determinadas instituciones, atraviesan y moldean los cuerpos de las personas. Asimismo, el desarrollo biológico y hormonal fue históricamente utilizado para legitimar modelos normativos de virilidad en el espacio escolar (Scharagrodsky, 2001). De este modo, se establecen prácticas diferenciadas para hombres y mujeres respecto a sus expresiones sentimentales y emocionales, técnicas y usos corporales, normas de vestimenta, formas de entrenamiento físico, etc.
En definitiva, “ser varón y ser mujer no es simplemente el reflejo de una realidad natural, sino el resultado de una producción histórica y cultural” (Cornelis, 2005, p. 111). Es así que los cuerpos no pueden entenderse fuera de su contexto sociohistórico, ya que la cultura inscribe sobre ellos determinadas formas de ser, actuar y saber.
Uno de los espacios donde se puede observar un claro control y configuración de los cuerpos femeninos y masculinos es en el ámbito deportivo y escolar. Tal como señala Pérez Neyra (2019), el deporte actúa como una práctica reguladora que produce y gobierna los cuerpos a través de su capacidad para definir, delimitar y moldear las corporalidades. En esta línea, existe una serie de trabajos que realizan un análisis histórico del modo en que la educación física y el deporte controlan y moldean los cuerpos de los sujetos, dando cuenta de que el hecho de que existan prácticas diferenciadas según el género profundiza las distancias o distinciones entre los cuerpos femeninos y masculinos. (Vigarello, y Cardoso, 2005; Cornelis, 2005; Corbin, Courtine, y Vigarello, 2006; Scharagrodsky, 2004, 2006, 2015; Scharagrodsky, y Southwell, 2007; Scharagrodsky, y Méndez, 2013; Pellegrini Malpiedi, 2015; Kopelovich, 2020; Scharagrodsky, y Kopelovich, 2023)
A partir de lo desarrollado hasta aquí, el presente artículo pretende analizar cómo la práctica del fútbol se inscribe en los cuerpos y las feminidades de las entrevistadas, así como el rol que cumple la escuela en el control de los cuerpos dentro de la educación física.
Método
Para llevar adelante la presente investigación se utilizó una metodología cualitativa que se llevó a cabo con el método biográfico a partir de entrevistas semiestructuradas en profundidad. Esta técnica de recolección de datos permitió recuperar las historias de vida de jugadoras y exjugadoras de fútbol de distintos clubes de la ciudad de Mar del Plata. En total, se realizaron 9 entrevistas en las cuales se abordaron las siguientes dimensiones de análisis: corporalidad, feminidad y deportes escolares. Cabe destacar que, para intervenir con seres humanos en el marco de esta investigación, se contó con el aval del Comité de Ética para la Investigación correspondiente, y todas las participantes firmaron el debido documento de consentimiento informado.
El método biográfico fue escogido debido a que este privilegia el contacto directo con las personas investigadas, permitiendo conocer sus perspectivas y puntos de vista construidos en torno a sus trayectorias y que son registradas e interpretadas por el investigador (Mallimaci, y Giménez Béliveau, 2006; Soláns, 2014). Además, como destacan Denzin, y Lincoln (2000), este método permite comprender los contextos sociales, culturales e históricos en los que se insertan y que le dan sentido a tales biografías. De esta manera, los estudios de historias de vida resultan ser una herramienta clave para reconstruir las trayectorias biográficas de las personas (Pérez-Samaniego, Devís-Devís, Smith, y Sparkes, 2011). Por ende, el vínculo entre cuerpo, espacio y biografía (Delory-Momberger, 2014) resulta clave para comprender cómo las entrevistadas han habitado los distintos espacios en los que intentaron jugar al fútbol, ya sea la escuela o los clubes.
Resultados
La escuela es una de las principales instituciones que incide en la socialización deportiva diferencial que reciben niños y niñas. Históricamente, los planes y programas escolares, como también los manuales y textos en educación física, asignan determinados deportes para los varones y otros diferentes para las mujeres (Scharagrodsky, 2006). Esta distribución desigual se refleja en los siguientes fragmentos de entrevistas, donde las entrevistadas coinciden en que en las clases de educación física se promueven determinados deportes específicos para que practiquen las mujeres y otros diferentes para los hombres:
En las escuelas siempre para las chicas es el handball o el volley, y el hombre el fútbol
(Entrevistada, 27 años).
En la escuela te hacen jugar al volley, al básquet, al handball, pero fútbol no, y el varón juega en educación física, no sé, todas las semanas
(Entrevistada, 21 años).
Estas prácticas diferenciadas según género han contribuido históricamente a la construcción de cuerpos masculinos y femeninos en función de las características de masculinidad y feminidad impuestas socialmente. A su vez, en otros espacios de la escuela, como los recreos, también se han reproducido las lógicas corporales generizadas. Por ende, aquellas mujeres que deseaban jugar al fútbol en los recreos con sus compañeros varones eran marginadas y víctimas de distintos tipos de discriminación por el simple hecho de ser mujeres. Al respecto, una de las entrevistadas relata:
En el colegio, por ejemplo, en los recreos, yo jugaba mucho con los varones y me pasaba que había varones compañeros míos que se enojaban y me trataban de marimacho, me decían que las chicas no tienen que jugar, que jugaba re mal porque no es un juego de chicas
(Entrevistada, 29 años).
Sin embargo, en los últimos años, algunas instituciones escolares comenzaron a deconstruir paulatinamente tal diferenciación deportiva. La incorporación de profesoras de educación física que dan fútbol en sus clases y la posibilidad de que las alumnas puedan elegir realizar fútbol en las mismas reflejan ciertos avances impulsados, en parte, por la implementación de la Educación Sexual Integral. De esta forma, se observan ciertos compromisos en transformar la división sexual de los deportes. Si bien esto no es algo que se presente en todas las instituciones escolares, representa cierto cambio dentro de la mirada sexista de los deportes que aún predomina en las escuelas y en la sociedad en general. De esta forma, una de las entrevistadas que es profesora de educación física señala:
Yo trabajo en una escuela que está dividida por deportes. A partir del ciclo superior, cada estudiante tiene la posibilidad de elegir el deporte. Hay fútbol femenino, fútbol masculino, básquet, volley, gimnasia. Yo doy fútbol masculino y fútbol femenino y tenía 35 nenas más o menos
(Entrevistada, 34 años).
Aun así, a pesar de ciertos avances y transformaciones, continúa predominando una mirada generizada en torno al deporte que hace que persistan los estereotipos de género. Es así que, si bien hay contextos escolares con mayor apertura, aún persiste cierto prejuicio hacia las mujeres que se vinculan con el fútbol, ya sea como jugadoras o entrenadoras. En este sentido, es posible retomar los siguientes relatos de algunas entrevistadas:
Yo, por ejemplo, que soy profe de educación física en las escuelas, me pasa de alumnos que vienen de contextos de mucho machismo, entonces como que hasta que no ven que yo manejo la pelota, que puedo hacer un pase, que entiendo el juego y todo, como que no lo creen mucho viste, como que medio ahí miran con desconfianza, como dudando
(Entrevistada, 29 años).
Tenés que hacer un par de movimientos al principio para que te den bolilla viste. Tenés que demostrar que sabes; cuando demostrás que sabes ya está
(Entrevistada, 34 años).
Con el correr del tiempo, como menciona Pérez Neyra (2019), la inserción de las mujeres en el ámbito deportivo, específicamente en el fútbol, es cada vez mayor en todas sus esferas (como espectadoras, hinchas, árbitras, periodistas deportivas, directoras técnicas o deportistas). Sin embargo, esto no significa que el fútbol haya dejado de ser considerado como un deporte masculino. En este sentido, resulta relevante dar cuenta de la manera en que la práctica de este deporte se inscribe en los cuerpos y las feminidades de las mujeres.
La mayoría de las entrevistadas señalaron que la práctica del fútbol ha significado un cambio significativo en sus cuerpos, principalmente una mayor musculatura, resistencia, agilidad, estado físico y fuerza. Al respecto, las entrevistadas destacan:
Hace que tu cuerpo cambie, hace que tonifiques los músculos de otra manera
(Entrevistada, 34 años).
Lo que observé fue mantener un estado físico, mantener las piernas un poco más marcadas, ganar fuerza en las piernas
(Entrevistada, 27 años).
Notaba que estaba con mucho más músculo, que mi capacidad física había cambiado un montón
(Entrevistada, 21 años).Creo que lo que más gané fue agilidad, resistencia y también un poco de fuerza en todo el cuerpo, más que nada creo que en las piernas
(Entrevistada, 29 años).
Me siento un poco más fuerte en todo el cuerpo en general pero más en las piernas
(Entrevistada, 16 años).
El más notorio fue el estado físico, pase de no poder correr una pelota a poder jugar un partido de 90 minutos, y correr y no ahogarme. Después en el cuerpo el cambio de los músculos, mayor musculatura en las piernas. Va en todo el cuerpo porque es un entrenamiento bastante completo
(Entrevistada, 28 años).
El entrenamiento de fútbol es muy abdominales y espalda y muy miembro inferior, muy piernas, glúteos. Obviamente que eso se tonifica mucho y se trabaja mucho
(Entrevistada, 21 años).
De esta forma, el fútbol representa un proceso de transformación física que moldea los cuerpos de las jugadoras. Sin embargo, dado su carácter históricamente masculinizado, resultó pertinente explorar si estas transformaciones físicas implicaban una modificación en la manera de ser mujer o en la feminidad de las entrevistadas. En sus relatos, de manera unánime, afirmaron que jugar al fútbol no significa una transformación en la feminidad ni en la manera de concebirse como mujeres. Algunos de los fragmentos más significativos fueron:
En realidad no. Yo siempre fui de la misma manera, lo que pasa que ahora juego al fútbol. Yo, por ejemplo, en mi caso particular, no soy ni de pintarme, ni de vestirme. Yo soy profe y me visto así, y mi ropa de salida es de profe. Pero tengo compañeras que son recontra ladys y termina el partido y se van a sacar la foto y te dicen “no, para que me tengo que peinar” y hasta que no se acomodan todas no se sacan la foto. Eso es una cuestión personal de cada uno
(Entrevistada, 34 años).
Por ahí hay gente que lo ve un poco más de afuera si, tipo como que ya te juzga de otra manera o piensa cosas de vos por jugar a la pelota. Pero yo personalmente no, para nada, de hecho me encanta. No lo veo como eso decir “ay por eso soy menos femenina” por así decir, para nada
(Entrevistada, 21 años).
No, nunca fui muy femenina ni me importo mucho ese tema, o sea, en el sentido de querer ser femenina. En mi caso no y te puedo decir que tengo compañeras, conozco chicas, que jamás perdieron la femineidad en un partido de fútbol, o su feminidad, y otras que nunca lo fueron y no lo van a ser y no cambia por el fútbol no. Y no, no conozco ningún caso de que hayan perdido. La piba femenina, en cuanto a vestimenta y forma de ser y lo que sea, por más que juegue al fútbol, no sé, yo he tenido compañeras que se caían al piso jugando y se miraban las uñas primero a ver si se le había partido alguna uña y después simulaban la falta. No creo que ninguna pierda algún tipo de femineidad por jugar al fútbol porque la piba que es femenina sigue siéndolo jugando y la que no lo es, no lo es
(Entrevistada, 28 años).
Estos relatos evidencian la existencia de múltiples formas de ser mujer y de habitar la feminidad en el fútbol, ya que se distancian del ideal hegemónico de feminidad. Sin embargo, esto no implica que dejen de considerarse como mujeres.
Discusión
El fútbol es considerado un deporte que conlleva a una masculinización del cuerpo y de las actitudes de las personas que lo practican (González Sánchez, 2018). Como se demostró anteriormente, su práctica tiene efectos concretos sobre los cuerpos de las entrevistadas. Tales dinámicas corporales e institucionales en el contexto de Mar del Plata ya han sido advertidas en estudios sobre las trayectorias e iniciación deportiva de jugadoras locales (Goyena, 2023). Las características corporales adquiridas por las mismas, como la fuerza y la musculatura, no gozan del mismo nivel de aceptación que en los hombres, dado que se asocian tradicionalmente con disciplinas deportivas identificadas como masculinas. En este marco, se considera que el fútbol conduce a una supuesta masculinización de las mujeres, lo que frecuentemente lleva a que se ponga en duda la identidad de las mismas al transgredir los mandatos de feminidad establecidos social y culturalmente.
En definitiva, aquellas mujeres que practican este deporte tradicionalmente masculino son descalificadas por desafiar el orden de género, la heteronormatividad y los roles esencializados que las vinculan con la maternidad y las tareas de cuidado. De esta forma, cuando las mujeres encarnan ciertas cualidades asociadas a la masculinidad hegemónica como la fuerza, agresividad, competitividad, etc., se considera que se transforman en feminidades subalternas, o lo que Schippers (2007) denomina “feminidades parias”. Es decir, identidades femeninas que, al apropiarse de atributos masculinos, se convierten en “marcas maestras” contaminantes que las vuelven socialmente indeseables. (Garton, 2017)
Se observa, entonces, un fuerte énfasis en la supuesta incompatibilidad entre lo femenino, las mujeres y la práctica del fútbol (Garton, 2017). Esta incompatibilidad se sustenta en la idea de que los cuerpos femeninos deben responder a los patrones estéticos vigentes y estar orientados hacia la reproducción. Por ello, se espera que sean cuerpos delicados, armoniosos y orientados hacia la maternidad. En consecuencia, se desalienta la participación de las mujeres en deportes considerados agresivos, bruscos y de contacto físico, como el fútbol, bajo el argumento de prevenir lesiones que puedan llegar a afectar su capacidad reproductiva. (Pérez Neyra, 2019)
En este sentido, la educación física y el deporte, particularmente en el ámbito escolar, han funcionado históricamente como espacios privilegiados para la producción y reproducción de desigualdades de género ya que no se trata de prácticas neutras sino que moldean, regulan y jerarquizan los cuerpos de los estudiantes en función de una lógica binaria y desigual. Retomando a Scharagrodsky (2004), la escuela, en el ámbito de la educación física, ha promovido prácticas corporales diferenciadas para hombres y mujeres. De esta forma, se inscriben y normalizan ciertos comportamientos, gestos, actividades, movimientos, desplazamientos y usos corporales considerados apropiados para cada género.
En este marco, la educación física destinada a las mujeres estuvo dirigida a fortalecer una feminidad asociada al ámbito doméstico y la reproducción (Vázquez, 1991; Scharagrodsky, 2004). Es así que se construyó el imaginario de la mujer como poseedora de un cuerpo frágil, que debía ser tratado con cuidado y suavidad. Por ende, las actividades corporales se adecuaron y adaptaron en función de los ideales propios de la feminidad hegemónica, tales como el decoro, el pudor, la gracia, el recato, la pasividad, la debilidad, la emoción, la delicadeza y la elegancia en los movimientos corporales. En contraposición, la educación corporal de los hombres no estuvo orientada a su rol paterno o de reproducción, sino al desempeño eficaz en la esfera pública como el trabajo, la política, el deporte competitivo, etc.
Así, los cuerpos masculinos estuvieron asociados a la virilidad, la vigorosidad, la musculatura, el poderío, la habilidad, la velocidad, la fuerza, la rudeza, la valentía, la osadía, el coraje y el liderazgo. (Pérez Neyra, 2019; Cornelis, 2005; Pellegrini Malpiedi, 2015; Olavarría, 2004; Kopelovich, 2020; Scharagrodsky, y Southwell, 2007; Scharagrodsky, y Kopelovich, 2023)
Conclusiones
A modo de conclusión, se puede confirmar que la institución escolar ha sido históricamente un espacio de construcción de un orden corporal generizado. Estas construcciones no derivan de características biológicas ni fisiológicas, sino de presupuestos morales y sociales que operan moldeando percepciones sobre lo que es considerado “correcto” o “natural” en función del género. De esta forma, el fútbol y la educación física operan como dispositivos que, lejos de ser neutros, activan y refuerzan las jerarquías de género.
Sin embargo, a partir de lo desarrollado, también se puede observar que dentro del ámbito escolar emergen ciertas prácticas que tensionan y cuestionan ese orden corporal generizado. En este sentido, si bien el currículum escolar y las prácticas deportivas escolares continúan reproduciendo maneras “correctas” e “incorrectas” de usos del cuerpo, también se abren fisuras, ya que algunas profesoras de educación física y alumnas comienzan a protagonizar procesos de resistencia y transformación frente a aquellos discursos esencialistas sobre el cuerpo y la sexualidad. Esto último representa una oportunidad para que la escuela, junto con otras instituciones, contribuya a promover la equidad de género en el deporte.
En este marco, si bien el espacio condiciona las prácticas y representaciones, esto no significa que no existan posibilidades para actuar, pensar y resignificar las formas de habitarlo.
Referencias
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Lecturas: Educación Física y Deportes, Vol. 31, Núm. 340, Sep. (2026)