ISSN 1514-3465
Invisibles en la línea de salida: barreras
estructurales para las mujeres en el deporte
Invisible at the Starting Line: Structural Barriers for Women in Sports
Invisíveis na linha de partida: barreiras estruturais para as mulheres no desporto
María González León
mariaduque.181102@gmail.com
Educación Primaria especializada en Educación Física (Universidad de Cádiz)
Máster en NEE y Atención Temprana (Universitat de València)
(España)
Recepción: 19/08/2025 - Aceptación: 11/11/2025
1ª Revisión: 13/10/2025 - 2ª Revisión: 08/11/2025
Documento accesible. Ley N° 26.653. WCAG 2.0
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Cita sugerida
: González León, M. (2026). Invisibles en la línea de salida: barreras estructurales para las mujeres en el deporte. Lecturas: Educación Física y Deportes, 30(332), 163-175. https://doi.org/10.46642/efd.v30i332.8526
Resumen
A partir de la observación de diversos eventos deportivos, donde se evidencia la escasa presencia femenina en cargos técnicos y de autoridad, se plantea una reflexión sobre la invisibilidad de la mujer en espacios de decisión. Esta situación no es exclusiva de una disciplina concreta, sino que se reproduce en múltiples ámbitos del deporte profesional, donde las mujeres enfrentan barreras estructurales que limitan su acceso a puestos como árbitras, juezas, entrenadoras, gestoras y creadoras de eventos. El texto se apoya en datos recientes que revelan una desigualdad persistente en el deporte, para visibilizar las dinámicas que perpetúan la desigualdad de género y aportar reflexiones que promuevan un liderazgo femenino más equitativo y representativo. Se concluye que los estereotipos de género y las expectativas sociales no solo afectan la participación femenina como deportistas, sino que también restringen su presencia en los espacios donde se toman decisiones, se construyen narrativas y se define el futuro del deporte. La transformación de estos imaginarios es urgente para avanzar hacia una práctica deportiva verdaderamente inclusiva y equitativa.
Palabras clave:
Igualdad de género. Deporte profesional. Roles sociales. Mujeres. Barreras culturales. Liderazgo femenino.
Abstract
Based on the observation of various sporting events, where the scarce presence of women in technical and authoritative roles is evident, a reflection is proposed on the invisibility of women in decision-making spaces. This situation is not exclusive to a specific discipline but is reproduced across multiple areas of professional sports, where women face structural barriers that limit their access to positions such as referees, judges, coaches, managers, and event creators. The text draws on recent data that reveal persistent inequality in sports, with the aim of shedding light on the dynamics that perpetuate gender disparity and offering reflections that promote more equitable and representative female leadership. It concludes that gender stereotypes and social expectations not only affect female participation as athletes but also restrict their presence in the spaces where decisions are made, narratives are built, and the future of sports is defined. Transforming these imaginaries is urgent to move toward a truly inclusive and equitable sporting practice.
Keywords:
Gender equality. Professional sport. Social roles. Women. Cultural barriers. Female leadership.
Resumo
Com base em observações de diversos eventos desportivos, onde é evidente a presença limitada de mulheres em cargos técnicos e de liderança, este artigo reflete sobre a invisibilidade feminina nos espaços de decisão. Esta situação não se restringe a nenhuma disciplina específica, mas reproduz-se em múltiplas áreas do desporto profissional, onde as mulheres enfrentam barreiras estruturais que limitam o seu acesso a cargos como árbitras, juízas, treinadoras, gestoras e organizadoras de eventos. O texto baseia-se em dados recentes que revelam a persistente desigualdade no desporto para destacar as dinâmicas que perpetuam a desigualdade de género e oferecer perspectivas que promovam uma liderança feminina mais equitativa e representativa. Conclui-se que os estereótipos de género e as expectativas sociais não só afetam a participação das mulheres enquanto atletas, como também restringem a sua presença nos espaços onde se tomam decisões, se constroem narrativas e se define o futuro do desporto. Transformar estas percepções é urgente para avançar para uma prática desportiva verdadeiramente inclusiva e equitativa.
Unitermos
: Igualdade de género. Desporto profissional. Papéis sociais. Mulheres. Barreiras culturais. Liderança feminina.
Lecturas: Educación Física y Deportes, Vol. 30, Núm. 332, Ene. (2026)
Introducción
¿Alguna vez, mientras practicabas un deporte, asumiste un rol secundario o cediste la toma de decisiones a otro simplemente porque la sociedad te enseñó que los hombres mandan? Esta experiencia, aparentemente cotidiana, refleja una estructura de poder profundamente arraigada que atraviesa el deporte profesional y condiciona la participación de las mujeres en todos sus niveles. Desde la infancia, los estereotipos de género moldean conductas, expectativas y oportunidades, relegando a las mujeres a espacios de menor visibilidad y liderazgo.
En este artículo se analiza cómo los roles sociales asignados por la cultura influyen en la construcción de desigualdades dentro del deporte profesional. Se examinan las barreras culturales que enfrentan las mujeres, así como las estrategias que han desarrollado para ocupar espacios de poder y transformar el imaginario colectivo. El objetivo es visibilizar las dinámicas que perpetúan la desigualdad de género y aportar reflexiones que promuevan un liderazgo femenino más equitativo y representativo.
Figura 1. La baja presencia de referentes femeninos en como entrenadoras,
árbitras o gestoras consolida la idea de que el deporte es un territorio masculino
Fuente: Gemini 2.5 Flash
Cómo se crean estereotipos en la infancia y en la adolescencia
Infancia
Desde los primeros años de vida, niñas y niños son expuestos a discursos, prácticas y símbolos que moldean su percepción del mundo y de sí mismos. La infancia no es un espacio neutro: está atravesada por construcciones sociales que asignan roles diferenciados según el género. En el ámbito deportivo, esta diferenciación se manifiesta en la elección de actividades, en los modelos de referencia y en las expectativas que adultos y pares depositan sobre el desempeño físico.
Los juguetes, la publicidad, los programas escolares y los medios de comunicación refuerzan la idea de que ciertos deportes son “para hombres” —como el fútbol, el boxeo o el ciclismo— mientras que otros se asocian a lo “femenino”, como la gimnasia rítmica o el patinaje artístico. Esta división simbólica no solo limita el acceso de las niñas a disciplinas consideradas masculinas, sino que también condiciona su autoestima, su liderazgo y su capacidad de decisión dentro del juego.
Además, los entrenadores, docentes y familias, muchas veces sin intención explícita, reproducen estereotipos al elogiar la fuerza en los varones y la delicadeza en las mujeres, perpetuando así una lógica binaria que excluye la diversidad de talentos y formas de expresión. Estos mensajes, repetidos y naturalizados, configuran un imaginario colectivo que acompaña a las mujeres durante toda su trayectoria deportiva, dificultando su acceso a espacios de poder y reconocimiento.
A esta construcción simbólica se suma la escasez de referentes femeninos visibles en el deporte, especialmente en roles de liderazgo como entrenadoras, árbitras o gestoras. La ausencia de modelos a seguir limita las aspiraciones de las niñas, que no encuentran figuras con las que identificarse ni caminos posibles que les inspiren a ocupar espacios de protagonismo.
Adolescencia
Durante la adolescencia, los estereotipos de género adquiridos en la infancia se consolidan y se entrelazan con procesos identitarios más complejos. En esta etapa, el cuerpo cobra una centralidad aún mayor como vehículo de expresión, pertenencia y validación social.
Las adolescentes, en particular, enfrentan una doble tensión: por un lado, se espera que mantengan una imagen corporal ajustada a los cánones de belleza hegemónicos; por otro, se les exige rendimiento físico sin cuestionar si las condiciones emocionales y sociales les permiten participar en igualdad. Esta contradicción genera inseguridad, abandono de la práctica deportiva y una invisibilización progresiva de sus capacidades atléticas.
Según Moreno-Vitoria et al. (2025), “las tasas de abandono deportivo de las adolescentes son especialmente elevadas y, por lo general, practican deporte con menor frecuencia y regularidad que los chicos”, lo que evidencia cómo la autopercepción y la identidad deportiva se ven afectadas por los estereotipos de género.
Además, la falta de referentes femeninos en puestos de poder —como entrenadoras, árbitras o gestoras— consolida la idea de que el deporte es un territorio masculino, tal como lo plantea Dunning (1995), quien analiza cómo el deporte ha funcionado históricamente como un espacio de afirmación de la identidad masculina. La Red-REFERENTE destaca que “la influencia que pueden adquirir [las mujeres] al estar en puestos de relevancia en el mundo del deporte, les convierte en referentes a imitar por otras mujeres y otros colectivos” (Conde Pascual, y Torregrosa Álvarez, 2022). Sin estos modelos visibles, las niñas y adolescentes encuentran mayores dificultades para proyectarse en roles de liderazgo o imaginar trayectorias deportivas sostenibles.
Asimismo, los espacios de liderazgo dentro del grupo clase suelen estar ocupados por varones, reforzando la idea de que el protagonismo deportivo no les pertenece a ellas. Sin embargo, diversos estudios han demostrado que cuando se les brinda a las adolescentes la posibilidad de liderar, tomar decisiones y expresarse libremente en el ámbito físico-deportivo, no solo aumenta su nivel de disfrute, sino que también se fortalece su autoestima y sentido de agencia.
Por tanto, la adolescencia representa una etapa clave para intervenir en la deconstrucción de estereotipos, promoviendo prácticas pedagógicas que reconozcan la diversidad, fomenten el liderazgo femenino y generen espacios seguros para el desarrollo integral de todas las identidades.
Construcción de roles sociales en el deporte
El deporte, lejos de ser un espacio meramente físico o competitivo, constituye un escenario privilegiado para la reproducción de normas sociales, valores culturales y jerarquías simbólicas. En este contexto, los roles de género se construyen y consolidan a través de prácticas cotidianas que asignan funciones diferenciadas a hombres y mujeres, tanto en la participación como en la representación institucional.
Desde edades tempranas, se observa los estereotipos de género asignado a niños y niñas. Esta división no responde a capacidades biológicas, sino a una lógica social que perpetúa la desigualdad y limita el desarrollo integral de las niñas y adolescentes.
Los medios de comunicación refuerzan esta desigualdad al invisibilizar los logros femeninos o presentarlos bajo estereotipos que minimizan su esfuerzo. Como señala Rojas Torrijos (2010), la mirada androcéntrica en la cobertura deportiva contribuye a perpetuar la idea de que el deporte es un espacio predominantemente masculino.
En la era digital, esta construcción simbólica se refuerza a través de las aplicaciones móviles de salud y fitness, que promueven ideales corporales excluyentes. Díaz Barahona, Valverde Esteve, y Moya-Mata (2022) advierten que estas plataformas asocian la delgadez, la musculatura y la perfección física con el éxito personal, lo que impacta especialmente en mujeres jóvenes que buscan validación a través de su imagen corporal. Asimismo, la invisibilidad de las mujeres en espacios de decisión también se refleja en los medios de comunicación deportivos, donde su representación ha sido sistemáticamente excluida durante décadas, reforzando imaginarios masculinizados del deporte. (Cooky, Messner, y Musto, 2015)
A nivel internacional, las cifras reflejan desequilibrios persistentes. En Colombia, el 62% de quienes practican deporte son hombres, y por cada 60 minutos que ellos se ejercitan, las mujeres lo hacen solo 47 (Perico Mariño, 2022). En Ecuador, la participación femenina en cargos directivos deportivos sigue siendo marginal, especialmente en clubes de la región Sierra. (Barcia Maridueña et al., 2024)
En España, las desigualdades se evidencian tanto en la práctica como en la gestión deportiva. En 2020, solo el 39,6 % de los empleos vinculados al deporte eran ocupados por mujeres, frente al 60,4 % de hombres. Las licencias federativas también muestran una brecha significativa: el 76,5 % pertenecían a varones y solo el 23,5 % a mujeres. En el deporte de alto nivel, las mujeres representaban el 37,9 % de los deportistas reconocidos oficialmente, y apenas el 22,5 % del personal técnico en competiciones de élite (Conde, y Torregrosa, 2022). El estudio del Observatorio de Igualdad en el Deporte revela que las mujeres deportistas enfrentan precarización laboral, falta de patrocinio, invisibilidad mediática y discriminación en procesos de conciliación familiar, especialmente durante el embarazo o la maternidad.
Figura 2. Evolución de la presencia femenina en cargos deportivos (2000–2025)
Nota. Elaboración propia a partir de datos de Conde y Torregrosa (2022) y CE Noticias Financieras (2022)
Estas diferencias no son homogéneas en todos los contextos. Factores como la clase social, la religión o la etnicidad también influyen en la forma en que se asignan los roles deportivos, lo que exige una mirada interseccional para comprender las múltiples capas de desigualdad.
Aunque se han logrado avances, el sistema deportivo español continúa reproduciendo estructuras patriarcales que obstaculizan el desarrollo profesional y simbólico de las mujeres. Para transformar esta realidad, es necesario implementar políticas públicas eficaces, revisar los valores culturales que perpetúan la desigualdad y fomentar espacios educativos que promuevan la equidad.
En este sentido, la Educación Física puede convertirse en un laboratorio pedagógico para resignificar los roles de género y construir nuevas formas de liderazgo inclusivo, donde todas las personas, independientemente de su identidad, puedan desarrollarse plenamente.
Roles de género en Educación Física
La clase de Educación Física, lejos de ser un espacio neutral, reproduce y refuerza los roles de género que la sociedad asigna desde la infancia. En este contexto, el cuerpo se convierte en un territorio simbólico donde se proyectan expectativas diferenciadas: se espera que los varones exhiban fuerza, competitividad y liderazgo, mientras que a las mujeres se les asigna delicadeza, obediencia y colaboración. Estas construcciones no solo limitan la participación activa de las niñas, sino que también condicionan su percepción sobre lo que pueden o no pueden hacer en el ámbito deportivo.
Estas construcciones no solo limitan la participación activa de las niñas, sino que también condicionan su percepción sobre lo que pueden o no pueden hacer en el ámbito deportivo. Estudios como el de Pérez-Torralba et al. (2022) han demostrado que, cuando se les brinda a las niñas la oportunidad de asumir roles de liderazgo en Educación Física, experimentan mayores niveles de disfrute y autoestima, lo que sugiere que la sumisión no es innata, sino inducida por el entorno social y escolar.
Este tipo de intervenciones demuestra que, aunque los estereotipos están profundamente arraigados, pueden ser modificados mediante propuestas educativas que promuevan la conciencia crítica y la resignificación de los roles de género en el aula.
Mujeres Olímpicas
La historia de las mujeres en los Juegos Olímpicos es una narrativa de exclusión, resistencia y conquista. Desde su prohibición absoluta en la Antigua Grecia hasta su incorporación parcial en la era moderna, el camino hacia la igualdad ha sido largo y desigual. En los JJ.OO. de París 1900, de un total de 997 atletas, 22 mujeres compitieron en cinco deportes: tenis, vela, croquet, hípica y golf (National Geographic, 2024), participación ínfima que ilustra con claridad la marginalidad inicial de la presencia femenina en este evento. El barón Pierre de Coubertin, fundador del olimpismo moderno, sostenía que los Juegos debían ser “la exaltación solemne y periódica del estado físico masculino, con el aplauso de las mujeres como recompensa” (Anteo, 2004), reflejando una visión profundamente patriarcal que condicionó la participación femenina durante décadas.
Inicialmente, las mujeres solo podían competir en disciplinas consideradas “apropiadas”, como la equitación, el tenis o la natación; probablemente deportes practicados por mujeres de sectores sociales altos. Esta selección respondía a criterios sociales que limitaba la participación femenina a espacios donde el cuerpo y el comportamiento de las mujeres se ajustaran a los ideales de feminidad aceptables para la época.
No fue hasta Londres 2012 que se logró la participación femenina en todas las disciplinas olímpicas, incluyendo el boxeo (Comité Olímpico Internacional, 2021). Sin embargo, este hito llegó tras décadas de exclusión progresiva: el atletismo —deporte central del calendario olímpico— fue incluido para mujeres recién en 1948, y la maratón femenina no se incorporó hasta 1984. En Tokio 2020, se alcanzó una participación casi paritaria (48,8 % de mujeres), aunque los puestos de liderazgo dentro de las delegaciones y comités olímpicos continúan siendo mayoritariamente ocupados por hombres. Si bien se han logrado avances —como la elección de Emma Terho como presidenta de la Comisión de Atletas del COI—, la presidencia general sigue en manos de Thomas Bach desde 2013, lo que evidencia que la paridad aún no se ha consolidado en los niveles más altos de decisión.
En España, el avance ha sido notable. En Barcelona 1992, las mujeres representaban el 21 % de la delegación nacional; en Tokio 2020, ese porcentaje ascendió al 49 %. Figuras como Mireia Belmonte, Carolina Marín o Lydia Valentín han roto estereotipos y generado referentes para nuevas generaciones. Sin embargo, la visibilidad mediática, el patrocinio y el acceso a cargos técnicos siguen siendo limitados (Conde y Torregrosa, 2022).
Un caso paradigmático es el del piragüismo femenino español. Aunque esta disciplina debutó en los Juegos Olímpicos en 1948, España no presentó una embarcación femenina hasta Barcelona 1992, con Luisa María Álvarez Iglesias, Joaquina Costa Iglesias, Ana María Penas Balchada y Belén Sánchez Jiménez (Comité Olímpico Español, 2018). Desde entonces, solo diez palistas han representado al país en esta modalidad, acumulando dos medallas y veintiún diplomas olímpicos (Collado Martínez, Robles Tascón y Álvarez del Palacio, 2021).
El Descenso Internacional del Sella ha sido clave en la formación de estas deportistas. Esta prueba, que dio origen a la Federación Española de Piragüismo, ha servido como plataforma de iniciación, aunque históricamente ha presentado barreras como la falta de premios económicos para mujeres o la exclusión del pódium oficial. Palistas como María Isabel García Suárez y Mara Santos han logrado consolidarse como referentes, demostrando que el talento femenino puede brillar incluso en contextos adversos.
A nivel internacional, Brasil ha protagonizado un hito histórico en los Juegos Olímpicos de París 2024. Por primera vez, las mujeres conquistaron más medallas que los hombres para el país: 12 de las 20 preseas (65 %), incluyendo los tres oros obtenidos por Rebeca Andrade (gimnasia), Beatriz Silva (judo) y la dupla Ana Patricia y Duda (voleibol de playa). Además, la delegación femenina superó en número a la masculina (153 mujeres frente a 124 hombres), reflejando el impacto de las políticas de incentivo del Comité Olímpico Brasileño (EFE News Service, 2024).
Portugal también ha reconocido el papel de sus pioneras olímpicas. En marzo de 2024, el Comité Olímpico Portugués homenajeó a 26 mujeres que fueron las primeras en representar al país en distintas disciplinas. Entre ellas, Yolanda Hopkins, surfista olímpica en Tokio 2020 y clasificada para París 2024, destacó que “las cosas están definitivamente mejor hoy en día” en términos de igualdad, aunque aún queda camino por recorrer. Albertina Machado, pionera del atletismo en Los Ángeles 1984, recordó que en su época “una chica corriendo en pantalón corto no era normal”, mientras que hoy su hija Mariana Machado compite con apoyo social y mejores condiciones. (Jogada do Mês, 2024)
Además de los logros deportivos, las mujeres olímpicas han liderado luchas simbólicas. Durante Tokio 2020, Simone Biles y Naomi Osaka visibilizaron la importancia de la salud mental al retirarse de la competición para priorizar su bienestar, generando un debate global sobre el cuidado psicológico en el deporte de élite. También las jugadoras de balonmano de Noruega protestaron contra la hipersexualización en los uniformes, desafiando al reglamento olímpico y recibiendo el apoyo público de figuras como la cantante Pink, quien se ofreció a pagar la multa impuesta por el Comité. (Brown, 2021)
Estos avances evidencian que, aunque se han logrado conquistas importantes, la igualdad plena aún está lejos de alcanzarse. Las mujeres deportistas siguen enfrentando barreras estructurales, culturales y mediáticas que limitan su desarrollo profesional y simbólico. Reconocer sus logros, visibilizar sus trayectorias y garantizar condiciones equitativas es fundamental para construir un deporte verdaderamente inclusivo.
Liderazgo femenino
El liderazgo femenino en el deporte ha sido históricamente una forma de resistencia frente a estructuras excluyentes. Las mujeres no solo han tenido que demostrar su capacidad física, sino también su derecho a ocupar espacios de decisión, visibilidad y transformación. Sin embargo, a veces se vuelve imposible escapar de los estereotipos que influyen en nuestras capacidades, decisiones y aspiraciones. Además, las mujeres que ocupan cargos de gestión en el deporte profesional no solo enfrentan barreras estructurales, sino que también deben adaptarse a culturas organizacionales marcadas por el sexismo, lo que condiciona su permanencia y desarrollo profesional. (Hindman, 2020)
Estos estereotipos —que asocian lo femenino con la fragilidad, la emotividad o la falta de competitividad— no solo limitan el acceso de las mujeres a roles de liderazgo, sino que también condicionan la forma en que ellas mismas se perciben dentro del sistema deportivo. Como señala Cibelli et al. (2023), “las mujeres líderes no replican modelos masculinos, sino que construyen estilos propios basados en la empatía, la resiliencia y la inteligencia colectiva” (p. 112), lo que desafía directamente las narrativas tradicionales del poder.
La presión por encajar en moldes preestablecidos puede generar inseguridad, autocensura o incluso abandono de la práctica deportiva. Muchas atletas han denunciado que, además de entrenar y competir, deben justificar constantemente su presencia, su cuerpo y su voz. Esta carga simbólica se traduce en una doble exigencia: rendir como deportistas y resistir como mujeres.
Romper con estos estereotipos implica no solo ocupar espacios, sino transformarlos. El liderazgo femenino en el deporte no busca adaptarse a estructuras rígidas, sino reconfigurarlas desde una lógica más inclusiva, horizontal y diversa. Las mujeres que lideran desde el deporte —ya sea como entrenadoras, gestoras, árbitras o atletas— están redefiniendo qué significa tener autoridad, influencia y legitimidad en un entorno masculinizado.
Por lo tanto, se necesita equidad de género en la gestión, la formación de entrenadoras, la visibilidad de atletas femeninas y la creación de políticas públicas con perspectiva de género. Las mujeres que lideran, compiten, gestionan y educan están redefiniendo qué significa tener poder, éxito y voz en un mundo que históricamente las ha silenciado.
Conclusión
El liderazgo femenino en el deporte representa mucho más que una conquista individual: es una expresión colectiva de resistencia, transformación y esperanza. A lo largo del artículo, se ha evidenciado cómo las mujeres han desafiado barreras históricas, culturales y simbólicas para ocupar espacios que les fueron negados, no solo como atletas, sino como referentes, gestoras, entrenadoras y líderes.
La escasa presencia de mujeres en cargos de autoridad dentro del deporte profesional español refleja una problemática estructural que trasciende disciplinas, contextos y generaciones. Esta invisibilidad no solo limita el desarrollo profesional de las mujeres, sino que empobrece el deporte mismo, al privarlo de miradas diversas, estilos de liderazgo alternativos y narrativas más inclusivas.
Romper estas barreras exige una transformación profunda de los imaginarios sociales que siguen asociando lo masculino con la competencia, la autoridad y el éxito. Implica revisar políticas, prácticas institucionales y discursos mediáticos que perpetúan la desigualdad. Pero también requiere visibilizar a las mujeres que ya están liderando, compitiendo y creando desde otros lugares, y reconocer que su presencia no es una excepción, sino una necesidad.
Solo a través de una mirada crítica, interseccional y comprometida con la equidad será posible construir un deporte que no excluya, que no silencie, y que permita a todas las personas —sin distinción de género— desarrollarse plenamente en los espacios donde se juega, se decide y se transforma.
Referencias
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Barcia Maridueña, A.M., Mayanza Paucar, O.A., Vásquez Alvarado, E.E. y Morejón Calixto, S. (2024). La equidad de género en las organizaciones deportivas ecuatorianas. Retos, 55. https://doi.org/10.47197/retos.v55.106038
Brown, M. (2021, 30 de julio). Los éxitos olímpicos de las mujeres. CE Noticias Financieras.
Perico Mariño, C.C. (2022, 2 de diciembre). Mujeres en el deporte: las barreras que reducen su participación en Bogotá. El Espectador. https://www.elespectador.com/bogota/mujeres-en-el-deporte-las-barreras-que-reducen-su-participacion-en-bogota-diagnostico-sobre-genero-en-deporte-y-actividad-fisica-en-bogota-noticias-bogota-hoy/
Jogada do Mês (2024, 8 de marzo). Atletas olímpicas pioneiras são hoje homenageadas pelo Comité Olímpico de Portugal. https://www.jogadadomes.pt/?p=33580
Cibelli, A., Bárcenas, G., Garavaglia, A., Nazar, A., Boggi, C., David, E., Gómez, E., Vargas Maldonado, ET, Crosa, F., y Folle, G. (2023). Liderazgo femenino: Inspirando, empoderando y rompiendo barreras. BRASPORT.
Collado Martínez, M., Robles Tascón, J.A., y Álvarez del Palacio, E. (2021). Mujeres olímpicas en el descenso internacional del Sella: evolución de su participación. Revista Internacional de Medicina y Ciencias de la Actividad Física y del Deporte, 21(81), 99-116. https://doi.org/10.15366/rimcafd2021.81.007
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Lecturas: Educación Física y Deportes, Vol. 30, Núm. 332, Ene. (2026)