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La educación en valores a través
de las actividades físico deportivas

   
Dr. en Educación Física. Master en Psicología el Deporte
(España)
 
 
Damián Ossorio Lozano
damianossorio@telefonica.net
 

 

 

 

 
    ¿Merece la pena hoy en día educar en valores?. ¿Se cuenta con la suficiente conciencia profesional para ir contra corriente? ¿Debemos adoptar una postura comprometida o seguir la corriente a las nuevas tendencia que entran en contradicción con lo más auténtico del ser humano?.
    En este articulo pretendemos dar respuesta a estos y otros interrogantes que consideramos hoy en día de gran actualidad en nuestra tarea educativa.
 

 
http://www.efdeportes.com/ Revista Digital - Buenos Aires - Año 8 - N° 50 - Julio de 2002

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    Escribir sobre valores en una sociedad eminentemente competitiva y materialista parece una idea poco original y algo trasnochada. Y sobre todo no exenta de riesgo. Los modelos sociales dominantes acaparan la atención sobre esquemas que priorizan más el individualismo que el bien común, el poder y el prestigio más que la solidaridad y la igualdad.

    Es una preocupación latente en la gran mayoría de educadores, encontrar vías de promoción y transmisión de valores éticos, que coincidan con un proyecto educativo ilusionante para padres, profesores y alumnos.

    Con desgraciada frecuencia nos encontramos ante una falta de compromiso y abandono en la transferencia de valores. Cómodamente instalados en el concepto de “sociedad en crisis”, vemos pasar ante nuestros ojos de manera impasible una realidad consustancial con los tiempos sin hacer nada por remediarlo.

    Desde todos los ámbitos se reconoce que las actividades deportivas son un excelente medio para fomentar determinados valores sociales y personales, especialmente en nuestra juventud. Pero también se reconoce, que actualmente el modelo deportivo dominante presenta conductas indeseables. Conductas, que desvinculan a los menos formados, nuestros jóvenes, de la imagen que se tiene del deporte como un instrumento formador del temperamento y de la personalidad.

    Nuestra atención en lo sucesivo, se va a centrar en el marco del deporte educativo, y especialmente en el deporte escolar. La progresiva relevancia y difusión del deporte ha contribuido al deterioro en el modo de practicarlo, sufriendo las relaciones de convivencia y primando el éxito y el triunfo a toda costa (González, 1993)

    La gran preocupación de todo educador, es llegar a conocer los medios y procedimientos mas adecuados para trasmitir a nuestros alumnos un espíritu de igualdad, de justicia, de tolerancia y de realización personal (Palacios, 1991).

    Todo educador debe ser consciente, a veces por encima de los propios contenidos que imparte, que es responsabilidad nuestra inculcar valores, y no optar por una neutralidad obsoleta y caduca, abandera de la libertad sin juicio. Como diría Trilla, la neutralidad en educación supone una contradicción en los términos.

    Una de las tareas que debemos abordar es el análisis del conjunto de influencias ambientales que reciben nuestros jóvenes actualmente, en unos casos se trata de la opinión pública, en otros de los medios de comunicación, o de los grupos de presión, y de manera más inmediata el propio ambiente escolar y familiar.

    Cada uno de estos ámbitos plantea un crédito lo suficientemente importante como para no despreciar ninguno. En principio, parece legítimo abordar estas cuestiones bajo una perspectiva ecológica. Teniendo presente a todos los agentes que inciden en la transmisión de valores educativos.

    Todos estaremos de acuerdo en la gran satisfacción que nos produce alcanzar el triunfo en cualquier actividad deportiva. Estos triunfos que aparentemente nos reconfortan tanto a los adultos, generan una reacción impactante en los más jóvenes, su fantasía y su capacidad de simulación les conduce a vivir una realidad al margen de la propia realidad.

    Midiel Bonet, psicólogo deportivo, dijo que el deporte proporciona placer, y que éste se practica de una manera proporcional al placer físico. Muchos deportistas “se apagan” ya que su satisfacción y diversión está sólo en un objetivo: ganar. Pero hay un concepto que estas determinadas personas no entienden, y es que lo más importante no es ganar, sino participar, divertirse, sentirse bien con uno mismo, etc. Slusher asegura, que el deporte es diferente de todo lo que compone la vida. Es dinámico, pero sin miedo o vergüenza, es también agresivo, etc. El hombre participa en los deportes por sí mismo, sin importar el resultado final.

    No siempre estos comportamientos constituyen un ejemplo y un modelo a imitar. Desgraciadamente las falsas expectativas que proporcionan la envidia de los más jóvenes, se sustentan en la “excelencia” reprobable de ídolos con pies de barro. Asimismo, estos ídolos nefastos y sus comportamientos, terminan influenciando de manera peligrosa e interesada la interpretación de los valores que el deporte lleva implícito.

    El juego limpio, la deportividad, el respeto a unas normas… queda supeditado al éxito a cualquier precio. El deporte queda al servicio del máximo beneficio a toda costa.

    Como señalan Devereaux (1978) y Underwood (1978), la iniciación deportiva parte de unos modelos profesionales de enseñanza, que empobrecen la espontaneidad del niño y contribuyen a la aparición de conductas opuestas al juego limpio, lo que da lugar a un entorno negativo para el desarrollo moral y social de niños y jóvenes.

    Programas cada vez más severos y menos motivantes, presiones de toda índole y la falta de iniciativa personal de los practicantes se traduce en un conflicto de intereses. La juventud se aleja irremediablemente de los valores intrínsecos que transmite la actividad deportiva.


El deporte una actividad para toda la vida

    Se cree que la sociedad actual no es físicamente todo lo activa que podría ser desde el punto de vista de la salud. Esta afirmación se hace extrapolable también a los jóvenes, un sector social al que se considera con una mejor condición física y que resulta a priori más activo (Biddle, 1992).

    Con demasiada frecuencia se ha sugerido que si los niños están inactivos, entonces la solución es proporcionarles actividad de moderada a vigorosa, como el ejercicio o el deporte. Este enfoque nos parece erróneo, puesto que asume que ese ejercicio sería disfrutable y se practicaría a largo plazo. El aspecto crítico para los más jóvenes es permitirles experimentar actividades que creen sentimientos positivos, de auto estima, diversión, o sentido de logro. Los resultados físicos deben ser secundarios, puesto que la experiencia negativa a corto plazo puede crear inactividad en el futuro (Fox, 1991).

    La tendencia actual deriva hacia la promoción de la actividad física junto a la calidad de vida. Los mensajes de bienestar a largo plazo se consideran muy inferiores en comparación con las más inmediatas sensaciones físicas y psicológica de la experiencia diaria del ejercicio.

    Esta propuesta sugiere un plan de acción que abordaría los siguientes campos:

  • Promocionar los tópicos de salud desde un punto de vista mental.

  • Aplicar recursos y estrategias de intervención a corto plazo que mantengan los niveles de actividad y de ánimo.

  • Reconsiderar el concepto de salud pública en el marco educativo.

  • Atención especial al plan de formación de los educadores deportivos.


El influjo de dos ideologías dominantes en el deporte escolar:
olimpismo, profesionalismo y otras influencias

    Es evidente que el olimpismo es la ideología que más influido en el de deporte escolar, en el deporte para todos o en el deporte de recreación. Esta tendencia que aparentemente sigue estando de actualidad en los proyectos educativos, aunque no exenta de cierto utilitarismo, convive en contradicción con los preceptos de la carta olímpica. Se define como abanderada del deporte de masas y orientada más al “proceso” que al “resultado”.

    Con la mejor de las intenciones, la naturaleza universal de la cultura dominante y por tanto de la educación, transmite un modelo deportivo no exento de cierto riesgo para una juventud que convive con el consumo, con en el éxito fácil y con la justificación de que el fin justifica los medios.

    Existe otro modelo de gran actualidad, el profesionalismo, claramente definido hacia los resultados. Esta ideología converge junto al olimpismo en una misma plataforma educativa. Las dos tendencias conviven paradógicamente refundidas sin que se defina claramente una línea clara de actuación.

    Esta nueva ideología se encuentra en brazos de los distintos medios de comunicación, que ejercen en el deporte en general una influencia y un cambio interesado, y en particular en aquellos deportes que carecen de una masiva audiencia.

    Muy especialmente la televisión, dicta a través de sus contratos multimillonarios, qué deportes y qué atletas consideran “atractivos” para su audiencia. En otro extremo encontramos la comercialización y el patrocinio deportivo quienes cada vez cuentan con más peso dentro de las organizaciones deportivas. Decía Samaranch, refiriéndose a la vela, que ningún deporte que no tuviese una fuerte audiencia televisiva tenía cabida en los Juegos Olímpicos (Radio CBC, 1992).

    Esta corriente actual provoca que nuestros alumnos compartan la filosofía más radical, “ganar a cualquier precio”. Cuando les hablamos de valientes gestos deportivos les cuesta creer en ellos, lo interpretan como anticuado, arcaico y decadente. La frase de Blackhurst y Strachan (1991): “es inmoral tolerar prácticas y situaciones que puedan dañar física y psicológicamente al atleta…” parece más bien un sentimiento residual de unos locos reaccionarios.

    Numerosos autores han estudiado el proceso de cambio social y cultural en la actual sociedad industrial. Se observa un auge de nuevos valores, tales como: una libertad sin restricciones, reforzamiento del yo individual y rechazo a la disciplina; en general, una preocupación por la calidad frente a las preocupaciones, fundamentalmente económicas… (Bell, 1980).


¿Cómo comenzar?

    Como educador, lo más importante que puede hacerse para motivar a un alumno es participar activamente con él. Los niños que observan que sus profesores practican deporte lo toman como ejemplo.

    Cuéntale a tus alumnos que crees firmemente en el valor de la participación deportiva. Transmítele entusiasmo, su motivación aumentará aún más cuando logre dar prioridad a la práctica deportiva respecto a otras actividades. Pon especial cuidado en que aprecie esta participación, con independencia del éxito que tenga.

    Los jóvenes no necesitan hacer deporte para estar a la altura de las ambiciones de los mayores. En general deben hacer deporte para su propia diversión, no para los demás; debemos animarlos para que lo hagan para sí mismos.


¿Cómo hacerlo?

    Desde el propio entorno escolar

  • Diséñese un programa de adherencia centrado en los intereses del niño.

  • Foméntese la participación en diferentes deportes para lograr una amplia base antes de comenzar con la especialización.

  • Elíjanse actividades que garanticen una primera experiencia positiva temprana.

  • Destáquese la diversión; evite la presión para el rendimiento.

  • Ayúdale y anímale todo lo que puedas.

  • No permitamos que el niño haga ningún ejercicio que no esté adaptado a su nivel.

  • Demos la oportunidad de que se sientan importantes:

    • Preguntémosles: ¿cómo se lo ha pasado? ¿ha sido duro, entretenido, aburrido?, ¿qué sabías y qué has aprendido?…

    • Escuchemos con atención cuando nos hable sobre ello.

    • Anímale y ayúdale cuando lo necesite.

    • Demos consejo sólo cuando se nos pida.

    • Los jóvenes se sienten recompensados cuando se da importancia a las cosas que hacen bien.

    • Las pequeñas mejoras en un punto débil deben alabarse sin reservas.

  • Debemos facilitar el encuentro con el placer que transmite el deporte, así apreciaran lo bueno de ellos mismos y del rival.

  • Destaquemos que el esfuerzo y el trabajo son tan valiosos como el triunfo.

  • Ayudémosles a que acepten el resultado sin decepciones innecesarias y sin traumas.

  • Convirtamos los fracasos en victoria enseñando a trabajar para mejorar la próxima vez. La derrota no es ninguna catástrofe y, por supuesto, no es sinónimo de fracaso personal.

  • Apoyémosles a que establezcan por sí mismo objetivos realistas, a que ganen en confianza y seguridad. Y sobre todo, dejémosles que determinen sus propios niveles de participación.

  • Cada niño tiene derecho a desarrollar sus capacidades deportivas en una atmósfera que destaque la participación positiva, el desarrollo personal y el placer.


Una propuesta de modelo de desarrollo para la integración
de valores en las actividades físico-deportivas

    Existe una falta de acuerdo entre profesores, entrenadores e investigadores para definir cuáles son los valores pueden promocionarse a los jóvenes a través de la práctica deportiva. Incluso algunas investigaciones, ponen en tela de juicio la posibilidad de promoción de estas actividades. ( Lakie, 1964; Alison, 1982).


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