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Juegos populares en la mirada de maestros rurales de la Provincia
de Río Negro, Patagonia Argentina
Víctor Pavía

http://www.efdeportes.com/ Revista Digital - Buenos Aires - Año 6 - N° 30 - Febrero de 2001

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    Cerca de la escuela hay un río que es “manso” en comparación con otros causes cordilleranos. Corre, displicente y claro por su fondo de piedritas pulidas, hacia el Chile próximo; desde allí buscará llegar hasta el Pacífico.

    En la placidez del valle, El Manso y su correntada orientan la geografía. Los escasos pobladores son "de arriba" o "de abajo" en el sentido del fluir de las aguas. También est n los que moran "del otro lado". Indiferentes al ordenamiento que da el río, también son de arriba los alumnos que vienen a las escuela por senderos de cornisas entre las montañas circundantes. Los "de arriba" y los "de abajo" llegan a caballo o en alguna desvencijada bicicleta. Para los "del otro lado" esta el pequeño bote: bracitos frágiles, mucha fuerza y toda la responsabilidad para el que es el mayor. Tienen entre 5 y 16 años. Sus padres gastan los días es duras tareas rurales sin que el esfuerzo alcance nunca para salir de la pobreza. La escuela simula -por unos años- la esperanza. Por eso los chicos caminan durante horas en busca del encuentro cotidiano.

    Con buen tiempo la caminata hacia la escuela es llevadera.

    El paisaje es una sucesión de patios que se ofrecen al juego hasta llegar al patio escolar; la mirada a veces atenta, a veces distraída sobre un entorno que se les va metiendo en el cuerpo sin darse cuenta. Sonidos y silencios; una que otra piedra para el tero gritón, o para la vaca chúcara; risas; el pitio deja de taladrar la madera de los viejos árboles en los que encuentra los gusanos para su desayuno; el martín pescador se aleja sobrevolando apenas el río; los patos y hualas se esconden en la tranquilidad de los remansos de la orilla. Se escuchan nuevas risas familiares.

    De lejos la escuela nueva es un humito no mucho más alto que los centenarios cipreses del valle. En un terreno de una hectárea se puede ver el invernadero para proteger a las plantitas más frágiles; a un costado la huerta de increíble geometría; atrás: el modesto galpón y el gallinero. Más acá, como tapándolos, una edificación pequeña y digna; no demasiado diferente de todas las escuelas nuevas de la cordillera: modestas aulas, grados múltiples, curtidas salamandras y acogedora cocina; un rinconcito para la dirección y ahí nomás, sin solución de continuidad, apenas disimulado, el lugar que los maestros convirtieron en dormitorios. Afuera y en todas direcciones, todo es patio.

    La carretilla ha marcado innumerables senderos en el ir y venir por leña, o con los cueros, maderas y lanas que se usan en los talleres de manualidades y artesanías. También los chicos, con sus movimientos cotidianos, han terminado por marcar pequeños senderitos hacia destinos precisos.

    El mástil reúne jugadores de payana que agradecen la prolijidad del cemento, y allí se instalan, aunque tengan que despotricar contra los atropellados que desparraman sus piedras queriendo salvarse, porque el mástil es también elegido como "casa" en los juegos de mancha. Los manchones de tierra yerma convocan a los jugadores de bolitas. En los juegos que la Cooperadora compró con esfuerzo: un sube y baja, una calesita, se apiñan los más chiquitos. Más lejos, la cancha de fútbol, por tribunas: cielo azul y picos blancos.

    La cancha tiene pastos duros que en verano se enervan de abrojos. Por eso, si se la usa para las carreras, mejor es el invierno, aunque el frío amoratone los pies que hay que liberar de incómodos calzados no siempre conseguidos a medida. Entre los meses de noviembre y marzo las cuatro escuelas de la zona más las juntas vecinales y las agrupaciones gauchas organizan allí fiestas en común para arrimar algunos fondos a sus modestos proyectos. Se programas bailes, juegos de destrezas criollas, jineteadas y careras de caballos. Los chicos se entusiasman y comentan:

  • El 15 va a haber carrera en el Manso Medio -

  • Carreras, sortija y tirada de riendas -

  • El Laucha esta cuidando bien a la Lambada -

  • Parece que va a venir el Ferrucho -

  • Le viene a dar revancha al Panza Blanca, porque le ganó allí en Bariloche -

  • El papá dice que el Negro Alegría tiene ganas de traer al Inocente -

  • Porque le gusta más correr acá abajo -

  • Y si. Allí arriba son desabridas las fiestas -

  • Raúl ¡Te corro a vos! -

  • Listo Pety. De acá hasta la quinta -.

    Se alinean contra la pared de la escuela, y ya no se ven como dos niños sino como dos caballos. Atrás quedo el calzado. Uno de ellos grita: ¡Vamos!-. Entonces... corren... con un paso entrecortado... que remeda un galope.

    Motivados por la proximidad de las fiestas populares, en la escuela los recreos son una sucesión de estas carreras. Se escuchan desafíos, se forman parejas, se van marcando distancias. 20, 35, 60 metros. Desde el edificio de la escuela hasta la quinta; o por el camino a lo largo de la alambrada que separa los almácigos; o entre los arcos de la enorme cancha de fútbol. Se escucha: ­TE CORRO; o algún: ENTRO EN POYA (que si a uno le dicen que no, no se aflige ni discute, pide correr con el ganador, situación aceptada casi siempre). Corren mirándose de costado, hasta la imaginaria línea de llegada en donde el ganador alzar los brazos victoriosos.

    Pero hay días en los que las carreras alcanzan un desarrollo inesperado. Si se ve al Gordo y el Flaco - mellizos a los que una imperceptible diferencia de gramos en sus físicos endebles justifica los apodos- rondando la quinta para sacar las cañas que se usan para sujetar las plantas de arvejas, habrá otro tipo de espectáculo. Con las cañas improvisan fustas y, a veces, sendos bastones a modo de "patas". Ocurre entonces la metamorfosis. Un nuevo niño-caballo - bastante menos alimentado que el mitológico centauro - camina hacia el centro de la diversión, trotando de costado. Los diminutos jinetes del 1ø grado los agarran por la ropa y ágiles montan para el vareo preliminar. Hay un paseo agitado; caracoleos nerviosos; un pararse en dos patas alzando las manos. Los bastones se agitan en el aire y algún jinete vuelve a la tierra.

    Inquietos y festivos los niños-caballo y sus jinetes van para la largada. Todo el juego toma otro color.

    Algunos se ofrecen voluntariamente de abanderados -encargado de largar la carrera con justicia y paridad-, los "rayeros" corren a marcar la línea de llegada y allí¡ esperan, ansiosos, uno a cada lado, para decidir el ganador, o declararla "puesta", premiando a los contendientes con un merecido empate. Crece el entusiasmo entre el público que se ordena a cada lado de la cancha. Pedacitos de papel de diario remedan el dinero escaso.

    Las chicas disfrutan del juego desde afuera. Las carreras son cosas sólo de los varones... Por ahora... Mientras, la fiesta sigue reproduciéndose completa en la plenitud mimética del juego.


Mas reflexiones sueltas 5

    Cierto juego sirve, a veces, para hacer más tolerable la espera. Con el juego se construye un aquí y un ahora ficticio, vivido como real en la creación de una situación ilusoria que instala en el presente algunas posibilidades futuras. Un niño pequeño, dice Vygotski “tiende a gratificar sus deseos de modo inmediato; normalmente el intervalo que va entre el deseo y su satisfacción suele ser muy corto. No encontraremos ningún niño por debajo de los tres años que desee hacer algo en los días siguientes." (Vygotski, 88). Al crecer, conserva parte de esa característica, aunque cada vez son más las situaciones que se desean con fuerza y que no pueden ser tan fácilmente olvidadas por algo a cambio; despliega así, con en toda su plenitud, la capacidad de imaginar. Esa posibilidad de escenificar una situación con un mayor o menor grado de imaginación suele adoptar una forma muy conocida: la del juego. "Estoy convencido - sigue Vygotski - de que si las necesidades que no pudieron realizarse inmediatamente en su tiempo no surgieran durante los años escolares, no existiría el juego". Aunque el mismo aclara que "esto no quiere decir que el juego surja siempre como resultado de todo deseo insatisfecho". De todos maneras, estas reflexiones del psicólogo ruso nos han hecho pensar el juego observado por los maestros en El Manso. Los niños estudiados por Ana y Alejandro en su imitación de los “grandes” no sólo reproducen relaciones sociales de género; no sólo canalizan energía motriz. También satisfacen el deseo de experimentar el ser (¿porqué no?) grandes hoy. Reducen así el tiempo de la espera. Con su dosis de imitación e imaginación, de copia y de fantasía, en el patio de la escuela instalan, tan completa y plena como fugaz y transitoria, la fiesta que los grandes se reservan para sí. La participación en el juego les permite "realizar" (en el sentido de hacerla real) una transgresión (correr una cuadrera en el patio de la escuela) que de otra manera no le sería permitida Entonces sí la carrera "verdadera" deber esperar. En ese sentido una niña, cuando se escapa de la carera para seguir jugando a la mamá no sólo se esta preparando para el futuro, está pudiendo ser madre hoy.


Notas

  1. Narración descriptiva realizada por las maestras rurales Marcela Gómez y Ornella Scarlino de El Bolsón, provincia de Río Negro, Argentina, en el marco del Proyecto de Recate, Estudio y Promoción de los Juegos Infantiles Populares de la Universidad Nacional del Comahue. 1988/1992. Director V. Pavía. Incluida en el libro ¡Señores... entren al patio!

  2. Diálogo real, registrado textualmente, incorporado a la situación ficticia y que, en rigor de verdad, fue el que obró como disparador original del eje de la narrativa.

  3. Incluidos también en el libro ya citado: ¡Señores... entren al patio!

  4. Narración descriptiva realizada por Ana Castillo y Alejandro Palma de Escuela N° 92. Manso Inferior. Provincia de Río Negro. Argentina. En el marco del Proyecto de Recate, Estudio y Promoción de los Juegos Infantiles Populares de la Universidad Nacional del Comahue. 1988/1992. Director V. Pavía. Incluida en el libro ¡Señores... entren al patio!

  5. Como las anteriores, incluidas también en el libro ya citado: ¡Señores... entren al patio!


Bibliografía citada

  • Magrassi (1982): Los Juegos Indígenas. En Cuadernos de Historia Popular Argentina. EUDEBA, Bs.As.

  • Pavía, Russo, Santanera y Trpin (1994): Juegos que Vienen de Antes, incorporando el patio a la pedagogía. Capítulo: Poder jugar... aspectos de una negociación cotidiana. Humánitas. Bs. As.

  • Vygotski (1988): El Desarrollo de los Procesos Psicológicos Superiores. Grijalbo. Barcelona

  • Weis (1986): El Juego Viviente. Siglo XXI. México.


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