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Estilo y virtudes masculinas en El Gráfico: la creación del imaginario del fútbol argentino
Eduardo P. Archetti


Chantecler, por el contrario, va a elaborar la teoría del "melting-pot", de un proceso continuo de criollización. Un criollo se hace, no nace, es el producto de una tradición que se modifica con los aportes individuales. En un artículo titulado "La viveza criolla característica principal de nuestro juego", escribe:

"País de inmigración el nuestro, al recibir en su seno las grandes corrientes de todas las razas, ha ido asimilando cualidades de cada una para amalgamarlas y darles un sello propio. De ahí la raza nueva que glosan los intelectuales europeos cuando vienen a estudiar la psicología de nuestro pueblo y no pueden hallarle una idiosincrasia definida, puesto que tenemos algo de cada civilización sin pertenecer típicamente a ninguna" (El Gráfico, 1932, 652: 21).

Chantecler considera que, sin embargo, en el desarrollo de la viveza criolla han habido jugadores de la época británica como Leonard, Carlos Brown, Carlos Buchanan y Arnoldo Watson Hutton que contribuyeron a modificar la frialdad británica. Chantecler se va a dedicar a un modo muy minucioso de enumerar "los productos de la viveza criolla" confeccionando un diccionario del fútbol criollo: anunciar la jugada y hacer otra, la bicicleta (un "dribbling" muy especial), pisar la pelota, provocar el córner o el out, dejar pasar la pelota para que un compañero la reciba, la chilena, simulacro de ataque, el túnel o caño, la marianela y, también, lo que llama "astucias de mala ley" (El Gráfico, 1932, 652 y 653). La viveza criolla se convierte no sólo en una lista de inventos sino, fundamentalmente, es una cualidad que se desarrolló históricamente. Detrás de cada una de las jugadas mencionadas suele haber un creador, un jugador criollo que la practicó.

El fútbol es un deporte inglés que fue traído por los ingleses a la Argentina como al resto del mundo. Una de las diferencias entre Buenos Aires y muchas otras ciudades latinoamericanas en donde el fútbol será importante es el peso de los británicos y la cultura británica en la construcción de la ciudad, la modernización de la economía argentina y su incorporación al mercado mundial. A comienzos de este siglo vivían en Buenos Aires casi 50.000 británicos. A éstos se sumaron los cientos de miles de inmigrantes europeos. Borocotó trató de construir una teoría del fútbol nacional despojándolo de lo británico, transformándolo en algo puramente criollo. Su "tour de force" y su modificación respecto de la teoría de los nacionalistas es haber vinculado el fútbol criollo con la inmigración. Los inmigrantes utilizan el fútbol porque se transforman en criollos heredando los rasgos de los "auténticos criollos". No hay "melting-pot". Chantecler acepta la inmigración pero su historia es una historia de vivezas individuales en donde, incluso, hay espacio para los vivos británicos. Lo criollo no es permanente, se va haciendo a la marcha en una suerte de "melting-pot" bien logrado. Lo común de estas dos teorías es haber despojado de lo criollo la fuerza y el coraje al convertir en virtudes máximas el "dribbling", es decir una jugada que elude el choque corporal, evita el contacto físico con el rival, y la viveza, la capacidad de esconder las verdaderas intenciones convirtiendo la vida (el juego) en simulacros continuos haciendo creer al otro de lo contrario, convirtiendo el engaño en victoria. Esta teoría no creo que hubiera sido fácilmente aceptada por los nacionalistas de la época.

Según Sarlo, la solución de Borges al romper con la interpretación de Lugones de lo criollo será diferente. Borges acepta la inevitabilidad de la mezcla cultural, del encuentro entre lo americano y lo europeo, pero advierte sobre lo problemático de las mezclas. Sarlo concluye de esta manera:

"La mezcla es a la vez indispensable y problemática. Borges está muy lejos de la solución sintética pacífica que volvería a la Argentina en un espacio idílico del "melting-pot" cultural. Por el contrario, toda su literatura está desgarrada por sentimientos de nostalgia, porque tiene lugar en la frontera entre dos mundos, en una línea que las separa y las junta, pero que, la literatura de Borges pertenece a la frontera entre Europa y América: revela distancias y transformaciones, de la misma manera que la inscripción de lo escrito separa los espacios de la página de los espacios de la vida" (mi traducción) (1993: 48-9).

El mundo pacífico del "melting-pot" anunciado por Chantecler será problemático como también lo será el mundo sustancialista de Borocotó. Lo criollo como una mezcla será problemático. Lo europeo, el estilo de jugar europeo, opuesto al estilo criollo, estará siempre presente en el imaginario colectivo argentino. Uno tiene la impresión al leer El Gráfico de esa época que el estilo criollo crece, se consolida y se reproduce porque triunfa. Triunfan sus equipos y los jugadores se van a Europa. Una tradición sólo se construye sobre la base de triunfos y el reconocimiento de los "otros" que se definen como relevantes. Obsesivamente, El Gráfico pregunta a los jugadores europeos que visitan el país, a los diplomáticos europeos estacionados en Buenos Aires, a los jugadores argentinos que juegan en Europa y a los directores técnicos argentinos que triunfan en el exterior "cómo nos ven", "qué piensan en Europa del estilo criollo y los jugadores criollos". El Gráfico siempre ha de insistir, y creo que correctamente, sobre el hecho de que no puede haber una tradición sobre la base de derrotas. Una tradición futbolística no sólo requiere de continuidad histórica sino, esencialmente, de triunfos. Por lo tanto, ante cada derrota importante lo que se pondrá en duda es el estilo criollo. En esos momentos de crisis siempre se intenta importar el "estilo europeo". Jamás se piensa en importar el "estilo brasileño", ya que se parte del supuesto de que eso es imposible. Implícitamente se reconoce la influencia africana que no existe en la Argentina. Importar lo "europeo" no es sino, quizás, cambiar el sentido de las mezclas y reconocer que, después de todo, los argentinos descienden de los barcos que traían los inmigrantes al Río de la Plata. Al importar lo europeo, las tácticas y las disciplinas europeas, los argentinos reconocen una parte importante de ellos y viven la "mezcla", en el sentido borgeano, de un modo contradictorio. Las contradicciones entre lo criollo y lo europeo aparecerán con mayor claridad cuando nos concentremos en las descripciones de las virtudes individuales de algunos jugadores.


Las virtudes masculinas individuales
Hemos visto la importancia del espacio en la construcción de tipos: la pampa y el gaucho, el arrabal y el compadrito. En el fútbol ya hemos visto que el espacio es el potrero. Sin embargo, y para ser más correctos, El Gráfico, especialmente Borocotó, va a igualar el potrero con el "baldío". Un "baldío" es un pedazo de tierra irregular de la ciudad sobre el que todavía el cemento no ha avanzado. Del baldío y del potrero saldrán los jugadores de fútbol argentinos. No salen ni de los patios de los colegios primarios y secundarios, ni de los clubes, es decir de espacios controlados por maestros y directores técnicos. El baldío es como la pampa y el arrabal, un espacio de libertad. Los grandes jugadores serán, en consecuencia, productos puros de esa libertad que les permite improvisar y crear sin las normas o reglas impuestas por los expertos y los pedagogos.

Mientras se reflexiona sobre el estilo criollo se construyen estampas de jugadores que van a funcionar como arquetipos de esos valores. La semblanza de Borocotó de Carlos Peucelle, un jugador mítico presente en el equipo del mundial de 1930, es paradigmática. Borocotó titula a su artículo "Carlos Peucelle, ciudadano del baldío" y escribe:

"...es la personificación del potrero, es el ciudadano del baldío, es el campito que anda... Véanlo en el tranco, en las ganas de jugar, en la cara risueña y pecosa, en lo que tiene de purrete travieso y convendrán en que se va elevando el potrero amarrado a la cincha. Tiene el baldío metido en el alma. Obsérvenlo. Miren cuando se para en el centro de la cancha con su andar inclinado, revoleando los brazos y sacudiendo las ondas que le tienen bronca a la gomina. Véanlo que parece decirles a los muchachos de saquito de piyama que están contra el alambre: "Esperen que termine esto y vamos juntos pal potrero" (El Gráfico, 1933, 716: 4).

Ser ciudadano del baldío es ser un "hombre libre" en un mundo de iguales. El baldío aparece como la verdad democrática: Peucelle, luego del partido, puede ir al potrero a jugar un "picadito" con los espectadores. Peucelle tiene el baldío en el alma porque su cuerpo lo indica: es displicente, descuidado y sin garbo. El potrero es cuerpo, es materialidad. Peucelle tiene, además, la pinta de un "pibe", parece un "purrete travieso" y, por lo tanto, no ha perdido su frescura. Es importante esta paradoja: una virtud masculina importante es la de conservar, en la medida de lo posible, el estilo infantil y puro. Peucelle transmite con su estilo la idea de que el fútbol es un juego y como tal sólo puede ser gozado plenamente cuando se tiene entera libertad. En el mundo democrático del fútbol los que juegan son todos "pibes", son todos niños, no están sujetos a la autoridad de sus padres y han escapado de los colegios y los clubes, de la autoridad y jerarquías. El baldío no es mundo de duelistas, no está poblado por gauchos o compadritos dispuestos a luchar y a matar si es necesario para defender el honor mancillado, es un mundo de pibes traviesos, pícaros y vivos.

El baldío/el potrero se opone sistemáticamente al pizarrón y la escuela. A partir de la foto de un "profesor de fútbol", un jugador internacional inglés, con una pelota en la mano y una varita frente a un pizarrón que tiene dibujada una cancha de fútbol, Borocotó comenta:

"Sí señor, sí: el fútbol inglés será más técnico, más efectivo, lo que Ud. quiera me da igual. El goal acredita la victoria, pero hay victorias sin pena ni gloria y existen derrotas que son amplios triunfos a puntos. Reconozco que la disciplina vale mucho, pero viejo, no me venga con un pizarrón, por favor... Solamente a los ingleses se les ocurre el fútbol con un pizarrón. Hay que embromarse... Allá hay que ir a la escuela para aprender el fútbol, aquí hay que hacerse la rabona en la escuela. ¡Casi nada! Allá un internacional con la redonda en la mano y la regla en la otra, frente a un pizarrón; aquí una de cuero en un campito y muchos pibes haciendo apiladas. Allá la técnica depurada, severa, concienzuda; aquí la gambeta, la gracia, la improvisación. En un lado la frialdad de los números y las hipotenusas; en el otro, la alegría y la emoción del espectáculo... Entre el pizarrón y el baldío, entre los de allá y lo de aquí, mil veces los nuestros, aunque pierdan, porque dejarán un cachito de gracia en cada apilada, un granito de emoción en cada conquista" (mi subrayado) (El Gráfico, 1931, 614: 6)11.

Esta oposición puede verse en el estilo de uno de los grandes defensores de la época: Fernando "El Marquez" Paternoster. Gran jugador del Racing Club, estuvo en el equipo titular del mundial de 1930, luego triunfó en el Brasil y tuvo una carrera exitosa en Colombia como entrenador. El Gráfico, en una de las muchas notas sin firma, lo define de la siguiente manera:

"Hay algo de inglés en su colocación impecable pero se sudamericaniza en la elasticidad de sus quites, en la falta de premura por rechazar y, sobre todo, en su postura indolente... Basta decir que es argentino para comprobar que no ha estudiado teoría, aprendiendo por pizarrón... Fue de los del potrero; su falta de corpulencia le indicó la necesidad de arreglárselas con maña; y maña eficaz no es otra cosa que muestra de inteligencia... Tiene limpieza de prestidigitador, rapidez hecha de agilidad y concepción instantánea" (mi subrayado) (El Gráfico, 1931, 619: 5).

Paternoster tiene la indolencia de Peucelle, no es un producto de la escuela, o sea del trabajo y la disciplina, sino del potrero, o sea el reino de la libertad. La indolencia es siempre vista como una gran virtud. Zumelsu, un jugador, también del equipo de 1930, es definido del siguiente modo:

"Es el monumento del criollo: entre aristocrático y haragán, está en la cancha con señorío, pero sin preocupaciones. Pasea. Y a cada momento se agacha a atarse los botines" (mi subrayado) (El Gráfico, 1931, 633: 16).

En la caracterización de Paternoster se menciona explícitamente su reducido tamaño físico. En la relación entre estilos y cuerpo, Paternoster compensa su escaso tamaño con su habilidad y técnica. El autor de la nota sólo confirma, con un caso muy especial, la teoría desarrollada por Chantecler, algunos años antes, sobre la necesaria relación entre cuerpo y estilo. Según Chantecler el estilo europeo -que se caracteriza por ser pesada, lento, fuerte, disciplinado y armónico en la acción colectiva- necesita de hombres "grandes y fuertes". El estilo criollo -que se caracteriza por ser liviano, veloz, afiligranado, mayor habilidad individual y menos acción colectiva- necesita de hombres "pequeños y débiles" (El Gráfico, 1928, 467: 21).

Paternoster es un claro ejemplo de hombre "pequeño y débil", ejemplo de habilidad. La habilidad se opone a la fuerza. Los exponentes del estilo criollo han de ser "hombres débiles pero con una gran habilidad". Esto no quiere decir que no existan en el fútbol argentino de esa época "hombres grandes y fuertes" o que, llegado el caso, un equipo necesite de ese tipo de jugador. Las semblanzas personales de El Gráfico se van a construir sobre estas diferencias. En 1940 El Gráfico publica un conjunto de semblanzas de jugadores del pasado. El autor va a ser otro gran periodista de este semanario, Félix D. Frascara. Sus notas tienen el sugestivo título de "Cara y ceca". Veamos algunos ejemplos.

"(Perinetti) fue siempre un cultor de la delicadeza... vio en el fútbol un entretenimiento, pero también una creación artística. Jugador de calidad excepcional... en la técnica del fútbol constituyó una de las auténticas expresiones de clasicismo... (Carricaberry es la) antítesis completa... Perinetti el hombre-centro. Carricaberry el hombre-gol. Perinetti expresión máxima de lo clásico. Carricaberry claro exponente de lo material. Aquél suavidad, éste la energía... Perinetti fue un tradicionalista y Carricaberry un innovador. Aquél un objeto de arte, éste una máquina productiva. Despreció la gambeta y el centro a cambio de la cortada y el shot... Carricaberry impresiona. Perinetti deleitaba. Cara y ceca" (El Gráfico, 1940, 1105: 35).

Las dicotomías están claramente presentadas: lo clásico (tradicional) espiritual se enfrenta a lo material, la suavidad a la energía, el arte a la máquina, la gambeta al shot y el deleite a la pura impresión. Frascara concluye vinculando esas cualidades individuales a las características de los equipos. El Racing Club de Perinetti será llamado "la academia" (o sea la tradición y lo clásico) mientras que el San Lorenzo de Almagro de Carricaberry será conocido como "el ciclón" (o sea la fuerza)12.

Frascara opone los estilos de dos delanteros centros de la década del '30: Gabino Sosa y Bernabé "La Furia" Ferreyra:

"(Sosa) agotaba todos los medios para llegar al fin con máxima elegancia... construía lento, delicado, suave... ponía el cerebro en cada planteo... trabajaba 'a mano'... (Ferreyra) iba bruscamente hacia el fin sin considerar los medios... fuer siempre un destructor... rápido, instintivo. Rudo, ponía todo el cuerpo en cada shot... trabaja 'a máquina'" (El Gráfico, 1940, 1107: 4).

Aquí vuelve a aparecer la dicotomía entre "a mano" y "a máquina". Sin embargo el contexto varía levemente. "Arte" se refería anteriormente a instinto, improvisación creadora. Sosa aparece como cerebral, o sea es un arquitecto, es un verdadero artesano que, poco a poco, elabora su obra. Sosa no es necesariamente un artista sino un artesano, fino y delicado, cerebral y pensador. Ferreyra es instintivo en el uso del cuerpo y, en ese sentido, es un destructor. La oposición entre cerebro y cuerpo, como si el cerebro no fuera parte de la actividad muscular, aparece como irreconciliable. De algún modo la oposición fundamental entre habilidad y fuerza se transforma en la oposición entre cerebro y cuerpo.

La siguiente comparación es entre dos medios centros: Zumelsu del Racing Club y Monti de San Lorenzo de Almagro. Es importante recordar que en el equipo del mundial de 1930 este puesto estuvo entre estos dos jugadores y finalmente Monti fue elegido como titular. Podemos leer que:

"(Zumelsu fue) un frac... fue uno de los futboleros más espirituales... aristocráticos... elegantes en la apostura... indolente. El mismo no rehuyó el calificativo de "haragán"... quite limpio, de pase corto, de acción pulcrísima, todo inteligencia... se divertía... (mientras que Monti) una blusa de operario, tanque, pujante, nervioso, perecía tallado en piedra... verdadero generador de energías... batallador incansable, fornida estampa de atleta, recio en la lucha áspera. Su ambiente fue el combate... batallaba" (El Gráfico, 1940, 1107: 5).

En esta comparación surge un nuevo contraste entre aristócrata y obrero. Zumelsu porque es espiritual, elegante, no trabaja, es pulcro y refinado, es un aristócrata. Monti, por el contrario, es obrero porque trabaja, usa su cuerpo y su fuerza física, genera energías, es fornido, es un gran batallador y amante del combate. Zumelsu, un aristócrata, está en la vida para divertirse, mientras que Monti, un obrero, está hecho para la lucha.

Lo paradójico en estas semblanzas es la aceptación explícita de distintos tipos de jugadores, cada uno con su estilo, su cuerpo y sus virtudes masculinas. En el fútbol argentino en esa época, como en la actualidad por otro lado, los dos tipos coexistían en los equipos y sus cualidades divergentes no impedían que el público se identificara con ellos. Las semblanzas son claras y es también clara la conclusión: el estilo propio, el estilo criollo de jugar, no necesita de la fuerza para imponerse. Peucelle, Paternoster, Sosa y Zumelsu aparecen como los representantes de una manera de jugar diferente. La identidad se construye en una doble relación: se definen los "otros" lejanos y posteriormente los cercanos. Una vez hecho esto los "otros" cercanos se parecen a los lejanos. Los contrastes con el fútbol inglés sirven en la representación de los "otros" cercanos.


A modo de conclusión
El Gráfico, como he hecho notar antes, pertenece a un conjunto de revistas modernistas que en la Argentina de esa época difunden ideas asociadas a la importancia de vivir una vida ordenada, sana, al aire libre y disciplinada13. Sin embargo, la narrativa del fútbol argentino que desarrolla en la primera década después de su fundación y los valores masculinos asociados a ella adquieren un tono claramente antimoderno. Frente a los valores tecnocráticos y su lenguaje, expresado en la importancia del "trabajo", la "máquina", la "ciencia" y el "juego colectivo", la narrativa de El Gráfico opone la "indolencia", el "arte", la "intuición" y el "individualismo". Estos últimos valores son los que van a definir un estilo nacional y una tradición criolla. Por lo tanto, la cultura del fútbol expresada en El Gráfico deriva en gran medida del conflicto entre estos aspectos modernos y antimodernos. La oposición y el contraste con el estilo "británico" o "inglés" debe verse desde esta perspectiva.

El jugador ideal de fútbol, fiel representante del estilo nacional, aparece bastante alejado del modelo del gaucho y del compadrito en donde el coraje, la bravura y la fuerza física son determinantes. Hay jugadores, sin embargo, que pueden tener esas características pero que, de acuerdo con la narrativa de El Gráfico, no son centrales en la definición de un estilo nacional. En la narrativa de la revista, el fútbol no se concibe como un rito de pasaje necesario para que un adolescente devenga un verdadero hombre. Al contrario, la imagen privilegiada del jugador ideal es la de un "pibe": el auténtico jugador argentino no deja nunca de ser un niño.

Si aceptamos la idea de que una nación se construye a través de sus diferentes narrativas, la comparación entre las estrategias literarias serias y populares, en este caso representada por El Gráfico, es pertinente. A través de estas representaciones no sólo aparecen imágenes diferentes de la masculinidad sino que lo nacional aparece claramente en toda su ambigüedad e indeterminación conceptual. Este análisis sería aún más interesante si incluyéramos en la imagen de lo masculino a los escritores nacionalistas de esa época. La importancia del poder físico-muscular y espiritual cristiano representado por un ejemplar padre de familia ocuparía un lugar prominente en esta narrativa. En los mundos en que se mueven los gauchos, los compadritos y los futbolistas no hay espacio para una reflexión sobre el rol de la sexualidad normal y la familia, es un mundo dominado por las relaciones entre hombres en donde lo central es el duelo, el juego y el deporte.

Espero haber demostrado el rol de El Gráfico en la transformación del fútbol en un texto cultural, en una narrativa que sirve para reflexionar sobre lo nacional y lo masculino. Lo mismo debería poder decirse sobre el resto de la prensas escrita de esa época y desde comienzos de siglo cuando el fútbol se convierte en uno de los pasatiempos favoritos de los argentinos y de los porteños en particular. Las citas de El Gráfico pueden parecer extremadamente largas. Esto se explica no sólo por el contenido sino por mi intención de mostrar el tipo de prosa empleada. No debemos olvidar que en esa época la competencia con la radio si bien existía no era determinante y la televisión no existía. Los periodistas y escritores deportivos estaban convencidos del poder de representación del fútbol y con toda razón lo explotaban al máximo. Borocotó, Chantecler y Frascara, entre tantos otros, desarrollaron un extraordinario estilo visual y auditivo que es muy difícil de encontrar en el periodismo deportivo actual argentino. Las descripciones minuciosas de las jugadas que hace Chantecler son antológicas: el lector puede ver una bicicleta y oír los aplausos del público ante semejante hazaña. Leer El Gráfico actual, versión 1994, sería para muchos de los lectores de este artículo una gran desilusión.


Notas
* Este artículo fue presentado en el 48º Congreso Mundial de Americanistas, Estocolmo-Uppsala, 4-9 de julio, 1994. Agradezco los comentarios de los participantes del grupo de trabajo sobre "The Power of Gender Imagery in Latin America" y especialmente las críticas y sugerencias de Kristi Anne Stølen y Marit Melhuus. Posteriormente Amílcar Romero, Carlos Ferreira, Rosana Guber y Sergio Visacovsky leyeron el trabajo y advirtieron un conjunto de inconsistencias y oscuridades. Agradezco también las sugerencias de Juan Carlos Torre y las críticas de un anónimo comentarista.

  1. Más adelante veremos que los estilos masculinos de El Gráfico se basan en la exacerbación de la contradicción evidente entre elegancia y fuerza. Los escritores de El Gráfico van a poner el énfasis en la elegancia cuando se trata de definir el estilo nacional. Si bien reconocen la existencia y la importancias de la fuerza física en un equipo, ésta no será exaltada. Los escritores nacionalistas, por el contrario, van a insistir en la importancia de la fuerza y el sentido heroico de la vida (el culto del coraje físico) como elementos purificadores que permiten mantener el orgullo, la dignidad y la solvencia moral de los hombres (ver Navarro Gerassi, 1969: 43; Rock, 1993: 18; Ibarguren, 1934: 139; Ibarguren, 1971:31). Sin embargo, el modelo de masculinidad enfatizado no sólo depende del coraje, sino de virtudes morales vinculadas con el espiritualismo de inspiración católico.

  2. Borges editó en 1945, juntamente con Sylvina Bullrich, un libro con textos sobre el compadrito dividido en dos secciones: su destino y su música. En el prólogo Borges escribe:
    "El compadrito fue el plebeyo de las ciudades y del indefinido arrabal, como el gaucho lo fue de la llanura o de las cuchillas. Venerados arquetipos del uno son Martín Fierro y Juan Moreira y Segundo Ramírez Sombra; del otro no hay todavía un símbolo inevitable, aunque centenares de tangos y de sainetes lo prefiguran. Por lo demás, la primacía literaria del gaucho es quizás nominal: en el cuchillero Martín Fierro (como en Hormiga Negra y en otros paladines congéneres) la gente cree admirar al gaucho, pero esencialmente admira al compadre, en el sentido peyorativo de la palabra. Lo prueba el hecho de que el episodio más familiar de nuestra epopeya (sigo la clasificación de Lugones) es la pelea con el negro en el almacén" (Bullrich y Borges, 1945:7).

  3. La presentación de El Gráfico sobre la fundación criolla, lo criollo y la aparición de un estilo "nacional" sigue teniendo vigencia ya que en las interpretaciones más contemporáneas de la historia del fútbol argentino esta hipótesis es aceptada sin mucha discusión (ver Bayer, 1990: 21; Cerutti, 1992: 3; Lázaro, 1993; Uzquiza, 1994; Fabbri, 1994; La Nación, 1, 1994). Los textos "liminares" de Borocotó han sido reproducidos y comentados con cierta regularidad (ver La Maga, 1994, 2, y Lázaro, 1993) y se utilizan en escuelas de periodismo como textos canónicos, como, por ejemplo, en los programas de la prestigiosa Taller Escuela Agencia de Periodismo Deportivo de Buenos Aires.

  4. La práctica del fútbol se extiende tempranamente por la Argentina y provincias como Tucumán, Santiago del Estero, Santa Fe y Mendoza tienen clubes y ligas establecidas ya en torno de 1915. Incluso hasta 1930 habrá un "campeonato nacional" con equipos representando a las provincias que se enfrentan a poderosos equipos de la Capital Federal. Sin embargo, la narrativa histórica de El Gráfico, como las historias más recientes, toman como punto de partida la historia del fútbol profesional. Por lo tanto, los clubes de Buenos Aires, La Plata, y a partir de 1938, los de Rosario que se incorporan al profesionalismo, constituyen el eje de la reflexión central. Cuando se reconstruye el pasado se lo hace desde Buenos Aires, adonde emigraban los mejores jugadores del interior, y se mira no sólo la importancia y el peso de sus clubes en el país sino en el impacto que tienen en el exterior. Un ejemplo claro de esto es la última historia del fútbol del diario La Nación (1994) en donde ninguna liga del interior de la Argentina es estudiada. Es importante no olvidar que el primer verdadero campeonato nacional con clubes del interior se juega por primera vez en 1967.

  5. A pesar de la relación que se establece entre tango y fútbol, como productos del arrabal, del barrio y del "alma criolla" y que persiste hasta la actualidad hay pocos tangos que tienen como tema el fútbol (ver Polimeni, 1994). Uno de los pocos tangos con textos de fútbol que sobrevivió al paso del tiempo es "El sueño del pibe" de 1943 (ver Romano, 1991: 321).

  6. El Gráfico establece de una manera clara la importancia de "la tradición y la fundación británica" del fútbol argentino. No hay ninguna confusión entre lo "británico" y lo "inglés" ya que los apellidos de origen irlandés, escocés, galés o inglés, indican la "mezcla" de lo "británico". En el lenguaje de la revista el término británico es político y no étnico.

  7. Es importante señalar que aunque en términos de estilo el "otro" relevante sea el estilo "británico", los escritores de El Gráfico saben que no se puede jugar contra los "británicos" sino solamente contra los equipos nacionales de Gales, Escocia, Inglaterra e Irlanda del Norte. Desde un comienzo en la historia del fútbol argentino el enemigo principal, en el sentido de obstáculo que hay que vencer para alcanzar la madurez y el supuesto reconocimiento universal, es Inglaterra. No sólo han inventado el fútbol moderno y sus reglas sino que lo practican profesionalmente y por ello no se mezclan con los amateurs en las Olimpíadas. En innumerables ocasiones El Gráfico no sólo compara diferentes estilos sino que insiste en la necesidad de seguir el mismo camino de los ingleses y profesionalizar el fútbol nacional. Esto sólo se conseguirá en 1931 con la creación de la liga profesional. Durante décadas los argentinos han de soñar con un triunfo sobre Inglaterra. Leyendo El Gráfico se tiene siempre la impresión de que los triunfos sobre los otros países tienen menor importancia.

  8. El hecho de llamar "fundación criolla" al juego aportado por los hijos de inmigrantes de primera generación seguramente sería considerado como un insulto por los escritores nacionalistas de la época. Precisamente, los nacionalistas están en contra de los inmigrantes porque éstos contaminaban la "esencia nacional" y "ensuciaban al país" (Rock, 1993: 41-2). En el mundo del fútbol los inmigrantes y su creatividad permiten que el estilo nacional aparezca, se fortalezca y se reproduzca en el tiempo. La identidad nacional en el fútbol pertenece a los hijos de inmigrantes, es un hecho cultural creado al margen del "criollismo" de los nacionalistas. La narrativa de El Gráfico es un homenaje a los hijos de extranjeros excluyendo, explícitamente, a los hijos de los británicos. La exclusión de los hijos de británicos puede leerse como una concesión al "antiimperialismo británico" de los nacionalistas por parte de los escritores de El Gráfico. Creo, sin embargo, que El Gráfico colabora, a su manera, en definir lo "británico" como el "otro" relevante para los argentinos en el campo del deporte. En esa dirección la revista va a defender la salida de los jugadores argentinos al extranjero e incluso que puedan jugar con los seleccionados nacionales de los países donde son definidos como "oriundos" (el caso de Italia será flagrante en el mundial de 1934 con cuatro argentinos en el equipo campeón). Esos jugadores serán considerados como embajadores del fútbol "criollo". El Gráfico escribe:
    "No debemos ser egoístas. Orsi, Cesarini, Stábile y todos aquellos que traspongan las fronteras en busca de mejores horizontes y rumbo a países que los necesitan, deben ser mirados como la vieja España miraba partir a sus Adelantados. Van hacia la conquista de otras multitudes. Ya nos resulta un poco chico el país y una buena lección de fútbol dada en nuestras canchas no deslumbra a nadie. Hace muchos años que en el arte de gambetear y marcar goles venimos haciendo cátedra; por eso es preciso salir, los buenos jugadores que nos prestigian en el extranjero habrán hecho obra patriótica. Stábile va a Italia, no a defender el fútbol de la península, no que el criollo, por cuanto es un criollo el que la juega" (1930, 589: 37).
    Este "estilo" será reconocido por los italianos y documentado en la historia del fútbol italiano (ver Brera, 1978: 98, y Papa y Panico, 1993: 158-63). Este reconocimiento servirá para consolidar esta imagen (ver Mason, 1995: 15-44). Los argentinos se verán en el espejo italiano y europeo, y los europeos al importar a los jugadores argentinos más técnicos, generalmente ofensivos, y diferentes, ayudarán a reforzar esa imagen. Los jugadores argentinos menos dotados técnicamente y más trabajadores no serán pensados como representantes de ese estilo.

  9. Sin lugar a dudas el proceso de criollización no sólo se dio en Buenos Aires, como he observado anteriormente, pero fue más relevante en el fútbol de esta ciudad por el peso de los equipos y la tradición de los colegios "británicos". Jorge Brown, el jugador modelo del Alumni y del seleccionado argentino de comienzos de siglo, comenta que el estilo "criollo" de 1921, "más fino y artístico", es diferente del estilo de Alumni, que era "más brusco, pero viril, hermoso, pujante" (El Gráfico, 1921, 107: 11). En 1924, al comentar los éxitos del fútbol rioplatense, expresa que hay que "vigilar al fútbol (argentino)... a fin de que las virtudes latinas tengan su complemento con la perfección de la técnica británica" (La Nación, 10-6-1945: 5). Brown reconocía los cambios y la presencia de un estilo y de virtudes que no eran originalmente británicas y que Alumni representaba. En consecuencia, el imaginario de El Gráfico era compartido incluso por actores privilegiados y con cierta autoridad como Jorge Brown.

  10. Muchos años después Borocotó podrá realizar un sueño al escribir el guión de la película "Pelota de trapo", dirigida por Leopoldo Torres Ríos en 1948 y que tuvo un gran éxito comercial. Borocotó consigue amalgamar la esperanza de los pibes, el barrio, el potrero, la amistad, la familia y la importancia de la lealtad a la camiseta y al club del barrio en una película que es un clásico del género (ver Maranghello, 1984, y Ferreira, 1994).

  11. Este ejemplo es bastante claro sobre el modo en que El Gráfico trata lo "británico" y lo "inglés". La "tradición británica" aparece como genérica, pero los jugadores, aunque representen esa tradición, tienen nacionalidades diferentes. En este caso, el jugador internacional de la foto es inglés.

  12. La contradicción entre elegancia y fuerza a nivel individual dará lugar posteriormente a la oposición entre fútbol "serio" y fútbol "alegre" (El Gráfico, 1949, 1549: 8-12). Los cinco grandes del fútbol argentino son pensados a partir de esta dicotomía: Boca Juniors y San Lorenzo de Almagro serán los "serios", con un estilo basado en la fuerza y la agresividad, y River Plate, Independiente y Racing serán los representantes del fútbol "alegre" basado en la elegancia, la improvisación y la creatividad. Las diferencias de estilo aparecen en la década del veinte y El Gráfico, también las asocia al "gusto" de las hinchadas (ver El Gráfico, 1931, 636: 13).

  13. Sobre la importancia de la creación a través de la prensa de estilos y espectáculos deportivos nacionales ver Oriard (1993) y Leite Lopes y Faguer (1994).


Bibliografía

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revista digital · Año 4 · Nº 16 | Buenos Aires, octubre 1999