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Práctica deportiva y drogodependencias:
revisión conceptual y diseño de un programa

   
Universidad de Málaga
(España)
 
 
Belén Palomo Cisneros
Antonio Hernández Mendo

mendo@uma.es
 

 

 

http://www.efdeportes.com/ Revista Digital - Buenos Aires - Año 10 - N° 82 - Marzo de 2005

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1. Las drogas

    El consumo de drogas en la humanidad es un hecho muy antiguo, ya que el hombre ha utilizado sustancias con capacidad de modificar la percepción desde tiempos ancestrales. Algunas veces se utilizaban con carácter curativo, otras para distanciarse de la realidad, otros con contenidos mágico - religiosos, otras como forma de confirmar la cultura autóctona, etc. Estos usos han ido evolucionando en las sociedades en las que se inscribían, sin embargo, nunca en la historia de la humanidad se había producido un consumo tan masivo y globalizado de sustancias con actividad en el sistema nervioso central como en la segunda mitad del S. XX.

    La modificación producida ante el consumo está teniendo consecuencias a muchos niveles y especialmente a niveles económicos y legales. Por otro lado, la aparición de las graves consecuencias sanitarias de ciertas formas de consumo, con el desarrollo de epidemias como el VIH, está también provocando una reflexión sobre la capacidad de nuestra sociedad para aceptar el consumo de sustancias de forma controlada (Pantoja y Abeijón, 2003).


1.1. Definición

    La definición de la palabra droga ha resultado difícil, aunque algunos de los criterios que han sido consensuados lo consideran un conjunto de sustancias muy diversas, con pluralidad de efectos sobre el sistema nervioso, de las que se hace uso por razones muy diferentes, sustancias que se pretenden limitar, regular, controlar o perseguir por motivos que van desde el dominio comercial hasta la salud. Otras definiciones pueden ser las siguientes; "sustancias con capacidad de acción sobre el organismo humano cuando son incorporadas a él" (Funes,1996, p.33).Estas sustancias, directa o indirectamente, van a actuar sobre los órganos o los sistemas responsables del pensamiento, las emociones o el comportamiento. Según Pérez (2000), droga es cualquier sustancia farmacológicamente activa que actúa sobre el sistema nervioso central (SNC) y ocasiona modificaciones y alteraciones en su funcionamiento normal.

    Cuando una persona ingiere alguna sustancia y altera el estado psíquico que tiene en ese momento puede estar influyendo en cuatro elementos que son: las expectativas, la institucionalización, la relación social y el contexto vital en el que se usan. Respecto a las expectativas resaltar que en los adolescentes van a tener mayor importancia que los propios efectos. Aunque esas drogas estén institucionalizadas los adolescentes lo harán de la manera menos formal posible, por ejemplo, si es alcohol, realizará su consumo en la calle y no en el bar, mejor de noche que de día. Respecto a la relación social destacar que los adolescentes siempre se encuentran en grupo y en una búsqueda continua de la propia identidad. Por último, comentar que el consumo de las drogas depende del conjunto de contextos y necesidades en las que se desarrolla la vida de cada persona. (Funes, 1996).


1.2. Vías de administración

    Uno de los factores que influyen en los efectos de la droga sobre el organismo es la vía de administración que se utilice. Según Mecías (1999) se pueden distinguir entre:

Ingestión: Cuando es ingerida oralmente ha de ser absorbida por la sangre que pasa a través del estómago o el intestino, pasará después por la acción del hígado y llegará posteriormente al corazón, los pulmones y el cerebro. Además, habrá mayor absorción si el aparato digestivo está vacío de alimentos. Esta vía, normalmente lenta, no será la más usada cuando se consumen drogas con la finalidad de modificar las condiciones psíquicas personales, salvo sustancias muy concretas como el alcohol, que en poco tiempo se aprecian sus efectos.

Mascada: La entrada de la sustancia activa se realiza a través de la trituración y de la absorción por medio de la mucosa bucal. Su efecto se considera más rápido que el de la ingestión.

Intranasal: Se absorbe a través de la mucosa nasal. Su uso se ha popularizado a través del consumo de cocaína.

Inhalación: A través de la vía oral y nasal la sustancia es absorbida a los pulmones y en 7 - 20 segundos llega al cerebro. Dicha vía de administración genera cuadros de dependencia muy graves y de instauración rápida.

Fumada: Se considera una variante de la inhalación que consiste en fumar la sustancia pura o mezclándola con tabaco.

Administración intravenosa: Produce un mayor rendimiento coste - efecto para el consumidor. Este medio de consumo conlleva graves riesgos de sobredosificación, intoxicación e infección y junto a la vía inhalatoria, es la más rápida en crear dependencia.

Administración intramuscular o subcutánea: Es la vía menos empleada siendo usada por principiantes que no saben o temen utilizar la vía intravenosa y por consumidores en las fases finales cuando ya les resulta difícil encontrar vasos sanguíneos utilizables.

    La droga es eliminada del sistema circulatorio por metabolización y expulsada al exterior. La duración de la acción de una droga dependerá de la velocidad con la que el organismo pueda metabolizarla y eliminarla. (Funes, 1996).


1.3. Clasificación de las drogas

    Para desarrollar esta clasificación nos guiamos por el trabajo realizado por Caballero y cols. (2004). Las drogas se pueden clasificar siguiendo distintos parámetros. A continuación se van a comentar los distintos tipos que podemos encontrar:

Clasificación según los efectos en el sistema nervioso: Según sus efectos se pueden distinguir tres grandes grupos:

  • Los estimulantes como la cocaína, las anfetaminas o la cafeína.

  • Las drogas sedantes o depresoras como el alcohol, la morfina o la heroína.

  • Las drogas alucinógenas, como el LSD, los pegamentos y el peyote.

Clasificación según el tipo de dependencia: Se pueden clasificar en dos grupos:

  • Drogas que provocan dependencia física. Este tipo de dependencia se da de forma ajena a la voluntad del consumidor. Se debe a un cambio que se produce en el organismo después de repetidas ingestiones produciéndose una adaptación y una necesidad de consumo para seguir funcionando. Los síndromes de dependencia física al abandonar el consumo de la droga tienen una duración diversa en función de las dosis, del modo de consumo, del uso paralelo de otras drogas, de la frecuencia y duración en que se ha consumido, de la edad, del sexo, de la salud y las características genéticas. Dicha dependencia se considera una de las principales causas de reincidencia en el consumo después de un periodo de abstinencia.

  • Drogas que provocan dependencia psíquica: Son las dependencias que, por hábito, entran a formar parte de su rutina, aunque el sujeto tiene capacidad para decidir si quiere abandonar el consumo de la sustancia. Los sujetos tienen la percepción de necesidad de consumo. Dicha dependencia desaparece días o semanas después de no consumir la droga.

Clasificación según su grado de dependencia: Cada droga tiene un grado de dependencia distinto. A mayor grado de dependencia más difícil es abandonar su consumo. Otros factores a considerar es la velocidad en que se establece la dependencia, cuantas veces es necesario el consumo para pasar a tener una relación de dependencia con la droga, así como el tiempo que debe pasar entre consumo y consumo para no caer en la dependencia.

Clasificación según su toxicidad: La toxicidad de una droga se establece comparando la cantidad de narcótico que se precisa para alcanzar los efectos deseados. Las drogas que crean tolerancia precisan cada vez más de dosis más altas, por lo que la toxicidad aumenta. A veces la frontera entre el grado de toxicidad deseado y la sobredosis es muy estrecha.

Clasificación según el modo de consumirlas: Existen distintas formas de consumir y algunas drogas se pueden consumir de más de una forma.

    Según el modo de consumo los efectos son más o menos rápidos y la droga más o menos tóxica. La clasificación sería:

  • Intravenosa: Normalmente se disuelve con agua y se introduce dentro del cuerpo a través de una jeringuilla.

  • Humo: Normalmente la droga es mezclada con tabaco y fumada a modo de cigarrillo, pipa o pipa de agua.

  • Ingestión: El consumidor ingiere pastillas, cápsulas, jarabes y líquidos o disuelve sellos impregnados de drogas en la boca.

  • Piel: La droga es asimilada a través de parches cutáneos. Es un método minoritario pero utilizado, por ejemplo, en los programas para abandonar el tabaco con los parches de nicotina.

  • Esnifar: El narcótico se encuentra en estado cristalino, a modo de polvo o también a modo de gas.

Clasificación según la OMS: Según la Organización Mundial de la Salud (OMS) se considera que las drogas de mayor peligrosidad son las que generan en poco tiempo una dependencia física y las que presentan mayor toxicidad. Se consideran menos peligrosas aquellas que crean dependencia psíquica, menor toxicidad y crean dependencia con menor rapidez. Por orden de menor a mayor peligrosidad se consideran: los alucinógenos (LSD), los estimulantes (anfetaminas, cocaína...), los hipnóticos (barbitúricos, morfina...), los opiácidos (el opio y sus derivados).

Clasificación entre drogas legales e ilegales: La legislación que prohíbe o permite el consumo de drogas varía en función de los países y de los usos.. Se suele considerar que una droga es legal cuando el consumo es general, tradicional u obedece a razones médicas. Son drogas legales el tabaco, el alcohol y determinados medicamentos de uso terapéutico, el resto son consideradas ilegales.

Clasificación de las drogas según sus orígenes: Según sus orígenes pueden ser naturales o sintéticas. Las naturales son las que se obtienen directamente de la naturaleza como el café, el cannabis, la coca (hoja) o el opio. Las drogas sintéticas con las que se obtienen en laboratorios mediante la sintetización como el LSD, las anfetaminas, el crack, la cocaína y la heroína. En la actualidad este tipo de clasificación ha perdido utilidad como consecuencia de la evolución tecnológica que permite obtener de forma sintética la gran mayoría de las sustancias psicoactivas que antiguamente eran consideradas naturales (Mecías, 1999).

Clasificación según los tipos de drogas de uso recreativo: Las drogas de uso recreativo se consumen por placer o sin receta médica. Dentro de este grupo se distinguen entre las consideradas legales, como el alcohol y el tabaco, y las ilegales como el hachís. El uso de esas drogas es un hecho arraigado en la cultura y la historia occidental. Los grados de aceptación y de consumo varían en función de la droga.


Tabla 1: Clasificación y descripción de los efectos físicos de las drogas más utilizadas (Caballero y cols., 2004).

    La clasificación que se muestra a continuación ha sido tomada de Mencías (1999). Estas clasificaciones complementan a las comentadas anteriormente:

Clasificación según sus efectos en el comportamiento: Unas de las primeras clasificaciones que se dieron fue la de Lewin (1924), en la que realiza una división en cinco grupos según sus efectos:

  • Euphorica: En este grupo se incluye el opio, la morfina, la heroína, la coca, la cocaína, etc. Estas sustancias suspenden las facultades de emotividad y de percepción llevando al sujeto a un estado de bienestar físico y psíquico.

  • Phantastica: Mescalina, cannabis... Son los agentes de las ilusiones y deforman las sensaciones.

  • Inhebrantia: Éter, cloroformo, alcohol... Después de una fase de excitación cerebral dan lugar a una depresión de dicha excitabilidad.

  • Hipnótica: Barbitúricos, bromuro, cloral... Producen sueño.

  • Excitantia: Cafeína, nuez de cola, cacao, té, tabaco, arsénico... Dichas sustancias alteran la conciencia provocando un estado de estimulación cerebral.

Clasificación según la dependencia que crean: Según la clasificación de Isbell (1959) se hace una distinción de dos grupos:

  • Las que originan dependencia psicosocial y física como el opio y derivados (morfina, heroína, metadona, pentazodina, etc.), alcohol, barbitúricos, etc.

  • Las que solo originan dependencia psicosocial como el cannabis y derivados (marihuana, hachís, etc.), coca, cocaína, LSD, mescalina, anfetaminas (actualmente la podemos agrupar en el grupo de dependencia psicosocial y física), etc.

Clasificación en drogas duras y blancas: Se consideran drogas duras aquellas capaces de crear dependencia física y blandas aquellas que no crean dicha dependencia.

    A continuación se muestra una clasificación general planteada en el trabajo de Funes (1996).


Figura 1: Clasificación de las drogas (Funes, 1996).


1.4. Dependencia, tolerancia y síndrome de abstinencia

    Para desarrollar este apartado nos centramos en el trabajo de Caballero y cols. (2004).

Dependencia: Cuando una droga se consume repetidamente puede desarrollarse una necesidad de seguir tomándola. Este proceso se conoce como dependencia y puede ser psicológica y/o física, siendo las más frecuente la psicológica. Esta última se presenta cuando una persona experimenta un gran deseo de obtener las sensaciones que le proporciona la droga como pueden ser: exaltación, euforia, estimulación, sedación, hipnosis, alucinaciones o percepción alterada. Puede ocurrir que ese sujeto llegue a preferir el estado modificado de conciencia a un estado de normalidad. Existen una serie de factores que influyen en la dependencia psicológica como pueden ser las características de la persona que consume, el contexto, las expectativas de los efectos que se encuentran asociados a las circunstancias psicosociales y a los estados emocionales y por último, al tipo de droga y vía de administración (Pérez, 1997). La dependencia física aparece cuando el organismo, tras haber sufrido unos cambios fisiológicos a causa de la droga, presenta la necesidad de la acción de dicha sustancia para continuar funcionando.

Tolerancia: Es un estado de adaptación caracterizado por la disminución de las respuestas con la misma cantidad de droga o por la necesidad de aumentar la cantidad de sustancia administrada para conseguir los efectos esperados, por lo tanto, una droga produce tolerancia cuando es necesario aumentar la cantidad consumida para experimentar los mismos efectos. Es considerado un indicio de alteración metabólica provocado por un consumo crónico del que el organismo intenta defenderse. Se pueden distinguir dos tipos de tolerancia:

Tolerancia inversa / tolerancia recíproca: Se produce en el individuo que se hace tolerante a otras drogas de acción semejante. Este efecto se produce en ciertas drogas del mismo tipo.

Tolerancia cruzada: Al tomar una droga aparece tolerancia a otra del mismo tipo, pero incluso a drogas totalmente distintas. Esto se debe a la estructura química o las características de una determinada droga.

Síndrome de abstinencia: Se considera al conjunto de síntomas que aparecen al suprimir o retardar el consumo de una droga. Las características de esta sintomatología van a depender de varios factores como el tipo de drogas, las dosis, la calidad de la droga, la vía de administración, la motivación del sujeto frente a la droga, etc. Algunos de los síntomas que pueden aparecer son: un deseo incontrolable hacia las conductas adictivas, un dolor físico inexplicable, agotamiento o enfermedades físicas, sustitución de unas adicciones por otras, pautas irregulares en los hábitos de sueño y comida, desesperación y miedo, pensamientos de suicidio, aislamiento, altibajos emocionales, obsesión con fantasías, etc.


1.5. Los opiáceos

    Para desarrollar las características de las distintas drogas que van a ser comentadas a continuación nos hemos basados principalmente en el trabajo de Snyder (1992).


Origen

    El opio es la sustancia resinosa que se obtiene de la cápsula de la flor de una adormidera, la Papaver somniferum. La planta y la resina (el opio) han formado parte de la medicina a lo largo de los siglos. Desde el punto de vista químico, un 20% del opio está compuesto por alcaloides (sustancias alcalinas con propiedades farmacológicas). Entre los más importantes están algunos que conocemos por su uso médico: la morfina, la codeína, la tebaína, la narcotina y la papaverina. La morfina fue integrada como medicamento a partir de 1818, considerándose como el más notable medicamento descubierto por el hombre. Hasta que se comprobaron sus problemas de tolerancia y dependencia, fue incluso considerada como remedio de los problemas generados por el opio y el alcohol. En las últimas décadas del siglo pasado, el uso analgésico y la moda cultural imperante en las clases sociales altas la convirtieron en la droga por excelencia. La heroína surgió a partir de 1874 mediante una transformación de la morfina. En 1898 la compañía Bayer la puso a la venta en todas las farmacias y hasta 1925 se comercializó libremente. Desde la Segunda Guerra Mundial hasta nuestros días, la industria farmacéutica descubrió y produjo múltiples productos analgésicos de acción similar a los opiáceos.


Efectos

    Se ha comprobado que los opiáceos alivian el dolor en la médula espinal elevando los umbrales de la percepción dolorosa, por lo que no es tanto la actividad analgésica de los opiáceos como la apreciación subjetiva del dolor. Se puede encontrar una gran cantidad de receptores opiáceos en el sistema límbico, lo que da una explicación general de los cambios emocionales causados por los opiáceos, especialmente la euforia que producen las inyecciones de heroína.


La adicción

    Los farmacólogos suelen considerar que la adicción consta de tres componentes que son: la tolerancia, la dependencia y la conducta de búsqueda y obtención de la droga. La tolerancia se define como la adaptación del organismo al consumo repetido y continuado de una sustancia (Pérez Calvo, 2000). La forma más destacada de la tolerancia a los opiáceos y a otras drogas adictivas reciben el nombre de tolerancia celular. Quienes la adquieren apenas responden a la droga aun cuando ésta se halle tan concentrada en su sangre y en su cerebro como en los de cualquiera que haya tomado esa droga por primera vez (Snyder,1992). Todas las drogas pueden producir dependencia, considerándose ésta como la necesidad real de consumir una determinada sustancia anteponiéndose a todo y llegando a perder el control sobre ésta y sobre su voluntad. Se considera que los principales elementos que muestran la dependencia o la adicción a las drogas son: el mayor deseo compulsivo de consumo cuando se intenta disminuir, hábitos de consumo ritualizados y estereotipados, deseo de suprimir el consumo aunque ingiera habitualmente, se produce una neuroadaptación del organismo a la sustancia, se da una justificación explícita de los consumos, se prioriza la conducta de búsqueda y consumo y se produce un reinicio del consumo posteriores a periodos de abstinencia (Pérez Calvo, 2000).

    La conducta de búsqueda compulsiva de droga resulta muy difícil de demostrar en los animales, incluso hay científicos que consideran que es un fenómeno peculiarmente humano. Algunos científicos consideran que dicha conducta de búsqueda es un fenómeno sociológico, sin embargo, otros estiman que tiene un componente biológico, ya que cuando alguien se vuelve adicto a los opiáceos experimenta cambios fisiológicos que le genera dependencia a esas drogas. La distinción entre uso y abuso y, por consiguiente, el riesgo de adicción, depende sobre todo de los efectos agradables obtenidos, de la rapidez de aparición de los efectos, de la disponibilidad de la sustancia e iniciación al consumo y de una valoración social y funcional no nociva (Funes, 1991).


En la actualidad

    Se ha podido observar una disminución del número de heroinómanos sin que sea uniforme en todo el territorio. Un importante cambio que se ha producido está relacionado con las vías de administración. La mayoría, al menos en su inicio, ya no lo hacen inyectándose, sino que la fuman, y en menor grado, la esnifan o inhalan sus vapores. Hoy en día no se considera la droga central entre los jóvenes, pero sí fue el centro de la crisis social de drogas desde mitad de los años 70 hasta el inicio de los 90. Entre los adolescentes de barrios con grandes carencias, la heroína sigue estando presente en edades tempranas. (Funes, 1996).


1.6. Los estimulantes

    La cocaína y las anfetaminas son los principales estimulantes conocidos en el mundo occidental y son drogas que muestran utilidad terapéutica y posibilidades de abuso. Son drogas que aumentan el tono general y agilizan el entendimiento, por lo que puede ser un buen medio para optimizar el rendimiento mental y probablemente, para aliviar la depresión, pero existe el riesgo de que se abuse de ellas debido a la dependencia que pueden generar. Respecto a los efectos que producen en el cerebro no se encuentra distinción entre la cocaína y las anfetaminas, pero si surge alguna diferencia es debido a las distintas velocidades de entrada en el cerebro, que depende del modo de consumo. La cocaína difiere de la anfetamina en su estructura química, pero la mayoría de sus efectos psicoactivadores son muy parecidos. Quienes toman estas sustancias suelen indicar que se produce una euforia a través de sensaciones de energía, fuerza y claridad mental. Dichos consumidores pierden el apetito, pero se hacen tolerantes a este efecto en el plazo de un mes.

    En el pasado se consideraban estos productos como la clave de la salud, la felicidad y la productividad, pero actualmente, sobre todo la cocaína, ha llegado a suponer una gran amenaza contra el bienestar individual y social. (Snyder,1992).


1.6.1. La cocaína

Origen

    La civilización inca del Perú le otorgó a la coca un carácter ilustre y su uso estaba reservado para las castas real y sacerdotal. Las hojas de la coca eran consideradas símbolo de la divinidad. Con el tiempo, los mayores consumidores pasaron a ser las clases populares peruanas, transición que se aceleró después de la conquista española del Perú por Francisco Pizarro en 1533. A mediados del siglo XIX empezaron a entrar en Europa grandes cantidades de hojas de coca y su difusión por Europa, y luego por los Estados Unidos, se debió al químico corso Angelo Mariani, quien en 1893 patentó el "Vin Mariani", extracto de coca diluido en vino que no tardó en ser la bebida más popular de Europa. Posteriormente, en 1886, el boticario georgiano John Pemberton, ideó la fórmula de la Coca-Cola. Comenzó vendiéndola como remedio de las cefalalgias y como estimulante. A comienzos del siglo XX se empezaron a advertir los peligros de adicción de la cocaína y por ello, fue eliminada de la Coca-Cola y se le sustituyó con un aumento de la presencia de la cafeína.

    Entre los primeros investigadores médicos de la cocaína pura se encuentra Sigmund Freud, que estaba interesado en averiguar si los efectos estimulantes serían útiles para tratar el agotamiento nervioso. La probó él mismo y enseguida experimentó las sensaciones que los indios sudamericanos conocían desde hacía milenios como son: los sentimientos de euforia, despeje mental, energía e inapetencia. Llevó a cabo varios estudios experimentales y demostró el aumento de la fuerza muscular producido por la droga. Difundió su interés ante tal sustancia entre la comunidad médica europea y a finales del siglo XIX era recetada con bastante asiduidad, pero comenzaron a aparecer los efectos perjudiciales de su consumo, destacándose la aparición de trastornos psicóticos.

    William Halsted, primer cirujano jefe del Johns Hopkins Hospital, inventó la anestesia local bloqueadora de los nervios. Su técnica consistía en inyectar cocaína en los nervios periféricos bloqueando la conducción de las fibras nerviosas que transmiten sensación. Hoy en día dicha técnica sigue aplicándose. En 1905 se introdujo la procaína, anestésico local similar a la cocaína que produce en el paciente menos estimulación mental.

    A los cinco años, cuando la planta ha madurado, se recolectan tres veces al año las hojas, que constituyen la parte que contiene las sustancias farmacológicamente activas. Las hojas de coca contienen seis grupos de alcaloides, entre los que se destaca la cocaína pura o cocaína base que no es disoluble en el agua y sí en éter y en ácidos, con los que forma sales que ya son hidrosolubles. Una de estas sales, el clorhidrato de cocaína, es la que comúnmente se usa, conocida como cocaína. Es posible obtenerla también con procedimientos semisintéticos, a base de transformar alguno de los otros alcaloides de las hojas. Teóricamente también es posible producirla de manera totalmente sintética en el laboratorio, pero es muy larga y compleja.


Vías de administración

    La cocaína puede ser ingerida de diversas maneras, teniendo en cuenta que la vía elegida condicionará una parte importante de los efectos. La inyección intravenosa supone la obtención máxima de efectos, pero estos duran unos escasos minutos. Puede ser fumada, mezclada con tabaco, pero sus efectos son de escasa intensidad, entre otras razones porque una parte de sustancia parece destruirse con la combustión. La manera más difundida es la esnifada, inhalándola por la nariz. Su paso a la sangre se produce mediante la absorción por la mucosa nasal y permite, proporcionalmente, el máximo de efecto y de duración (Funes, 1996).


Consumo

    El Manual sobre Dependencia de las Drogas de la OMS (1975) afirma que la cocaína es probablemente el mejor ejemplo de una sustancia que no ocasiona ni tolerancia ni dependencia física, pero que provoca dependencia psíquica que puede conducir a un tipo peligroso y profundo de farmacodependencia. Cuando los consumos son muy intensos, compulsivos, aparece el descontrol, la situación de dependencia vital y los grandes desequilibrios psíquicos, ansiedad ante la posibilidad de no disponer de la droga. Por lo general, no es una sustancia de largo tiempo de uso y muchos de sus usuarios pasan por etapas sucesivas de control y descontrol. Como en la mayoría de las sustancias estimulantes, el deseo de repetir la toma es el deseo de obtener las veces que sea posible el placer que produce, aunque no genera una búsqueda compulsiva de la sustancia, como puede ocurrir con los opiáceos, pero se debe destacar que un uso continuado y sin moderación puede generar importantes trastornos psíquicos.

    El uso de la cocaína es muy diverso y se pueden encontrar patrones muy dispares que tienen poco en común. Podemos encontrar al consumidor social que sólo consume en fiestas; el consumidor circunstancial también consume en fiestas, pero especialmente para contrastar los efectos negativos, por ejemplo, del cansancio o la alcoholemia; el consumidor situacional tiene su principal consumo en su ámbito laboral; el consumidor elitista consume porque se encuentra en ciertos ambientes de élite en los que la droga es muy disponible y es signo de distinción. Existen otros consumidores cuyo pasado o presente está en relación con la heroína. Pero en la actualidad la cocaína es una droga asociada a cierto nivel económico y social, los consumidores no pertenecen a colectivos con problemas sociales, suelen tener estudios por encima de la media y actividades laborales y económicas que les proporcionan posibilidades de gasto. Se puede considerar que es una droga que es compatible con casi todas las actividades y situaciones de la vida cotidiana, ya que en dosis moderadas puede trabajar sin dificultad e incluso algunos buscan sus efectos como manera de estimular la actividad mental y el rendimiento físico. En algunos colectivos es consumida como neutralizador del abuso del alcohol con el objetivo de poder seguir bebiendo y contrarrestrar la bajada que se produce. En pocos casos es consumida con el objetivo de evadirse o la resolución aparente de problemas personales. Hace tiempo que el consumo de la cocaína ha superado al de la heroína, sin apenas haber generado problemas sanitarios ni especial alarma social, pero esta visión puede alterarse si se elige como vía de consumo la inyección intravenosa.

    La dosis letal de cocaína parece situarse entorno a 1.2 gramos que lleguen al torrente sanguíneo de una sola vez, aunque es una dosis inusual entre los consumidores. Aunque no existe un acuerdo entre los autores, la mayoría coincide en que con una dosis superior a 20 miligramos se manifiestan síntomas de intoxicación en grado muy diverso.

    Existe una forma de abaratar el producto y ganar mercado. El procedimiento que se sigue es disolver la cocaína en agua, se le añade bastante cantidad de bicarbonato sódico, se calienta y se deja secar. El resultado es una nueva pasta en forma de piedras dispuestas para ser fumadas denominadas crack. La forma de consumo es la inhalación a través de sus vapores generando sensación de euforia y sensaciones intensas que desaparecerán a los pocos minutos. La tendencia de repetir y buscar reiteradamente el placer de los efectos provoca un riesgo mayor (Funes, 1996).


1.6.2. Las anfetaminas

    El primer uso de las anfetaminas tenía un propósito terapéutico que consistía en aliviar los síntomas del asma. En la Segunda Guerra Mundial se abusó en gran medida de dicha sustancia y a finales de los años cuarenta estaba produciéndose la primera grave epidemia mundial de abuso de dicha sustancia.

    Las anfetaminas siguen siendo el principal medio para tratar la narcolepsia, pero adquieren tolerancia y cuando se interrumpen las tomas se produce síndrome de abstinencia. Otra aplicación de las anfetaminas se puede encontrar entre los niños hiperactivos. Estudios realizados por psiquiatras infantiles indican que las anfetaminas no calman a los niños hiperactivos, sino que actúan aumentando la atención, capacitándolos para concentrarse en un factor determinado en cada momento. (Snyder,1992).


1.6.3. Efectos psicóticos de los estimulantes

    Los estados psicóticos producidos por la cocaína y la anfetamina se parecen mucho entre sí y son perfectamente distinguibles de otros tipos de psicosis producidas por drogas. Los efectos psicóticos que producen no suelen ir acompañados de obnubilación de la conciencia. Se le encuentra cierto parecido a la esquizofrenia porque suelen aparecer alucinaciones auditivas. Esta similitud muestra que las drogas neurolépticas antiesquizofrénicas moderan los síntomas de la psicosis por cocaína o anfetamina. En las psicosis por el consumo de dichas sustancias también se puede producir un tipo de alucinación inusual que es la táctil (Snyder,1992).


1.6.4. Implicación química

    Centrándonos en la actuación de los estimulantes en el cerebro se puede resaltar que las anfetaminas presentan una gran similitud con la dopamina y la norepinefrina, siendo dos de los principales neurotransmisores que se encuentran en las vías cerebrales que regulan la conducta emocional. Las neuronas norepinefrínicas se concentran más en el sistema límbico, lo que nos indica que desempeña un papel importante en los sentimientos como el amor, odio, alegría y tristeza. No se sabe con exactitud el mecanismo a través del cual intensifican la función neuronal de la norepinefrina y de la dopamina. Al parecer, la principal acción de las anfetaminas es liberar la dopamina y la norepinefrina de las vesículas en que se almacenan. Las moléculas de anfetamina se difunden por el interior de la terminación nerviosa donde se halla el neurotransmisor, y debido a su gran semejanza con la dopamina y la noradrenalina, desplazan a estos neurotransmisores desalojándolos de sus lugares de almacenamiento. Arrojados los neurotransmisores a la hendidura sináptica, estimulan en ella a los receptores apropiados. Se estima que la cocaína actúa de igual forma, pero no se ha logrado definir su acción molecular precisa (Snyder,1992).


1.7. Las drogas de síntesis

Origen

    Los psicodélicos proceden de los extractos de plantas propias de la medicina popular. El peyote, la planta de la que se obtiene la mescalina, se empleó durante siglos en las ceremonias religiosas de los indios mexicanos y ha perdurado hasta hoy en sus rituales sagrados. A. Heffter, investigador alemán, identificó en 1896 la mescalina como el más importante ingrediente activo de la planta, pero los consumidores del peyote no consideran equiparables el consumo de ambas sustancias, aunque estas diferencias que comentan son difíciles de concretar y examinar (Snyder,1992).

    Carlos Castaneda, antropólogo e investigador procedente de la cultura occidental, conoció en 1961 a un brujo yaqui llamado Juan Matus, el cual tenía fama de conocer las plantas alucinógenas entre las que destacaban el peyote, el toloache y los hongos. Siguió sus enseñanzas mediante un proceso de sensibilización a través de la ingestión de dichas plantas. Don Juan consideraba que los estados de conciencia producido por la ingesta de cualquiera de las tres plantas no eran alucinaciones, sino aspectos concretos, aunque no comunes, de la realidad de la vida cotidiana. Las enseñanzas de Don Juan (1968) es la primera obra en la que Castaneda relata esta experiencia. En su última obra Relatos de poder (1979), el autor menciona que después de hacer una revisión detallada de lo aprendido, empieza a cuestionar la función de las plantas de poder dentro de su aprendizaje. Castaneda considera que inevitablemente la cultura y el lenguaje va a imponer de un modo u otro la percepción. Se debe destacar que se ha puesto en duda la veracidad de la información aportada por dicho autor.


Tipología

    A continuación se van a comentar varios grupos de drogas psicodélicas. Dentro de la metaxianfetaminas encontramos la mescalina, que es una droga relativamente blanda o débil. Para experimentar sus efectos psicodélicos, el usuario ha de consumir varios cientos de miligramos, cantidad que puede causar desarreglos intestinales. En la obra Las puertas de la percepción (1954), Aldous Huxley narra la experiencia directa ante el consumo de mescalina en la que experimenta una indiferencia completa por el tiempo y una intensificación de las impresiones visuales.

    Otra droga dentro de este grupo es el MDMA, conocido como éxtasis, que fue muy demandada en los años ochenta. Otro tipo de droga es el hongo mágico procedente de México y Centroamérica, que ha sido la planta que altera la mente que tiene un uso más prolongado, pero las propiedades y los ritos del hongo mágico eran considerados como un secreto.


Efectos

    Sus efectos principales tienen que ver con la estimulación general, con la desaparición de la sensación de cansancio y el aumento del rendimiento físico, con la sensación de mayor lucidez y capacidad mental (Funes, 1996). Uno de los más destacados cambios que se producen recibe el nombre de sinestesia que consiste en un intercambio en las sensaciones, por ejemplo, el tacto puede experimentarse como sonido, el sonido como visión y así sucesivamente. El sentido del espacio también se ve alterado.


Efectos fisiológicos

    Los efectos fisiológicos que producen el consumo de pastillas sobre el cuerpo está relacionado con la regulación de la temperatura y la pérdida de líquidos. De aquí que tenga especial importancia la ventilación y la ingestión de agua. Otros tendrán que ver con la pérdida del apetito y con el descontrol del sueño. Cuando se hace un uso intenso o descontrolado tienen efectos tóxicos bastante duraderos sobre el sistema nervioso y si su abuso se mantiene aparecerán trastornos psiquiátricos de importancia que llegarán incluso a la psicosis, a la despersonalización y a la pérdida de contacto con la realidad (Funes, 1996).


Implicación química

    Desde el punto de vista químico, todas las principales drogas psicodélicas guardan un gran parecido con los neurotransmisores serotonina, norepinefrina y dopamina, pero el efecto de estas drogas sobre las sensaciones es indirecto, es decir, dichas drogas combinan su acción con la de otro conjunto de neuronas que a su vez entran en contacto directo con el locus coeruleus (Snyder,1992).


Factores sociales

    La población que las usa es absolutamente normalizada, sin connotaciones de marginalidad o exclusión social. En el entorno de las discotecas españolas quizás fue el speed el primero que adquirió una cierta popularidad, considerada como la anfetamina o metanfetamina en polvo, presentada para ingerir o esnifar, variante de las anfetaminas, pero poco a poco las preferencias y el mercado se va decantando hacia el éxtasis. El speed tiene un cierto efecto de tolerancia y si se toman muchas y regularmente aparecerá una tendencia a aumentar la cantidad. En cambio, el éxtasis y algunos de sus similares, no generan tolerancia y dependencia. El principal efecto de estas sustancias es mantenerlos despiertos para bailar y participar en las fiestas durante largos periodos de tiempo, fundamentalmente los fines de semana. La mayoría de los usuarios consideran el éxtasis una droga estimulante, erótica y que facilita la comunicación. Se trata de una droga de sociabilidad, tomada cuando se está en grupo, cuando uno quiere divertirse, casi siempre entre amigos. Es la droga de la compañía relacionada fundamentalmente con las culturas de la diversión y con estilos de vida en los que ésta tiene un gran peso. Uno de los problemas más destacados es que los usuarios pocas veces saben lo que toman pero, además, pierden el control de la cantidad que ingieren. La necesidad de los adolescentes de contravenir las normas, de saltar los límites o de probar los riesgos tiene un correlato perfecto con los efectos del speed o del éxtasis. El siguiente texto de una joven de 17 años resume lo que busca un adolescente ya inmerso en el consumo de pastillas. Yo lo hago porque me divierto. Es que me lo paso, ¡vamos! (...) Yo sé que llego, me las tomo, me lo paso muy bien, y por eso me las tomo. (...) El otro día lo estuvimos hablando, estábamos "sentaos" en un parque, y estábamos diciendo que si no fuese por las "pastillas" y por los fines de semana que... Yo cuando llego a mi casa, sea lunes sea domingo, sea el día que sea, siempre estoy pensando ya..., o si no tengo dinero, a quién le voy a montar el "trapi" o ...eso. Estoy pensando toda la semana en que llegue el fin de semana para hacerlo. (...) Yo lo estuve pensando, que si yo... si a mí me dicen: "No hay más pastillas, tú no puedes salir más de fiesta" a mí me daría algo, porque yo diría "¿Y yo qué pinto aquí?". (Gamella, 1995. Drogas de Síntesis en España).

    El sistema de comercialización de esta droga genera un cierto atractivo, ya que es la única droga ilegal que se vende fiada, por lo que muchos adolescentes de pocos años las adquieren sin dinero y pagan las suyas vendiendo cuatro o cinco más (Funes, 1996).


1.8. Alucinógenos

Efectos

    El LSD fue sintetizada por Albert Hofmann en 1938 y tuvo una amplia repercusión por la cultura occidental. El estado de alteración de la conciencia que genera dio lugar a la "rebelión hippie" que surgió en San Francisco y se difundió por Estados Unidos y Europa.

    Su capacidad principal es crear experiencias que podrían considerarse visionarias. Ni amortiguan la actividad cerebral ni la estimulan, hacen que se genere un mundo psíquico diverso, que se detecten percepciones y vivencias diferentes de aquellas a las que se llega sin estar bajo sus efectos. El LSD ha sido la droga psicodélica más destacada, aunque hoy en día está en desuso. Provoca atolondramiento de ideas, desorden mental, farfulleo, distorsión de la percepción de las formas, hipersensibilidad en la que se desarrollan ilusiones e incluso alucinaciones. El peligro del LSD no es la toxicidad, sino la posibilidad de que desencadene un trastorno psíquico grave, dando lugar a diferentes trastornos como los brotes psicóticos, desórdenes esquizofrénicos, estados confusionales y procesos delirantes.

    La tentación de su uso entre los adolescentes está incrementada por un coste inferior al de las pastillas y además les asegura sensaciones intensas y de larga duración, evitando incluso la necesidad de ir a la discoteca o de buscar un ambiente festivo.


1.9. Alcohol

    Para desarrollar este apartado nos hemos guiado por el trabajo de Funes (1996). El alcohol es considerado la droga de más uso y la que, consumida de forma descontrolada, puede generar más problemas. Se consideran alcohólicas aquellas bebidas que contienen alcohol etílico (etanol) en diversa proporción. La graduación alcohólica es la proporción de alcohol que tiene una bebida y, por lo tanto, la valoración de su acción tendrá que hacerse considerando en primer lugar sus grados. Como en todas las drogas hay que tener en cuenta las diferencias individuales, y en este caso resaltar las diferencias entre hombres y mujeres, tanto para notar los efectos como para eliminar el tóxico.


Efectos

    Se considera que el cerebro es el órgano más afectado por la presencia del alcohol ejerciendo una función depresora, ya que a dosis altas produce una depresión de la actividad de la corteza cerebral y, por lo tanto, una alteración de la mayoría de las funciones. Bebido a solas produce sueño y tomado en compañía facilidad de comunicación. Las propiedades estimulantes tienen que ver con la locuacidad, la facilitación de la comunicación y el hiperactivismo. La ingesta de alcohol puede generar dos situaciones problemáticas diferentes: por un lado, el abuso alcohólico en un momento determinado y por otro, el alcoholismo o situación de dependencia vital del alcohol.

    El síndrome de abstinencia producido por la falta de alcohol en el organismo habituado a su presencia tiene manifestaciones leves como temblores, náuseas, vómitos, nerviosismo o cansancio, fenómenos perceptibles al levantarse por la mañana, pero también se pueden dar manifestaciones más graves cuando el bebedor alcoholizado pasa varios días sin consumir presentando un cuadro de trastornos que llega hasta el delirium tremens.


Factores sociales

    Actualmente se pueden encontrar unas características comunes de consumo de los adolescentes que van en consonancia con los cambios que se van produciendo en la sociedad. Las edades de inicio del consumo están siendo más tempranas, situándose entre los doce y trece años, relacionándose con la edad de salir por la noche, de adquirir cierta autonomía respecto a los padres o relacionarse con el sexo opuesto. Tradicionalmente el inicio y el uso adolescente del alcohol se producía en ámbitos familiares, en las celebraciones y fiestas de la vida familiar, pero actualmente el inicio se produce en las celebraciones y encuentro de los iguales, centrada de forma casi exclusiva en las noches de los fines de semana, constituyendo progresivamente un elemento asociado e imprescindible a los tiempos de ocio, disfrute, diversión y libertad. Los jóvenes prefieren la apropiación simbólica de lugares que serán frecuentados por grupos de iguales, de esta forma, las discotecas, los bares de jóvenes, las plazas o espacios públicos adyacentes, se convierten en una zona de participación social abierta o espacios de encuentro, autoexpresión e interacción libre. Entre los adolescentes, el beber se considera una forma de relación y socialización, de nuevas formas de vida social. Aunque todavía hay más chicos entre los bebedores las chicas se van aproximando al modelo masculino de beber, tanto en la cantidad como en las formas.


1.10. El tabaco

    Es elaborado a partir de las hojas secas de la planta de tabaco. Suele consumirse en forma de cigarrillos, pipa o tabaco de pipa. Junto con el alcohol es la sustancia adictiva que más se consume y más problemas sanitarios acarrea. Los constituyentes del humo del tabaco son: el alquitrán, la nicotina, el monóxido de carbono y los irritantes. Se considera que el alquitrán y los irritantes son los responsables del cáncer de pulmón, la bronquitis crónica y el enfisema. Aunque se cree que la nicotina no participa en el desarrollo de cánceres, puede afectar a la enfermedad cardiovascular.

    El tabaco presenta distintos riesgos entre los que se pueden destacar: el generar adicción y, por lo tanto, los fumadores deben consumir un número determinado de cigarros cada día para mitigar la dependencia. Produce tos y problemas respiratorios de forma muy frecuente. En los fumadores regulares aumenta el riesgo de padecer cáncer de pulmón, de garganta, problemas circulatorios y bronquitis crónica. Durante el embarazo puede dañar muy peligrosamente el desarrollo del feto. Por último, comentar que cuando se fuma delante de otras personas se les está convirtiendo en fumadores pasivos que pueden también padecer problemas respiratorios (Caballero y cols., 2004).


1.11. La cannabis sativa

    Para desarrollar las características de esta sustancia nos hemos guiado por el trabajo de Funes (1996) y Caballero y cols. (2004).


Origen

    La cannabis sativa es una planta herbácea anual que se cultiva en las regiones cálidas desde hace miles de años. Sus usos han tenido que ver, por un lado, con la utilización de sus fibras (el cáñamo) y, por otro, con la utilización de los múltiples productos psicoactivos que posee, bien medicinalmente, bien como droga socialmente aceptada. La principal fuente de sus principios activos es una resina pegajosa que segregan las plantas en su zona floral, pero es utilizada toda ella. La marihuana (en argot también grifa, hierba, maría) es la preparación seca y triturada de flores, hojas y pequeños tallos. Se fuma sola o mezclada con tabaco, y es la forma de consumo más habitual en algunas zonas como Estados Unidos. En Europa se utiliza predominantemente el hachís (en argot chocolate, costo, mierda) que es fundamentalmente la resina de las plantas prensada en forma de tableta y cuyas porciones (chinas) son calentadas, mezcladas con tabaco y fumadas. La preparación más concentrada es el aceite de hachís, obtenido a partir de la filtración de la sustancia resinosa. Generalmente se fuma, pero también es ingerida en determinados preparados gastronómicos, aunque esta forma requiere dosis mucho más altas y tarda más de una hora en generar efectos.


Efectos

    La cannabis constituye el prototipo de drogas donde la respuesta psicológica es bastante variable según los usos y las personas. Los efectos inmediatos que puede producir a nivel fisiológico son: sequedad de boca, dilatación de pupilas, ligera taquicardia, hipoglucemia y sensación de hambre (Caballero y cols, 2004). Con mayor o menor proporción de acuerdo, se acepta que también se puede producir los siguientes efectos psicológicos: una sensación de euforia inicial y bienestar acompañada de un cierto grado de trastornos de la coordinación. Seguidamente se produce depresión generalizada del sistema nervioso central, generando sedación y somnolencia. En dosis más altas puede afectar a la percepción visual y auditiva así como a la percepción subjetiva del tiempo. A dosis bajas incrementa la velocidad de reacción intelectual y mejora el desarrollo de determinadas tareas cognoscitivas, pero a dosis altas produce alteraciones en la memoria inmediata y disminución de la capacidad para desarrollar esas tareas. La supresión brusca de su consumo, después de largo periodo de uso intenso, no parece generar un síndrome de abstinencia. Es necesario especificar los posibles efectos a largo plazo, por ejemplo, se pueden presentar problemas respiratorios de cualquier hierba fumada, añadiendo en este caso los del tabaco con el que se mezcla. Los efectos psíquicos como única manera de sentirse bien plantean los problemas de cualquier comportamiento dependiente.

    Se debe tener en cuenta que el ambiente, las condiciones sociales, la teorización cultural contra lo establecido, las relaciones de grupo o las modas juveniles, han demostrado ser los componentes más activos de la cannabis en la generación de sus efectos.


Factores sociales

     Los estudios indican que, de todos los que la prueban alguna vez, sólo un tercio pasará a ser consumidor con una cierta habitualidad. Se puede considerar que no constituye un signo de identidad de ningún grupo en especial, incluso está presente en grupo de adolescentes con recursos económicos y culturales altos. Muchos de los que consumen éxtasis o speed toman también cannabis, por el contrario, muchos de los que consumen cannabis no están vinculados a la cultura de la "marcha" o con el ritmo frenético de los fines de semana. Su disponibilidad es hoy en día bastante alta.


2. Prevención de las drogodependencias

2.1. La conducta de consumo

    Para desarrollar este apartado nos guiamos por el trabajo de Barriga (1997). Se puede considerar que una conducta es normal en el momento en que una sociedad la acepta como parte de su repertorio y, por lo tanto, de su cultura. Esto forma parte de los procesos psicosociales que fundamentan la socialización, considerada como la influencia que pueden ejercer unos sobre otros en función de unos criterios externos que normalmente son impuestos.

    Centrándonos en el tema de la drogadicción se puede decir que la misma conducta tiene unas categorizaciones distintas en función del periodo en que nos encontremos a lo largo de la historia y de la cultura de que se trate. Por este motivo, el abuso de la droga queda determinado por la sociedad, independientemente de que exista o no adicción.

    La conducta, ya sea manifiesta o simbólica, interactúa con variables del sujeto (individual o grupal) y del medio físico o sociocultural, que a su vez interactúa con la conducta en proceso de retroalimentación. Se consideran que las variables del medio tienen un mayor impacto y una gran incidencia en los sujetos, siendo éste el motivo por el que se intentan hacer las modificaciones que se consideren pertinentes en este ámbito, para luego o simultáneamente, incidir en las variables personales.

    La conducta de drogadicción puede ser analizada desde distintos niveles como pueden ser:

  • Nivel intraindividual, centrada en los procesos psicológicos que se desarrollan a nivel conductual, cognitivo y afectivo en el individuo.

  • Nivel interindividual, que analiza la interacción entre los individuos.

  • Nivel intragurpal, donde se estudia el grupo de pertenencia y los distintos grupos de referencia.

  • Nivel intergrupal, centrada en la relación entre los grupos.

  • Nivel ideológico. La ideología se va a imponer ante los componentes socio - económicos y va a determinar los comportamientos.

  • Nivel transversal, donde convergen todas las anteriores.


2.2. Modelos explicativos

    La información que se muestra a continuación está basado en el trabajo realizado por Vacca (2004). Se considera que son múltiples los factores que pueden llegar a influir para que se presente un consumo de drogas, aunque se considera que la combinación de lo individual y el medio ambiental son los más relevantes. Por este motivo se le atribuye a las adicciones una etiología multicausal.

    Para explicar el consumo de drogas se han elaborado diversos modelos teóricos o empíricos que tratan de dar una explicación de dicha conducta. A continuación se van a comentar algunos modelos.

Modelo clínico / sanitarista: Este modelo utiliza enfoques y categorías clínicas para explicar el comportamiento adictivo. Plantea que puede existir en el individuo, de manera premórbida, una personalidad adictógena, lo que conduce a que desarrolle en algún momento crítico de su vida cualquier tipo de adicción, sea ésta convencional o atípica. Este modelo explica los comportamientos adictivos basándose en criterios clínicos.

Modelo iluminativo: Desde este modelo se considera que una persona es responsable de su consumo y rehabilitación y, por lo tanto, de su propia felicidad y de la felicidad que puede dar a terceros. Responsabiliza a los individuos de los comportamientos que puedan presentar en el transcurso de su vida y que estos le pueden conducir a la felicidad o infelicidad dependiendo del proyecto de vida que puedan desarrollar. Consideran que la rehabilitación y la abstinencia total e indefinida está en sus manos, lo cual les hace prescindir de la ayuda especializada de profesionales como psicólogos, médicos u otros. Los fundamentos metodológicos para el logro individual de su abstinencia es el Programa de 24 horas, donde el sujeto debe proponerse al iniciar el día unas objetivos que le impidan el consumo. Este modelo es defendido por algunos grupos de autoayuda.

Modelo ético / moralista: Son las conductas orientadas a los placeres y la diversión lo que conduce al sujeto al consumo de drogas pudiendo concluir en el desarrollo de una adicción. Su principio es la renuncia al placer mediante el fortalecimiento de la voluntad.

Modelo compensatorio: Considera que tal vez el individuo no sea responsable de su adicción, pero sí de su recuperación. Propone como proyecto de vida una conducta libre de drogas y de excesos.

Modelo basado en el factor de riesgo y del comportamiento y situación de riesgo: La conducta del individuo puede aproximarle de una manera peligrosa a la droga o a desarrollar una adicción. Esto va a depender de ciertos elementos que pueden o no ser identificables y sitúan al sujeto en riesgo de convertirse en un adicto. Dichos elementos son las situaciones que causan riesgo, las personas que generan riesgo y los objetos que producen riesgo. Estos elementos de riesgo tienen un valor e importancia en los casos de consumo de drogas, por lo tanto se les adjudica una jerarquía de relevancia.

    Los datos que se muestran a continuación están basados en el trabajo de Barriga (1997). Para explicar cómo se produce el inicio en el consumo de drogas los psicólogos se basan en los siguientes modelos explicativos: El modelo de aprendizaje, destacando el Aprendizaje Social y Modelado (Bandura, Walters, 1963; Bandura, 1971), la Inoculación Social (Evans, 1976; Evans y otros 1984) y los Modelos de Desarrollo Conductual (Kandel, 1984).

    La conducta de drogadicción puede ser estudiada desde distintos modelos, donde cada uno de ellos hace una aportación en los tres factores más relevantes que influyen sobre ésta como son: la situación, el sujeto y la sustancia (las tres S). A continuación se muestra una síntesis de las aportaciones de cada modelo:


Tabla 2: Aportación de los modelos (Barriga, 1997)

    Centrándonos en el modelo Psicosocial podemos destacar el proceso de las pautas de consumo condicionadas por el consumismo impuesto por la sociedad. Una vez implementada dicha conducta es mantenida por factores situacionales.


2.2.1. Modelos psicológicos

    La información que se muestra a continuación está basada una monografía elaborada por el Colegio Oficial de Psicólogos que se titula Intervención en drogodependencias. Áreas y técnicas (1996).

     Desde el punto de vista del modelo dinámico, el toxicómano está regido por unos patrones de conducta, necesidades y motivaciones particulares caracterizadas por una serie de contradicciones. Se considera que en la primera infancia se han producido unas relaciones inadecuadas e insatisfactorias con los padres y su entorno, que le llevó a sufrir frustraciones, generando una personalidad frágil, carente de recursos para afrontar los sucesos que vayan surgiendo, que actúa de forma impulsiva llevándole a un cambio constante de decisiones. Para afrontar esta situación dichos sujetos recurren al consumo de drogas y, a través de ellas, logran un estado de bienestar y una resolución de la tensión que presentan. La etapa de mayor riesgo para desarrollar la drogodependencia es la adolescencia, considerada como un periodo de alto riesgo individual y social. Aberastury y Knobel (1996) parten de la idea de que en dicha etapa se produce un proceso de triple duelo como son: el duelo por el cuerpo infantil; por la identidad y el rol infantil; y por los padres de la infancia.

    Una de las modificaciones más destacadas que se producen en el adicto es la disfunción del superyó, considerando que existen muy pocos obstáculos y se centra en la satisfacción de los deseos. Otra modificación que se puede manifestar es una distorsión senso-perceptivas que genera perturbaciones en el sentido de sí mismo y de las emociones, generando una expansión del self, como un desafío personal por hacer algo prohibido.

    Los elementos psicodinámicos más importantes son (González de Rivera, 1993) la ansiedad, presente en toda conducta adictiva, independientemente de la sustancia de consumo, que actúa alterando la estructura del yo de forma adaptativa y defensiva ante las pulsiones de rabia, vergüenza y depresión; la compulsividad ante la acción de consumir drogas como una obligación sin ningún control voluntario; la externalización, en la que se intenta solucionar los problemas mediante acciones externa concretas; y el círculo vicioso, donde se produce una tendencia a agravarse en cada momento. Según Kernberg (1977), el adicto recurre a aquella droga que le produce un efecto específico en función de su personalidad. Por ello, en la evaluación se parte de la estructura de "rasgos de personalidad", considerada como el factor determinante de ciertas tendencias de comportamientos.

    La perspectiva sistémica-relacional está vinculada a la Teoría General de los Sistemas (TGS) (Bertalanffy, 1971) aplicada a los seres humanos, y en especial a las familias, donde se considera que en cada grupo existe una interacción y una organización, por consiguiente, alguna alteración en algunos de sus componentes generaría un cambio en todos ellos. Los sistemas humanos se basan en unas reglas generales de funcionamiento como son: la homeostasis, donde el sistema tiende a no cambiar; no sumativos, por lo que no es posible la suma de las propiedades para identificar el conjunto de las funciones, la equifinalidad, basada en cómo se ha producido el proceso de cambio y la circularidad, donde se constata la relación temporal entre un comportamiento a otro.

    Desde esta perspectiva podemos distinguir dos grandes enfoques: Un Enfoque Estratégico (Haley, 1967), que tiene como finalidad cambiar la forma de relacionarse de los miembros de la familia, partiendo de objetivos específicos donde la acción del terapeuta es muy directiva. Se considera que existe una disfunción familiar debido a una organización jerárquica inadecuada, donde la conducta distorsionada del joven presenta una función protectora para generar cierta estabilidad en la familia. Otro enfoque sería el Estructural - Estratégico de Stanton y Todd (1987), donde se combinan la Teoría Estructural de Minuchin (1967), basada en la interacción de la familia en el presente y en un momento determinado, y el Modelo Estratégico de Haley (1967), comentado anteriormente. Desde esta perspectiva las familias de los drogodependientes presentan una serie de características comunes como pueden ser: una mayor frecuencia de dependencia química multigeneracional, especialmente con el alcohol; parecen ser más primitivas y directas en la expresión del conflicto; la alianza entre los miembros suele ser muy unida y les tratan a los hijos como si tuviesen menos edad (Stanton y Todd, 1985).

    Cancrini y La Rosa (1991) establecen una clasificación detallada y sistemática de la adicción a la heroína distinguiendo cuatro categorías como son: las toxicomanías traumáticas, donde se agrupan los hijos ejemplares que no comentan sus problemas y desconocen cómo afrontarlo cuando se presenta un problema grave, lo que les lleva al consumo de drogas. También se incluyen a aquellos sujetos que no han superado la desvinculación y no tienen definida la identidad de forma estable. En las toxicomanías a partir de neurosis actual el comportamiento del toxicómano está controlado, las dosis no son elevadas y suele pedir ayuda cuando se encuentra ante dificultades. Las toxicomanías de transición están caracterizadas por la presencia de mecanismos neuróticos y psicóticos. En las toxicomanías sociopáticas se engloban a las familias deterioradas de clase social baja y todas aquellas que presentan un cierto nivel de desorganización, en las que se manifiestan comportamientos antisociales y estilos de vida inadecuados. Según este modelo la evaluación está centrada en el comportamiento del drogodependiente en relación a su familia y las respuestas de éstas al consumo de drogas.

    Desde el Modelo Cognitivo-Conductual la drogodependencia está basada en procesos de condicionamiento clásico, operante, aprendizaje mediacional, variables cognitivas, etc. Desde el condicionamiento clásico se ha observado que el drogodependiente, para superar las alteraciones que se producen por el consumo, realiza una serie de respuestas condicionadas que actúan de modo opuesto a las que puede ocasionar la droga, denominadas de tipo compensatorio. Se considera que la heroína puede actuar como reforzador negativo potente debido a sus cualidades ansiolíticas.

    Desde el condicionamiento operante, en el mantenimiento del consumo de heroína, existen una serie de contingencias entre las que se pueden distinguir las relacionadas con el reforzamiento positivo, como son las asociadas a propiedades farmacológicas y los aspectos sociales del consumo. Relacionadas con el reforzamiento negativo encontramos la evitación de factores del medio y evitación de estados físicos y emocionales negativos como se presenta en el síndrome de abstinencia. Las conductas de búsqueda, preparación y autoadministración están regidas por reforzamientos intermitentes, haciéndolos más resistentes a la extinción.

    Las recaídas aparecen asociados a situaciones de alto riesgo como pueden ser: estados emocionales negativos, conflictos interpersonales y presión social. Se considera que el incumplimiento de la abstinencia viene determinado por el efecto de la disonancia cognitiva (Festinguer, 1984) de la autoimagen y el efecto de la atribución personal (Jones y cols., 1972).


2.3. La prevención

    Debido a la repercusión que ejerce en nuestra sociedad el consumo de drogas, se considera de gran relevancia la prevención. Para ello, se debe preceder a la aparición del problema aplicando unos estilos de vida saludables que originen una adecuada socialización. (Barriga, 1997). Se pueden distinguir tres tipos de prevención:

  • Prevención primaria, donde se pretende evitar la aparición del problema o que surjan nuevos casos.

  • Prevención secundaria, centrado en la realización del diagnóstico y una adecuación del tratamiento lo más precoz posible.

  • Prevención terciaria, centrada en el tratamiento y rehabilitación de los drogodependientes.

    Las intervenciones de carácter preventivo primario suelen estar dirigidos a la escuela, la familia y la comunidad. Su objetivo es educar hacia unas formas de vida alternativas al consumo de drogas y fomentar los valores y habilidades para la construcción y aceptación de la propia realidad (Pérez Calvo, 2000). El riesgo de consumo que entraña la adolescencia ha generado que gran parte de las campañas preventivas se hayan realizado en la escuela, ya que este ámbito favorece el acceso a dicha población y, además, en esta etapa de escolarización obligatoria los conocimientos, las actitudes y los comportamientos saludables se adquieren de forma perdurable. Otro factor que se debe tener en cuenta es que la escuela puede ser un contexto de riesgo al ser influenciados por los compañeros que consumen (Chassin, Presson, Sherman y Curran, 1992). Esa influencia social del grupo de iguales y, por otro lado, de los padres, son factores ambientales que van a condicionar de forma significativa el inicio, uso y abuso de tabaco y alcohol, principalmente porque son utilizados por el adolescente como marco de referencia psicológico para analizar y comprender sus propias motivaciones y acciones (Abrams y Niaura, 1987).

    Los datos que se muestran a continuación están basados en el trabajo de Martín y Martínez (1998). Se considera que la educación debe estar enfocada hacia la opción personal de la libertad (Martín, 1986) a través del planteamiento de actividades alternativas, programas e intervenciones, intentando resaltar los valores de solidaridad e igualdad (Alonso, y cols., 1995) en contraposición a los vigentes como la competitividad, el triunfo, el consumo... La educación preventiva no se centra tanto en la emisión de conocimientos como en crear actitudes y conductas adecuadas (Ferrer i Pérez, 1987).

    El mayor problema que podemos encontrar dentro de la droga es la demanda y, por consiguiente, es donde se debe centrar la posible actuación con el fin de contrarrestarla. El objetivo no debe estar centrado en la ausencia de consumo, sino en que dichas personas tengan la posibilidad de escoger con total libertad aquello que consideren más positivo y enriquecedor partiendo de un conocimiento objetivo de la droga, de sus características y sus efectos. Es necesario eliminar, reducir y obstaculizar la oferta, pero la finalidad debe ser eliminar las razones y necesidades que propician dicha demanda (Martín y Martínez, 1998).

    En el trabajo de Funes (1996) se contempla que las personas con problemas de drogas suelen saber mucho sobre ellas y no por eso abandonan el consumo. La información es necesaria, pero no suficiente, por eso los programas deben centrarse en generar actitudes y posicionamientos personales ante determinadas conductas. La educación para la salud entre los adolescentes debe estar en relación con las sensaciones vivenciadas y con los malestares que tienen en cada momento, y no tanto con la presentación de un futuro sin enfermedades. Otro factor que se debe trabajar es la hipervaloración que muestran ante las salidas del fin de semana, ya que normalmente están correlacionadas con conductas de exceso. Se debe positivizar y valorar los contextos de la diversión en que se pueden tener comunicación, relación y diálogo frente aquellos que tienen como única finalidad el consumo. Se debe exponer las vivencias del "estar a gusto" en contraposición a la de "ponerse a gusto", mediante la asociación de emociones y vivencias al factor humano más que las obtenidas por el consumo de sustancias. Se debe valorar el autocontrol en contraposición a la hipervaloración del descontrol.


2.4. La intervención comunitaria

    Los proyectos comunitarios están centrados fundamentalmente en la prevención (Ayerbe, 1991; Petrus, 1992; Vega, 1993; Boutin y Durning, 1997; Orte y March, 1999), considerado como al conjunto de medidas e instrumentos que se aplican con el fin de reducir los factores que influyen en las situaciones y en las conductas inadaptadas. En la intervención comunitaria se pueden encontrar dos tipos fundamentales de acciones: La prevención, desde los servicios comunitarios básicos, donde los programas de cultura, deporte, educación, salud y urbanismo se centran en las necesidades de la familia y de la infancia. También pueden ir enfocados hacia diversas áreas de desarrollo como el consumo de alcohol, la educación para la salud, el tiempo libre, las vacaciones, etc. Otro ámbito de intervención estaría dirigido a la adaptación constructiva de los niños para fomentar la participación en actividades de asociaciones como grupos deportivos, de tiempo libre, etc.; promocionar la mejora escolar y alternativas formativas para jóvenes distanciados del sistema escolar. (Ayerbe, 2000).


2.4.1. Causas y motivos del consumo

    Para poder realizar una intervención preventiva es necesario conocer las posibles causas y motivaciones del consumo. Basándonos en los factores planteados por el Plan Nacional sobre Drogas (1997b y 1998) vamos a resaltar algunos factores. Dentro de los factores personales destacar la influencia de una baja autoestima correlacionada con una falta de control percibido, el presentar dificultades para enfrentarse a la ansiedad y las situaciones estresantes, formas pasivas de entrenamiento y de ocio y un estilo de vida poco saludable. La Teoría Social Cognitiva de Bandura (Bandura, 1987, 1995) se centra en el factor cognitivo como determinante del consumo de tabaco y alcohol (Bandura, 1982, 1997). Dicho autor considera que la autoeficacia, entendida como la capacidad percibida por el individuo para controlar su comportamiento en situaciones de riesgo, es un factor a tener en cuenta en la prevención del consumo de drogas. Esta teoría es corroborada por un estudio realizado por Vega y Garrido (2000). Estudios como el de Aas, Klepp, Laberg y Aaro (1995) han mostrado que los adolescentes que tienen una mayor experiencia de consumo de alcohol poseen menor autoeficacia para no beber y que ésta influye en la intención de consumir alcohol después de doce meses. El uso y abuso de drogas está en función de las creencias que tienen los jóvenes acerca de lo que piensan los padres y el grupo de iguales ante el consumo de tabaco y alcohol. Este aspecto es planteado en la Teoría de la Acción Planificada de Ajzen (1988, 1991) y corroborado en el estudio realizado por Vega y Garrido (2000).

    De los factores psicosociales que influyen en el consumo destacar aquellas comunidades que presentan un alto grado de deprivación social, una desorganización comunitaria, disponibilidad y accesibilidad a las drogas, baja percepción social de riesgo, inexistencia de normas y leyes dentro de la comunidad y la influencia de la publicidad (Pérez Calvo, 2000). Para contrarrestar dichos factores de riesgo se puede plantear una participación sociocomunitaria en actividades deportivas, culturales, etc. (Vila, 1996) que consolidarían los grupos de iguales y la integración dentro de un barrio, ciudad o comunidad.

    Se debe tener en cuenta los distintos grupos sociales que constituyen la comunidad como pueden ser: los adultos, los centros, los vecinos, las asociaciones, las familias y en particular, los padres, por la influencia que pueden ejercer en la implementación de un estilo de vida saludable en sus hijos, ya que se ha encontrado una correlación entre las adicciones de los hijos y la de los padres (Calafat, 1987), o la relación entre la conflictividad familiar y el abuso de alcohol en los hijos (Soler y Negre, 1985).


2.4.2 el programa

    El Plan Nacional sobre Drogas (1997b) establece que los programas de prevención deben elaborar actividades interconectadas dentro de un plan de actuación comunitario en el que se tenga en cuenta los factores de riesgo que presentan dicha población. Es necesario conocer la población a la que se dirige, ya que no es lo mismo plantear un programa de prevención a una población infantil y adolescente que a una población adulta. Por ello, Funes (1990) plantea algunos aspectos a tener en cuenta en una población infantil y adolescente como puede ser: conocer el tipo de percepción que tiene el niño del mundo adulto, la planificación que tienen del tiempo a medio y largo plazo, el estilo de pensamiento, la comprensión del funcionamiento social por sus valores, normas, el locus de control, la vía de expresión de las emociones y sentimientos, la relación con el grupo de iguales y el momento de crisis de cada adolescente.

    Según Costa (1992) un Programa de Intervención Psicosocial debe incidir:

  • En las estrategias estructurales, planteando unas alternativas viables que dejen de dar relevancia al consumo de drogas.

  • Los factores contextuales deben desarrollar un ambiente en el que se tenga en cuenta la influencia de los iguales y el control de las facilidades ambientales limitando la disponibilidad y accesibilidad de la droga.

  • Los factores personales, ya que el sujeto debe disponer de habilidades que le permitan hacer frente a las situaciones límites.

    Respecto a los contenidos y metodología a seguir por el programa destacar que debe centrarse en las sustancias de uso más frecuentes en dicha comunidad, en las causas de consumo y en el concepto de dependencia como principal perturbador del autocontrol y la calidad de vida más que en las consecuencias físicas negativas del consumo. Por otro lado se debe trabajar la presión del grupo y comentar las ganancias comerciales legales e ilegales. Para transmitir dichos contenidos es importante destacar que la información aportada debe ser objetiva y neutra, teniendo en cuenta la opinión de los interesados a través de debates en los que se deben proporcionar alternativas interesantes y satisfactorias. (Pérez Calvo, 2000).

    En un programa comunitario de educación para la promoción de salud y prevención en dependencias se parte de una metodología de intervención enfocada a la población a la que va dirigida. En el caso de los niños tendrá un carácter lúdico, con el fin de trabajar estímulos, autoconfianza, autonomía, iniciativa, percepción selectiva de la información, liderazgo, acción en equipo, asertividad, creatividad, imaginación, responsabilidad, admiración / rechazo..., que se aplicarán mediante estrategias didácticas lúdico-educativas, basadas en la motivación de logro a través de refuerzos y recompensas aplicadas correctamente. Con los jóvenes se hace un planteamiento participativo, activo, reactivo, que genere en ellos una reflexión crítica, estilos de vida alternativos, acción, discusión, protagonismo, información, opinión, enjuiciamiento, opción. Para ello se aplicarán estrategias mixtas de desempeño de roles en el que se realiza un teatro de provocación a través de un juicio y un debate que conlleva a la comunicación y a matizar las responsabilidades de los distintos miembros implicados en el entorno de la droga como son: un drogodependiente, un juez, la madre o padre del drogadicto, un político, un ex - drogadicto, alguien perjudicado económicamente, miembros de brigadas ciudadanas antidroga, un terapeuta, un joven, un profesional del trabajo social, un policía, un camello y un educador. En los adultos se pretende generar una reflexión crítica en la que se trabaje la comprensión, flexibilidad, participación, responsabilidad, implicación, desactivación de prejuicios y autoestima. Para ello se realiza un planteamiento de actividades de choque a través de medios audiovisuales, aplicando una dinámica de confrontación dialéctica e inculpación provocadora que lleve a la discusión y al planteamiento de alternativas adecuadas (Martín y Martínez, 1998).

    A continuación se va a presentar un modelo de intervención denominado Precede. Consiste en un instrumento de diagnóstico conductual que permite realizar un análisis de la realidad, de las necesidades y del entorno del individuo o del grupo, facilitando de este modo la toma de decisiones y la construcción de objetivos a corto, medio y largo plazo. Se debe conocer la conducta sobre la que se pretende intervenir y el sujeto o grupo. Posteriormente se elaboran dos listas paralelas, una con los factores a favor de la conducta y otra en contra. Entre los factores predisponentes destacar la motivación hacia la conducta que se pretende implantar en la que influyen las informaciones previas, la actitud, los valores y las creencias. Los factores facilitadores son aquellos que posibilitan el desarrollo de la conducta como son: los recursos personales y los recursos externos. Los factores reforzadores son aquellos que aparecen después que el sujeto haya realizado la conducta deseada, como pueden ser los agentes - clave del entorno inmediato, el propio sujeto, familia o grupo de pertenencia, los refuerzos a nivel físico y a nivel psicosocial. En el momento de aplicar el programa hay que comparar ambas listas, de los factores a favor y en contra de la conducta, e intervenir en aquellos factores ausentes en la lista positiva (Pérez Calvo, 2000).


La planificación

    Para la planificación de un programa se pueden seguir distintos modelos como pueden ser los siguientes. Marchioni (1987) establece cuatro fases: estudio y conocimiento de la realidad, escucha e individualización de los problemas, una intervención inicial y una intervención ordinaria, donde el trabajo está compartido entre los profesionales y los miembros de la comunidad, pero se considera que esta metodología puede presentar ciertos problemas (Escarbajal, 1992). Otro modelo de intervención es el planteado por Pineault (1986: citado por el grupo IGIA), quien distingue las siguientes etapas: identificación de las necesidades y problemas, establecimiento de prioridades, conocimiento del territorio y de la población, definición de los objetivos, determinación de las actividades y evaluación.

    Para elaborar un diseño de intervención se deben tener en cuenta una serie de factores (Bond y Halpen, 1988) como son: establecer el problemas, cuáles son sus orígenes, causas y motivos, cuáles son las metas y objetivos que se pretenden conseguir, qué estrategias se van a aplicar y las posibilidades que existen de implementar el programa en función de los recursos. Dentro de los modelos de planificación de programas se puede distinguir entre el modelo de planificación de arriba- abajo, en el que se establece un control exterior a la comunidad, y el modelo de participación abajo - arriba, donde las propuestas surgen de las propias comunidades tomando ellos mismos las decisiones que consideren más pertinentes.

    Como se ha comentado anteriormente la colaboración por parte de la comunidad es imprescindible para el desarrollo de los proyectos de intervención. Cuando se trabaja ante una comunidad que forma parte de un espacio y tiempo determinado se le denomina intervención en redes (Ayerbe, 2000). Dentro de esas redes hay diferentes tipos (Besson, 1994): Red primaria, compuesta por personas que se conocen y se unen por el parentesco, amistad, vecindad o trabajo, las redes secundarias formales, constituidas por las instituciones sociales y por último, las redes secundarias no formales, que son creadas por las redes primarias para responder a sus necesidades, como pueden ser las asociaciones. Una de las formas de trabajar en redes se ha denominado social support, centrada en los aspectos psicológicos del comportamiento (Ayerbe, 2000). Dentro de esa interacción humana se produce un apoyo social de un modo espontáneo (Ayerbe, 2000). Numerosas investigaciones han mostrado cómo ese apoyo social está relacionado con el bienestar personal y social (Garbarino, 1983; Cameron, 1990; Gracia, 1997) destacando algunos factores como la existencia de una relación entre apoyo social y salud física, bienestar psicológico y el tener una red social positiva, considerado un predictor de éxito en la integración comunitaria.

3. Evaluación de programas


3.1. Conceptos

    Para desarrollar este aparatado vamos a guiarnos por el trabajo de Fernández - Ballesteros (1995). Según esta autora el término evaluación implica la acción de justipreciar, tasar, valorar o atribuir cierto valor a una cosa, pero es necesario hacer una distinción entre valoración y evaluación, ya que a nivel técnico tienen una aplicación diferente. Los términos anglosajones que les corresponden son evaluation, referida en mayor medida a los objetos, y assessment, referida a las personas (Fernández-Ballesteros, 1985, p.8). A pesar de esta distinción se han traducido con el mismo vocablo: evaluación (Weiss, 1978; Cook y Reichardt, 1986; Stufflebeam y Shinkfield, 1987).

    Centrándonos en la definición de este término se pueden destacar algunas como la de Scriven (1967), considerándola como la estimación del mérito de un objeto. Levine (1975) resalta que evaluación es el examen de los efectos, resultados u outputss de un programa. Fernández Ballesteros (1983) define la evaluación como un proceso mediante el cual se trata de estimar, a través de una metodología empírica, si se han alcanzado una serie de objetivos socialmente relevantes. Craig & Metze (1982) definen un programa como una actividad o series de actividades encaminadas a cambiar el estado social, psicológico, económico o educacional de un individuo o grupo de individuos. Fernández-Ballesteros (1995) define la evaluación de programas como la sistemática investigación a través de métodos científicos de los efectos, resultados y objetivos de un programa con el fin de tomar decisiones sobre él. Tyler (1950) considera que la evaluación de programas es el proceso de determinar en qué medida los objetivos de un programa se han alcanzado. En el trabajo de Anguera y Hernández Mendo (2003) se comenta la distinción realizada por Scheier (1994) entre evaluación del programa en sí mismo de la que configuran los usuarios del programa.

    También es necesario especificar algunos factores sobre el objeto de evaluación del programa. Fink (1993, p.2) lo define como los sistemáticos esfuerzos realizados para lograr objetivos preplanificados con el fin de mejorar la salud, el conocimiento, las actitudes y la práctica. Los elementos que normalmente lo componen son los recursos humanos y materiales que se encuentran disponibles para poder cumplir ciertos propósitos en una determinada situación social (Fernández-Ballesteros, 1995), por lo tanto, un programa se puede definir como un conjunto específico de acciones humanas y recursos materiales diseñados e implantados organizadamente en una determinada realidad social, con el propósito de resolver algún problema que atañe a un conjunto de personas (Fernández - Ballesteros, 1992).

    Como señala Cronbach (1982) toda evaluación de programas conlleva una serie de componentes básicos. Se considera que el programa es un tratamiento, ya que se realizan una serie de manipulaciones programadas y aplicadas a una serie de unidades, que suelen ser individuos, pero también pueden ir dirigidos hacia conjuntos de ellos como poblaciones, ciudades o escuelas. Centrándonos en los individuos Weiss (1984, p.257) hace una diferenciación de posibles implicados como son: los políticos, directivos (managers), técnicos, usuarios o clientes y sus allegados y los ciudadanos, que podrán estar más o menos implicados en el programa. En dichas unidades se realizan unas operaciones que consisten en el cumplimiento de los objetivos que se pretenden conseguir (Fernández - Ballesteros, 1995). Es necesario resaltar la importancia que puede llegar a tener las características del contexto en el que se enmarca la población, sobre todo si se pretende generalizar los resultados obtenidos del programa (Cronbach, 1982).


3.2. Tipos de evaluación

    Para el desarrollo de este aparatado son hemos centrado principalmente en el trabajo de Fernández - Ballesteros (1995) y Anguera y Hernández Mendo (2003). Existen distintos tipos de evaluación (Levine, 1975; Scriven, 1967; Stufflebeam y Shinkfield, 1987) considerándose las más importantes las siguientes: Evaluación formativa vs. sumativa, establecida por Scriven (1967) dentro del ámbito educativo, donde la evaluación formativa, de seguimiento o de proceso, es realizada durante la aplicación del programa y tiene como objetivo su mejora y perfeccionamiento. Veney y Kaluzny (1984) consideran esta evaluación integrada en el modelo no lineal. La evaluación sumativa, de resultado, de producto o de impacto (Mohr, 1992), se aplica una vez finalizado el programa. Estos autores consideran la evaluación sumativa integrada en el modelo lineal. Los problemas metodológicos que plantea este modelo es el de hallar indicadores adecuados o poder atribuir los posibles efectos del programa a las variables previamente fijadas (Anguera y Hernández Mendo, 2003). Otro tipo de evaluación es la proactiva vs. retroactiva, establecida por Stufflebeam y Shinkfield (1987). La evaluación proactiva está centrada en la toma de decisiones sobre el programa y la retroactiva en la contabilidad de éste, pero deben ser consideras como complementarias. Otro tipo es la evaluación desde dentro vs. desde fuera (Levine, 1975). La evaluación desde dentro es realizada por la propia institución y la evaluación desde fuera debe ser realizada por agentes externos a ella, pero al igual que la anterior distinción de evaluaciones deben considerarse complementarias. Los diferentes tipos de evaluaciones se han organizado en función de distintos criterios, pero eso no excluye la conexión entre ellas en el momento de su aplicación (Fernández - Ballesteros, 1995).

    Basándonos en el trabajo de Medina (1993) se plantea una distinción de evaluación según la naturaleza. Se diferencia entre: evaluación de necesidades, donde se establece la situación - problema; del diseño, aplicada después de haberse formulado el programa; de desempeño, para comprobar la evolución del programa y de impacto, que mide los efectos del programa en la población a la que va dirigido. Una clasificación similar a la de Medina (1993) es la obtenida del trabajo de Silva y Monturiol (1997) que plantean la siguiente distinción:

Evaluación de las necesidades, centrada en el estudio y diagnóstico de la situación inicial del problema a través del análisis del contexto, de la situación social y de la población. Las técnicas más aplicadas son los indicadores sociales, la encuesta y los grupos de expertos.

Evaluación del diseño del programa, centrada en la coordinación de los elementos internos del programa y su evaluabilidad, ya que los programas deben cumplir unos criterios mínimos para que sean evaluables (Rutman, 1980; Wholey, 1987; Anguera, 1990; Fernández-Ballesteros, 1992).

Evaluación de la implementación o evaluación del proceso, que hace referencia a la aplicación del programa, indicando cuáles deben ser las modificaciones que se deben realizar para que su desarrollo sea el más adecuado. Las técnicas más comunes son los registros, las entrevistas, las encuestas, el análisis documental y de los grupos. Es uno de los tipos de evaluación más utilizados, ya que permite ejercer un cierto control sobre el proceso de aplicación del programa.

Evaluación de los resultados, donde se corrobora el cumplimiento de los objetivos planteados y los efectos producidos en la población destinataria.

Evaluación del impacto, centrada en los efectos del programa en una población más amplia. Se suelen aplicar las técnicas de los indicadores sociales y las encuestas.

    Como resaltaba Silva y Monturiol (1997), una de las evaluaciones más relevantes es la evaluación del proceso, que debe ser considerada como un elemento básico en todo programa. Según plantea este autor, dentro de este tipo de evaluación se puede distinguir:

Evaluación de la cobertura: Donde se establece la proporción del número de personas que han acudido ante la población estipulada que iba a acudir. En el caso de desconocerse se indicaría una estimación de la población de la zona.

Evaluación de las actividades: Para la planificación de las actividades se debe tener en cuenta las características de la población, la disposición de recursos, el procedimiento que se va a seguir, el personal, el tiempo. Posteriormente se compararán las modificaciones que se han realizado a lo largo del programa, la duración de la actividad, la participación de la población y la valoración de estos. Por último, se podría comprobar la participación de las instituciones.

El equipo: Se debe especificar cuántas personas lo componen, con qué titulación, qué dedicación diaria han tenido y si ha acontecido algún cambio.

La temporalización: Diferencia entre el tiempo previsto y el tiempo real en el que se ha ejecutado el programa.

Recursos materiales y presupuesto: Se analiza la disponibilidad de recursos, realizando una descripción de los mismos, que se comparará con los recursos que se han empleado y con las necesidades que han tenido.


3.3. Estructuración de los programas de evaluación

    Para desarrollar la información que se muestra a continuación nos basados en el trabajo de Medina (1993). Las diferentes áreas que se puede descomponer un programa se denominan áreas de evaluación. Ander-Egg (1982) las divide en área de coherencia interna y de coherencia externa. Dentro del área de coherencia interna se evalúa la fase de diagnóstico, analizando el problema; la fase de diseño, para comprobar que el programa presenta una formulación adecuada; de implantación, donde se gestionan todos los factores para poner en marcha el programa como son: la motivación de los agentes, verificar el calendario establecido, la disponibilidad de los recursos humanos, materiales, económicos y técnicos y la preparación para el establecimiento del programa en el terreno. En la fase de ejecución se evalúa la propiedad del programa, entendida como la capacidad que tiene el programa en modificar la situación problemática que lo originó, la idoneidad, la efectividad y la eficacia. Por último, se evalúa el perfil estructural y funcional de la institución que lo lleva a cabo. Dentro del área de coherencia externa se evalúan los resultados efectivos, la coordinación externa del programa, entendida como la interacción que pueda existir entre el programa y otros programas, la evaluación de los efectos indirectos y, por último, la opinión de los beneficiarios del programa.

    Para el desarrollo de estos datos nos basamos en el trabajo de Fernández - Ballesteros (1995). A continuación se muestra el ciclo de intervención, junto con los distintos momentos de recogida de datos evaluativos y los juicios que de cada una de estas evaluaciones pueden derivarse.


Figura 2: Ciclo de intervención, formas de evaluación y juicios valorativos (Fernández - Ballesteros, 1992).

    Dentro del ciclo de intervención social se distinguen siete etapas (Fernández - Ballesteros, 1987), como son:

  1. El problema y las necesidades. Todo programa surge de un determinado problema ante una serie de necesidades dentro de un contexto sociocultural. En esta fase se realiza una evaluación de necesidades que no se debe confundir con la evaluación de programas, ya que en esta fase no se trata de estimar el éxito o el valor de unas acciones determinadas, sino su pertinencia (Fernández - Ballesteros, 1995). Moroney (1977) distingue cuatro categorías de necesidades como son: las necesidades normativas, las percibidas, las expresadas y las relativas.

  2. Los objetivos y las metas, donde se debe establecer un listado de estos teniendo en cuenta los recursos asignados para cumplirlos. Se entiende por objetivo el resultado que se pretende conseguir en el que se mejora un estado de necesidad en un individuo o grupo de individuos. El último de los objetivos se considera que es la meta del programa.

  3. Pre - evaluación, donde se plantea cuál es la mejor intervención. Para ello se hará un análisis de la literatura interventiva relevante, un análisis sobre el problema, sus potenciales causas y soluciones y una simulación de los potenciales cursos de acción en la que se establezca qué resultados pueden ser alcanzados, cuáles son las posibles alternativas y anticipar sus consecuencias no deseables.

  4. El programa: Las características esenciales de un programa es que esté diseñado y especificado y que se implante de una manera organizada. En esta fase debe plantearse un diseño de su evaluación, que llevará hacia la suficiencia o adecuación de dicho programa. Se pretende saber teóricamente si los medios presentados son potencialmente adecuados para los fines que se quieren conseguir.

  5. La implantación, en el que se debe implantar el programa como fue previsto. En esta fase el juicio valorativo es el proceso o progreso, en el que se pretende conocer si se está desarrollando como se había previsto. Las herramientas más comunes en esta fase son los registros, las observaciones y los autoinformes (Morris y Fitz - Gibbon, 1978).

  6. La evaluación, ocurre una vez que se ha implantado el programa, siendo éste el paso anterior a tomar nuevas decisiones. Es la fase que entraña la evaluación de programa, donde se analizan los efectos o resultados una vez implantados. Si los objetivos se han alcanzado se considera que el programa ha sido eficaz. Si estos efectos son positivos el programa ha sido efectivo y será eficiente si consigue mejores resultados en comparación con los recursos invertidos.

  7. Nueva toma de decisiones sobre el programa, en el que se decide si eliminarlo, mejorarlo o seguir implantándolo como fue provisto.

  8. El contexto del ciclo de intervención social, en el que existen unas relaciones recíprocas entre valores, ideología dominante, ciencia y política.

    La evaluación de la evaluabilidad es considerada como la medida en la que un determinado programa puede ser evaluado. Para ello Fernández - Ballesteros y Hernández (1989) desarrollaron el Listado de Cuestiones Relevantes en Evaluación de Programas (LCREP), que cuenta con dos grandes dimensiones que son la calidad y las barreras.


3.4. Proceso de evaluación de programas

    En todo proceso de evaluación debe constar los objetivos, el diseño y la utilidad-valor de dicho proceso. Para que de un programa de evaluación se obtenga una información válida debe seguir un proceso paralelo al programa de intervención (Stake, 1978; Cronbrach, 1982; Chen y Rossi, 1987).

    Según Fernández - Ballesteros (1995) se pueden distinguir seis etapas o fases en el proceso de evaluación de programas. Estas etapas son:

  1. Planteamiento de la evaluación, donde se realiza una recogida de información del programa, de las condiciones en las que está inmerso y de las personas implicadas. Se debe clarificar, a través de entrevistas con los clientes, los propósitos de la evaluación y qué se pretende evaluar. Especificar los posibles obstáculos que pueden surgir y, por consiguiente, comprobar su evaluabilidad en función de la calidad del programa y de las barreras que surjan.

  2. Selección de las operaciones a observar, considerado por Cronbach (1982) como uno de los aspectos más relevantes de la evaluación, ya que se especifican las manifestaciones que serán registradas en las unidades que han recibido el programa. El evaluador deberá tomar decisiones sobre qué evaluar, con qué instrumentos y qué fuentes de información les resultan más fiable, especificando qué garantía es posible exigir en esas operaciones. Debido a la dificultad que entraña una evaluación habrá ocasiones en que los objetivos y metas no estén bien definidos o incluso puede ocurrir que no aparezcan. Es necesario considerar otros efectos del programa potencialmente evaluables basándose en la bibliografía y en todos aquellos implicados en el programa, así como en otros expertos en el tema. Se debe realizar un análisis de las medidas e indicadores disponibles en el contexto en el que se aplicará el programa antes de construir y administrar otros instrumentos. Por último, se deben recopilar datos del contexto como la localización geográfica, la política - administrativa y variables socio- ambientales que se consideren relevantes.

  3. Selección del diseño de evaluación. En esta fase se establece cuándo y qué unidades van a ser observadas (Fitz-Gibbon y Morris, 1978).

  4. Recogida de información. Se toman decisiones sobre los instrumentos, medidas e indicadores seleccionados, sobre las fuentes de información, los potenciales sesgos a controlar y el establecimiento del calendario en la recogida de información.

  5. Análisis de datos. Su objetivo es sintetizar la información obtenida para comprobar el cumplimiento de los propósitos de la evaluación. Se especifica cómo vamos a almacenar la información, qué tipo de análisis podemos realizar y qué criterios han de seguir los análisis.

  6. Informe. No se entrega tan solo a los clientes de la evaluación, sino también a todos aquellos interesados o potenciales beneficiarios de la misma.


3.5. Metodología

    Para desarrollar este apartado nos guiamos por el trabajo de Anguera y Hernández Mendo (2003). Según Anguera (1996b), las dimensiones de las que se parte en la evaluación de un programa son: los usuarios del programa, la naturaleza de los datos y el momento temporal. Los usuarios son los individuos que presentan unas necesidades y hacia los que se dirigen las acciones del programa. Respecto a la naturaleza de los datos destacar que se pueden clasificar en función de distintos criterios. Pueden ser cualitativa /cuantitativa, donde la metodología cualitativa está basada en la descripción contextual del evento, conducta o situación que muestre la máxima objetividad. La metodología cuantitativa transforma las observaciones en cifras para comprobar la relación existente entre los conceptos que derivan de un planteamiento teórico elaborado " a priori". Habitualmente sigue un proceso deductivo donde se debe cumplir los requisitos de representatividad y aleatorización. Otros datos pueden estar basados en las características del instrumento, donde se debe tener en cuenta el grado de estandarización del instrumento aplicado. Otros se basan en el sistema de registro, centrado en la forma en que se recoge la información (Anguera, 1995c; Hernández Mendo, 1995). La siguiente dimensión es el momento temporal que hace referencia a cuándo se lleva a cabo la recogida de la información (Pérez - Llantada y López de la Llave, 1999) que puede ser puntual, cuando la información se recoge en un solo momento temporal; de seguimiento, en la que se va recogiendo y analizando los datos de cada fase; retrospectiva, realizada un tiempo después de haber finalizado la implementación de un programa; y planificación temporal, donde se planifica la implementación de un programa (Anguera y Hernández Mendo, 2003).


3.5.1. Diseños

    Para desarrollar esta información nos basamos en el trabajo de Anguera y Hernández Mendo (2003). En la evaluación de programas de intervención ha surgido una gran cantidad de problemas, mayoritariamente de carácter metodológico. Esto es debido a la complejidad de la realidad social, ya que resulta difícil realizar una recogida de datos que cumpla todos los criterios de rigurosidad requeridos. Cada vez más los programas se van implantando en los contextos naturales, considerados como programas de baja intensidad. Los diseños que se aplican en dichos programas son denominados diseños evaluativos de baja intervención. Se considera que la metodología en la que se basan estos diseños es la observacional.

    Los criterios para delimitar los diseños de baja intensidad son:

Unidad o pluralidad de las unidades. Allport denomina a la unidad como idiográfico y a la pluralidad de unidades como nomotético, pero a esta propuesta se han incorporado diversas variantes. En los idiográficos se incluyen aquellos casos en que los usuarios son varios individuos entre los que existen un criterio de afinidad o agrupación. Por otro lado, destacar que se centran en un solo nivel de respuesta, ya sea de un solo individuo o de varios. Una variante de los nomotéticos es que haya varios niveles de respuesta, independientemente de que sea un usuario o un grupo de usuarios.

Temporalidad del registro. En el registro puntual se realizará un análisis de la situación en un momento dado del tiempo y en el seguimiento se dispone de un determinado número de sesiones a lo largo del periodo de aplicación del programa.


Figura 3: Diseños evaluativos de baja intensidad: Tipos básicos (Anguera y Hernández Mendo, 2003).

    La combinación de los cuatro criterios da lugar a los siguientes diseños:

Cuadrante I: Diseños diacrónicos. Está constituido por una situación centrada en un sujeto o nivel de respuesta a lo largo de un periodo de tiempo.

Cuadrante II: El planteamiento idiográfico y puntual no proporciona información consistente que garantice la cientificidad del estudio.

Cuadrante III: Diseños sincrónicos. Se interrelacionan diversas unidades a partir de un registro de naturaleza puntual que da lugar a la creación de sistemas de categorías.

Cuadrante IV: Diseños diacrónico-sincrónicos o lag - log. Se realiza un seguimiento de una pluralidad de unidades, que pueden ser diversas dimensiones de un usuario o varios, o la relación entre diversos usuarios respecto a una acción común del programa.

    El diseño del programa se puede definir como el plan donde se establece cuándo y qué unidades van a ser observadas (Herman, Fitz - Gibbon y Morris, 1987). Según Anguera (1992) el diseño forma parte de todo el proceso de intervención, en que se ha de decidir cómo recoger, ordenar y analizar los datos.

    Para establecer un diseño de evaluación se tiene en cuenta los objetivos de los que partimos, pero al existir una gran multiplicidad de diseños, resulta difícil determinar cuál sería el más adecuado. Por ello se hace una distinción entre diseños estándar y no estándar, según estén determinados o no las unidades a observar, los procedimientos y los momentos de observación. Seguidamente se deben determinar las técnicas de recogida de datos y los instrumentos de medición. (Chacón, 1997).

    La información que se muestra a continuación está basada en el trabajo de Arias (1997). Los diseños experimentales y los cuasiexperimentales son aplicados en al ámbito de la drogodependencia como método científico para evaluar la eficacia de los programas de intervención. Aunque existen diferentes modelos de evaluación, como los modelos más objetivistas (Campbell y Stanley, 1966), de carácter más cualitativo (Patton, 1980) o integradores (Cronbach, 1982), en todos se debe realizar una valoración de los resultados obtenidos tras su aplicación. Normalmente dichos programas de intervención van dirigidos a la prevención del consumo de drogas en diferentes poblaciones o individuos en función del nivel de implicación ante este factor (UNESCO, 1987; León Carrión, 1986). Dichos programas se centran en los posibles comportamientos de aproximación al inicio del consumo como pueden ser: frecuentar lugares o locales de abastecimiento, relacionarse con persona que ya consumen, etc. Por otro lado, los programas pueden estar dirigidos a la rehabilitación de sujetos ya afectados, interviniendo en una gran variedad de comportamientos y/o cogniciones (Graña Gómez, 1994).

    La eficacia de los programas de intervención va a depender de los diseños de investigación aplicados. Según Arnau (1981) un diseño constituye un proceso unitario de actividades que tiene como finalidad resolver un problema de investigación basado en el método científico. Cuando se aplican diseños experimentales o cuasiexperimentales tienen como objetivo conocer el efecto que puede producir un determinado factor sobre un comportamiento individual o colectivo. Los objetivos de un diseño son resolver un problema determinado (aplicación) y/o obtener unas conclusiones sobre la relación entre unas variables (investigación). (Arias, 1997). Se considera que existen distintos tipos de validez en los diseños de investigación que son la validez interna, centrada en la relación casual entre dos variables en un determinado contexto, y la validez externa, que se centra en que esa relación causal pueda ser generalizada a diferentes sujetos, ambientes o momentos. Es de resaltar que los diseños cuasiexperimentales no cumplen los criterios de validez interna descritos, ya que al no seguir un proceso de aleatorización los grupos no son totalmente homogéneos, por lo que las inferencias causales son menos convincentes que en los diseños experimentales (Cook y Campbell, 1979). Dentro del ámbito de la drogodependencia es más usual la aplicación de diseños cuasiexperimentales, ya que se presentan muchas situaciones donde no es adecuado aplicar diseños experimentales. Los diseños cuasiexperimentales se caracterizan por comparar grupos naturales que reciben distintos valores de tratamiento (Arias, 1997). A continuación se van a comentar los distintos tipos de diseños cuasiexperimentales:


Diseño de grupo control no - equivalente

    Está compuesto por dos grupos, uno que recibe la intervención (grupo experimental) y otro no (grupo control). Uno es medido en una ocasión o pretest (O1) y posteriormente en una observación postest (O2). Tales grupos no han sido sometidos a ninguna aleatorización, tan solo van a ser contrastados.


Diseño de cohortes.

    El grupo control no comparte condiciones idénticas al experimental en el momento de estudio, pero sí en otro momento previo, pudiendo ser atributos propios de la muestra o estimulares, por ejemplo, contexto de vida, entorno físico, etc.


Diseños de un solo grupo con varias mediciones.

    Dichos diseños se realizan en un periodo más largo debido a las comparaciones entre varias mediciones de la conducta en un mismo grupo antes y después del tratamiento. Este diseño presenta mayor validez interna. Existen dos tipologías diferentes:

    Seguidamente se van a comentar cuáles son las principales variables extrañas que pueden afectar a la validez interna (Kish, 1987):

  • Historia o acontecimientos externos (ambientales) que pueden afectar a un grupo del diseño y no a otro, modificando los efectos del tratamiento.

  • Maduración o cambios biológicos o fisiológicos producidos en los sujetos en el transcurso de la investigación.

  • Selección, que hace referencia a las características diferenciales entre un grupo y otro.

  • Mortalidad experimental o abandono de los sujetos en su transcurso.

  • Instrumentación, que hace referencia a las fluctuaciones en el instrumento que estamos aplicando para medir la conducta.

  • Aplicación de pruebas o reacciones diferenciales de los sujetos cada vez que se mide la conducta.

  • Regresión estadística o tendencia a la media al medir por segunda vez la puntuación de un grupo.


3.6. Evaluación de programas específicos

3.6.1. Evaluación de programas en servicios sociales

    Para desarrollar este apartado nos hemos basados en el trabajo de Fernández del Valle (1995). En la segunda mitad del siglo XX se ha producido un gran interés por el concepto del Estado de Bienestar que ha generado la creación del sistema de Servicios Sociales. Ander-Egg (1988, p.291) define los Servicios Sociales como las prestaciones especializadas, proporcionadas por un personal cualificado con el fin de ayudar a las personas en estado de necesidad o en situaciones- problema que no pueden superar o resolver por sí mismas. Estas prestaciones y asistencias técnicas son ofrecidas por organizaciones públicas y entidades privadas, con o sin fin fe de lucro, cuyo objetivo material es la distribución de bienes y servicios con fines asistenciales, de rehabilitación, prevención o promoción social de casos individuales, familias, grupos o colectividades. Este servicio no va tan solo dirigido a un colectivo concreto, sino a la sociedad en general al considerarse el bienestar social una meta para cualquier ciudadano.

    Existe una distinción entre servicios comunitarios y especializados. El primero tiene como objetivo promover y posibilitar el desarrollo del bienestar social a todos los ciudadanos. El segundo va dirigido al sector de la población que, debido a las peculiaridades que presentan, requiere una atención diferenciada.

    El Sistema de Información de Usuarios de los Servicios Sociales (SIUSS) consiste en la aplicación informática desarrollada por el Ministerios de Asuntos Sociales como apoyo a los servicios que se desarrollan en las diferentes Comunidades Autónomas. Se realiza una recogida de información que permite el conocimiento inmediato de las características de la demanda y una adecuada evaluación y planificación de los servicios. Unos de los datos que se recogen que nos interesa resaltar es el apartado de referencia de la intervención, donde el usuario es definido en base a unas categorías establecidas en función de la edad, el sexo o la problemática personal y familiar, resaltando en nuestro caso la categoría de toxicómanos que engloba a los alcohólicos y drogodependientes.

    Los Servicios Sociales pueden tener un carácter preventivo en el que se informa y se orienta del acceso a este servicio y se estudian los problemas que surgen. Cuando se de interviene se realiza un apoyo en el propio contexto familiar o la búsqueda de un alojamiento alternativo si la situación lo requiere. Otras intervenciones pueden tener como finalidad la inserción social mediante la creación de entornos de participación, por ejemplo, hogares sociales, centros recreativos, etc. Otras intervenciones van destinadas a cubrir las necesidades más básicas de subsistencia.

    En la evaluación de programas ante el tratamiento de familia - infancia los recursos aplicados para su intervención son: servicios psicoterapéuticos, grupos pedagógicos de padres/madres, grupos de niños y supervisor del caso..., pero además se cuenta con otro tipo de apoyos como pueden ser ayudas económicas, actividades de tiempo libre, etc., ante situaciones concretas. En estos programas la evaluación va dirigida a valorar los resultados logrados, pero los datos que se obtienen no suelen ser publicados con un cierto carácter científico.


3.6.2. Evaluación de programas de educación

    Esta información está basada en el trabajo de Forns y Gómez (1995). Los modelos de evaluación de programas pueden dividirse en modelos clásicos y modelos alternativos. Dentro del primer grupo se engloba el Modelo de Consecución de Objetivos o Metas (Tyler, 1942) donde los objetivos son definidos operativamente y organizados, se seleccionan las experiencias educativas, los instrumentos y se elabora un diseño pre - post intervención. Otro modelo es el de Toma de Decisiones, resaltando la información que se considere útil para controlar de forma adecuada el programa y racionalizando todas las tomas de decisiones. Dentro de los modelos alternativos, de carácter cualitativo, se encuentra el Modelo de Evaluación Responsable o Participativa de Stake (1983), donde cada usuario de un programa lo percibe desde su propia perspectiva, realizándose un continuo intercambio de información entre los usuarios. Otro modelo es la Evaluación Iluminativa de Parlett (1972) y Parlett y Hamilton (1977), centrado en el enfoque sistemático.

    Algunos de los principios básicos que se han podido establecer de la evaluación de programas educativos son: un programa debe ser evaluado de forma amplia y no restringida y debe abarcar el análisis de proceso y de producto.

    Respecto a los diseños Tomlinson, Bland y Moon (1993) consideran que en la evaluación de programas educativos los diseños experimentales se pueden aplicar cuando se haga referencia a cuestiones causales, se centre en un estrecho rango de variables, se examine un programa establecido y cuando los factores contextuales no parezcan demasiado importantes. Los métodos no-experimentales son preferibles cuando el trabajo es exploratorio, se contemplen una gran variedad de cuestiones o se evalúe un programa en desarrollo. Es de destacar que los diseños cuasiexperimentales son los más utilizados.


3.6.3. Evaluación de programas de salud

    Para desarrollar este apartado nos hemos guiado del trabajo de Forjan y Santacreu (1995). Estudios epidemiológicos muestran que en el mundo desarrollado gran parte de los problemas y enfermedades están relacionados con los comportamientos habituales, rutinarios y frecuentes de las personas (USDHEW, 1979, Rodríguez - Marín, 1991). Por ello, la investigación ha tratado de identificar aquellos estilos de vidas perjudiciales y se ha intentado informar a la población, aunque esto no altera sustancialmente su comportamiento, sobre todo en las personas con más riesgo. Por este motivo la Psicología entre dentro del campo de la salud con el objetivo de desarrollar programas para la prevención de determinadas enfermedades, en especial en aquellas en las que el comportamiento habitual favorece la enfermedad.

    Desde una perspectiva preventiva, los programas de salud tienen como objetivo actuar sobre el sistema psicológico, el comportamiento del individuo o sobre algunos elementos del ecosistema para que finalmente se produzca un cambio perceptible en los sistemas biológicos. La evaluación de un programa de salud debe realizarse a medio o largo plazo debido a que los cambios en los estilos de vida y sus efectos en los sistemas biológicos no son inmediatos, pero en múltiples ocasiones son inviables tales evaluaciones.


3.6.4. Dificultades de la evaluación de programas

    Estos datos han sido extraídos del trabajo de Silva y Monturiol (1997). Algunas de las dificultades que pueden surgir en la evaluación de programas son los siguientes. Puede resultar complicado encontrar un marco teórico en el que se aborden todos los aspectos a tratar en el programa, añadiendo a este factor las dificultades metodológicas que pueden surgir para establecer la relación entre el programa y sus efectos. Por ello, es necesario, que previo a la instauración de un programa se realice una planificación, aunque a veces no está bien definida, ya que en muchos programas no existe una relación entre los objetivos y las actividades planteadas para dicho cumplimiento. Es necesario resaltar la difícil que entraña evaluar el objetivo final que suele centrarse en la modificación de los estilos de vida, ya que ese cambio es a largo plazo. Por ese motivo se intenta plantear otra orientación de los objetivos como es el hecho de generar un cambio de actitud, sensibilizar a la población ante la problemática de las drogas e instaurar valores. Estos objetivos son considerados mediadores del objetivo final y, por tanto, son más fáciles de evaluar.


4. Ocio y práctica deportiva ante la drogodependencia


4.1. Terminología

    Para desarrollar este apartado vamos a guiarnos por el trabajo de Casas y Codina (1998). Rodríguez y Agulló (1999) definen al tiempo libre como aquel que no está determinado por la obligatoriedad y del que se dispone cuando no se están realizando tareas laborales, escolares (en el caso de los estudiantes) o trabajos domésticos; no se satisfacen necesidades básicas (dormir, comer...) y no se llevan a cabo obligaciones familiares o religiosas. A partir de este concepto estos autores definen el ocio como aquel tiempo que, perteneciente al tiempo libre, se caracteriza por estar conformado por actividades libremente elegidas y cuya finalidad es el descanso, la diversión, la creación o el desarrollo de la persona. Pero se debe destacar que ambos conceptos se han aplicado indistintamente, por lo que en muchos estudios es difícil distinguirlos (Munné, 1997).

    A pesar de que en la investigación del tiempo libre se ha producido un incremento en las aportaciones desde los años setenta (Neulinger, 1974; Iso - Ahola, 1980; Munné, 1980; Ibrahim y Crandall, eds, 1979; Goodale y UIT, eds, 1985), ha tenido poco protagonismo dentro de la Psicología Social. Si hablamos del ocio desde una perspectiva pluridisciplinar, se pueden encontrar bastantes investigaciones, además, este término es aplicado con mayor asiduidad obviándose las connotaciones que pueda implicar el tiempo (Casas y Codina, 1998). Dentro del término ocio se hace un planteamiento de cantidad y calidad, siendo esta bidimensionalidad un factor relevante desde la perspectiva de la Psicosociología del tiempo libre de Munné (1980), en la que considera como elemento principal la libertad. Al considerar el ocio en términos cualitativos se tiene en cuenta la relevancia en la población, de la cual se pueden distinguir tres nociones diferentes: el ocio constituido como estados psicológicos no deseables, otra c