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Cuerpos populares, moralidades,
masculinidades, violencias, nacionalidad
¿La historia de una represión?

  Lic. en Cs. de la Comunicación
Proyecto UBACyT S01, "Fútbol y 'Aguante':
imaginario masculino y cuerpo popular"
IIGG, FCS, UBA
Director: Mg. Pablo Alabarces (Argentina)
Mariana I. Conde
condem@infovia.com.ar

 

 

 


Este trabajo se desarrolla bajo el Programa de Becas para Jóvenes Investigadores
Culturas e Identidades en América Latina y el Caribe. CLACSO -Asdi
Presentado en las Primeras Jornadas de Investigadores dedicados a los Estudios Sociales y Culturales del Deporte, organizadas por el Area Interdisciplinaria de Estudios del Deporte, SEUBE - Facultad de Filosofía y Letras (UBA), abril de 2001
 
 
http://www.efdeportes.com/ Revista Digital - Buenos Aires - Año 7 - N° 37 - Junio de 2001

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    Este trabajo nace de dos preocupaciones. La primera, de carácter epistemológico. La segunda, en cambio, es histórica. Las condiciones de conocimiento de la(s) cultura(s) popular(es) o de una cultura de las clases populares fueron exquisitamente tratadas por Michel de Certeau (1991). Dice el autor: "¿Existe la cultura popular fuera del acto que la suprime?". Esta pregunta no es retórica. En su artículo "La belleza de lo muerto: Nisard" recorre experiencias históricas de los siglos XVIII y XIX que señalarían que el gesto inaugural del estudio de esta cultura fue el producto simultáneo de una represión policial y política. Por ejemplo, el del Abate Gregoire durante la Revolución Francesa, registrando, analizando y prohibiendo los dialectos regionales para instaurar un idioma nacional francés.

    La respuesta a la pregunta que (se) formula tampoco va a ser retórica: de Certeau es un analista de esta cultura 1. Pero considera que este análisis sólo es posible a condición de adoptar una posición de vigilancia del propio acto de conocimiento. Como de Certeau, esta indagación intenta preguntarse si existe lo popular y acepta su respuesta. Pero esta investigación toma su corpus de los textos de los medios masivos de comunicación, por lo que se ve obligado a interrogarse en otra dirección: ¿puede encontrarse lo popular en su superficie discursiva?2 Jesús Martín Barbero (1983, 1987) señala que lo masivo funciona como mediación entre lo culto y lo popular. Habría, entonces, tres estrategias para reencontrarse con los popular en estos textos mediáticos: ir de lo popular a lo masivo, a través del análisis diacrónico; de lo masivo a lo popular, sobre un eje sincrónico; o indagar los usos populares de lo masivo.

    En este sentido, me interesaba recuperar especialmente la primera estrategia. Sobre ella dice el autor:

"1. De lo popular a lo masivo: dirección que no puede seguirse más que históricamente ya que, frente a todas las nostalgias por lo "auténticamente popular", lo masivo no es algo completamente exterior, algo que venga a invadir y corromper lo popular desde fuera sino el desarrollo de ciertas virtualidades ya inscritas en la cultura popular del siglo XIX. La cultura de masa no aparece de golpe, como un corte que permita enfrentarla sin más a la popular. Lo masivo se ha gestado lentamente desde lo popular. (...) en el terreno cultural la masificación consiste en el proceso de inversión de sentido mediante el cual pasa a llamarse popular en el s. XIX la cultura producida industrialmente para el consumo de las masas. Esto es, en el momento histórico en que la cultura popular apunta -(...)- a su constitución en cultura de clase, esa misma cultura va a ser mirada desde dentro, hecha imposible y transformada en cultura de masa. Pero a su vez esa inversión sólo será posible por la cercanía que en el siglo XIX guarda aún la masa de las "las masas", de manera que la cultura popular-masiva se constituye activando ciertas señas de identidad de la vieja cultura y neutralizando o deformando otras." (p.?)

    Yo encontraba que la estrategia señalada por Barbero tenía cierta discrepancia con la empiria, con la que abordaba la preocupación histórica. Trataba de analizar la cobertura que la prensa 3 realizaba sobre las muertes en el fútbol argentino, la primera de las cuales se había producido en 1924 (un total de 202 hasta el 2000). De indagar, especialmente, un tiempo pre y postperonista, en la medida en que en esta época, este deporte, como señala Alabarces (1999) "difundido eficazmente entre las clases populares desde los años '20", y habiendo producido un panteón heroico de jugadores, llegó a convertirse en "ritual celebratorio de la patria" (p.34). Durante el peronismo, entonces, "el deporte no se instituye como suplencia, como vicariedad, sino como el dato que confirma, en un universo complementario, el doble juego de expansión (de la Nación) e inclusión (de los nuevos actores populares)" (p.48).

    De ahí que resultara interesante indagarlo. Particularmente, los actos de violencia desarrollados en su seno, en la medida en que permitían la entrada simultánea al mundo de las representaciones de dos ejes centrales: los "hinchas" (vale decir, la representación de hinchas), de los cuales voy a hablar un poco más adelante y que ponían en escena la problemática de "lo nacional". Y la violencia y la masculinidad; y una serie de fenómenos asociados: la ley, la justicia, la muerte, los cuerpos. Pero, además, y esto fue apareciendo a medida que realizaba el relevamiento, la violencia era un eje temático privilegiado para estudiar la relación entre fútbol y política. Y esto porque se consideraba a su solución como el producto de un voluntarismo gubernamental. Pero también por sus vinculaciones con la dirigencia partidaria (algunas veces, la misma que la de los clubes), y, de nuevo, con la justicia.

    La discrepancia con la afirmación de Barbero era el producto de una observación, que me obligaba (o me permitía) decir algunas cosas. En principio, que no todas las muertes eran puestas en escena por las crónicas periodísticas, reportándose grandes silencios 4. En segundo lugar, que aquellas que lo hacían permitían pensar en la construcción discursiva de un nosotros-ellos. Y algo más interesante: que la cobertura de estas muertes en la prensa funcionaba señalando aquellos momentos en los que el sistema político estaba más democratizado. De ahí que una de las hipótesis que se fue formando, junto con la investigación, era que el discurso de la prensa sobre la violencia en el fútbol funcionaba como texto que ponía en escena actores destacados del contexto social y decía su comportamiento (correcto o no). En cierto sentido, entonces, funcionaba como discurso disciplinador. Por otro lado, no era ilusorio pensar esto, en la medida que, como señala Alsina (1989, 113-121), la prensa genera su agenda y construye la información en función del contacto con sus fuentes entre las cuales juega un papel destacado el subsistema político.

    La hipótesis, además, se veía reforzada por el hecho de que podían encontrarse grandes silencios informativos en épocas en que la "disciplina" era impartida no en forma dispersa, para hablar con palabras de Foucault, sino vertical y jerárquicamente (como entre 1976 y 1983, por ejemplo).

    De ahí que, justamente, y en contradicción con las afirmaciones de Barbero, el eje del conflicto no quedaba disuelto sino que se mantenía, si bien en el marco de la cultura masiva (y no en el de una cultura popular devenida cultura de clase). Este conflicto, como dije, podía verse en palabras, que articulaban, entonces, una economía moral de los cuerpos que ellas mismas representaban en la superficie textual de los medios. Así, ciertos cuerpos tenían como atributo principal su carácter violento, descripto a partir de expresiones que denotaban el polo negativo de una operación que era propia de la Modernidad: irracionalidad, bestialidad, salvajismo, vandalismo, infantilidad.

    En este sentido, Bauman (1997) señala lo siguiente:

"La nueva percepción de la relación entre el orden social (de hechura humana) y la naturaleza -incluida la naturaleza del hombre- encontró su expresión en la conocida oposición entre razón y pasiones. Estas últimas se veían cada vez más como el "equipamiento natural" de los hombres, algo que éstos adquirían al nacer, sin esfuerzo alguno de su parte ni ayuda de otros hombres. La primera, la razón, llegaba con el conocimiento, debía ser "transmitida" por otras personas, que conocían la diferencia entre el bien y el mal, la verdad y la falsedad. De tal modo, la diferencia entre razón y pasión fue el desde el comienzo mismo algo más que una oposición moral; contenía, implícita pero intrínsecamente, una teoría de la sociedad, que articulaba la oposición entre las raíces "naturales" de los fenómenos antisociales, y el mecanismo social, organizado y jerarquizado del orden social. Destacaba el papel indispensable del poder supraindividual (del estado) en la protección y perpetuación de una relación ordenada entre los hombres;" (p. 81-82).

    Otros sujetos representados, en cambio, eran los portadores del polo positivo. Se trataba de "dirigentes", "jugadores", "espectadores", "policías". Y sus actos violentos, en el caso de que se produjeran, eran un error, producto de la circunstancias, o una anomalía, en la medida en que su misión era mantener la civilidad, como mínimo, o dar el ejemplo, como máximo. Por otro lado, reforzando su posición de sujetos, se hacía hincapié en su masculinidad, indicando su potencia, su fuerza.

    Las características que estos ejes adoptaron en cada época histórica particular exceden los alcances de este texto. Pero en términos generales puede afirmarse que estas formas de representar a los dos grupos de sujetos se han mantenido a lo largo de más de 70 años.

    Intento reconstruir un mapa. Pero mi trabajo no es el del cartógrafo sino de navegante. Para esto, cuento ya con datos, otros mapas más antiguos, escritos al calor de los acontecimientos. Yo no quiero saber cómo fue la tierra que inspiró ese mapa sino qué fue lo que decidió (o no) las inscripciones en los papiros. Soy navegante sin barco.

    Pero hay más: como la propia condición de la prensa es poder someter a toda información a la selección (lo que implica el derecho de exclusión), no se trata tampoco de averiguar las razones de una geografía de lo eliminado, como señala de Certeau (1991). Y resta conformarse con aquello que resulta negado. Pero también ausente, en la medida en que algunos acontecimientos cumplen lo que podríamos suponer sus criterios de inclusión. Por lo tanto: parecen poder superar el umbral que lleva a un acontecimiento a transformarse en noticia.

    Antes de proseguir: como analista, me tocan terrenos áridos y movedizos. Pretendo encontrar lo popular, instituido como objeto de estudio a partir de una represión política, en una superficie discursiva, que, en principio, se había constituido anulando su conflictividad. Conflictividad pensada como articuladora privilegiada de lo popular (Hall, 1984)5.

    Negado o ausente, lo que el discurso de la prensa no puede presentarnos es una otra cultura, en la que los sentidos del aguante y del honor (de la violencia, al bestialidad o la irracionalidad, para decirlo con otras palabras) son radicalmente diferentes 6.

    Sin embargo, esta otra cultura es privilegiada en ciertas ocasiones. O, por lo menos, partes de ella. Se trata del momento en que los medios, a partir de la década de los '90, retomaron la imagen de estos hinchas para constituirlos como nuevos actores protagónicos de un relato de la nacionalidad (Conde 2000), luego de la caída de la eficacia simbólica de su último representante y mayor exponente: Diego Maradona (Alabarces y Rodríguez, 2000).

    De ahí que sean estos medios, también, los que deban, obligatoriamente, "hacerlos de nuevo": recaracterizarlos, darles color y espacios propios, mostrar sus bondades y su simpatía. Pensar a las pasiones correctas como momentos cumbres de las correctas fidelidades. En otros términos, producirlos 7. Y quizás el mejor ejemplo esté dado por las mujeres: sujetos dominados o excluidos tradicionalmente de este ámbito, se transformaron paulatinamente, en hinchas primero, y finalmente en representantes de la argentinidad 8. Nada menos.


Notas

  1. Cfr. de Certeau (1996).

  2. El autor ha centrado su descripción de la cultura popular en los "escamoteos" que se realizan en los "usos". En el caso de los productos de los medios, se trataría de una producción escondida en el consumo.

  3. Revista El Gráfico y diarios Clarín y Crítica. Y, en una segunda etapa, Diario Popular, Crónica y La Nación.

  4. Una lógica regla de selección informativa indicaría que las muertes que se produjeron en los partidos de la B y la B Nacional, así como en ligas inferiores no lograrían pasar de acontecimientos a informaciones. Es decir, no serían noticia. Evidentemente, por la cantidad de público, y su gravitación socio-cultural, los partidos de la A son los de mayor grado de noticiabilidad. Justamente esto es lo que llama la atención: los grandes silencios informativos se extienden indistintamente sobre cualquier partido. Y a la inversa: sus coberturas también son sobre partidos de las ligas inferiores, aunque en menor medida.

  5. Esto es lo que sostienen, en mayor o menor grado, algunos de los más lúcidos representantes de la Escuela de Birmigham. Cfr. Thompson (1990), Hoggart (1971). Posición a la que este trabajo adhiere.

  6. Cfr. Moreira (2001).

  7. Daniel Salerno (2001a, 2001b y 2001c) se encuentra realizando una investigación sobre el programa de televisión El Aguante. En su adelanto de investigación señala que el programa excluye la violencia como tópico. En este punto, me gustaría matizar la palabra "producir". Según lo observado, se trata de una producción que toma elementos existentes, pero que los aísla de tal forma que los presenta como radicalmente otros. Es el caso arriba señalado: al eliminar la violencia, el programa El Aguante construye un hincha de fútbol tipo que no responde a la historia.

  8. El carácter más decididamente particular de esto radica en que el estereotipo de mujer, como señala Mosse (1998) representa clásicamente la tradición, mientras el del hombre representa la nacionalidad, con sus ideas asociadas: racionalidad, ciencia, progreso, etc. Además, se trata de representaciones de una mujer que aparece en la escena pública, en vez de en la privada, que es su lugar "natural". Por otro lado, estas representaciones no pueden ser equiparadas con imágenes de mujeres como la Marianne de la Revolución Francesa. Mientras esta última es sobre todo madre (sus pechos se encuentran llenos de leche nutricia), las otras son mujeres sensuales: curvilíneas y despojadas de ropa.


Bibliografía

  • Alabarces, Pablo (1999), "La patria futbolística. Fútbol y narrativas nacionales en la Argentina", Tesis de Maestría, inédita.

  • Alabarces, P. y Rodríguez, M. G. (2000), “Football and Fatherland. The crisis of the national representation in the Argentinean Football”, en Culture, Sport, Society, II, 3, London: Frank Cass.

  • Alsina, Miguel Rodrigo (1989), La construcción de la noticia, Paidós: Madrid.

  • Barbero, Jesús Martín (1987), De los medios a las mediaciones. Comunicación, cultura y hegemonía, Gustavo Gilli: Barcelona.

  • ------- (1983), "Memoria narrativa e industria cultural", en Comunicación y cultura, Nro 10: México, agosto.

  • Bauman, Zygmunt (1997), Legisladores e intérpretes. Sobre la modernidad, la posmodernidad y los intelectuales, Universidad Nacional de Quilmes: Buenos Aires.

  • Conde, Mariana (2000), "Fútbol, mujeres y nacionalidad en los Campeonatos Mundiales de Fútbol de Italia '90, Estados Unidos '94 y Francia '98", Tesis de licenciatura, inédita.

  • de Certeau, Michel (1996) La invención de lo cotidiano, Universidad Iberoamericana: México.

  • - (1991), "La belleza de lo muerto: Nisard", en Heterologies. Discourse on the Other, University of Minnesota Press: Minneapolis. Traducción de Cecilia Vázquez.

  • Hall, Stuart (1984), "notas sobre al deconstrucción de lo popular", en Samuels, R. (ed.), Historia popular y teoría socialista, Crítica: Barcelona.

  • Hoggart, R. (1971), " 'Ellos' y 'Nosotros' ", en La cultura obrera en la sociedad de masas, Grijalbo: Barcelona.

  • Moreira, María Verónica (2001), "Aguante: prestigio y honor", ponencia presentada ante los I Jornadas de estudios Sociales y Culturales del Deporte, Área Interdisciplinaria de Estudios del Deporte, Facultad de Filosofía y Letras, UBA, Buenos Aires 27 de abril.

  • Mosse, George (1998), The image of man. The creation of modern masculinity, Oxford: New York.

  • Salerno, Daniel (2001a), "Descripción del programa El Aguante", adelanto de investigación, Beca de Iniciación, UBA - 2000.

  • ------- (2001b) "Intento", adelanto de investigación, Beca de Iniciación, UBA - 2000.

  • ------- (2001c) "El aguante de El Aguante", adelanto de investigación, Beca de Iniciación, UBA - 2000.

  • Thompson, Edward (1990), "Introducción: costumbre y cultura", en Costumbres en común, Crítica: Barcelona.


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