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Hacia la formación de un taekwondista 

competente. Limitaciones, retos y perspectivas

 

Master en Educación Avanzada. Licenciado en Cultura Física, Deportes y Recreación

Metodólogo Inspector Integral de Deportes. Villa Clara. Cuba

Cinta Negra de Taekwondo 2º Dan

MSc. Yoel Morales Cuellar

infvcl@inder.cu

(Cuba)

 

 

 

 

Resumen

          El presente artículo pretende movilizar el pensamiento de los pedagogos y directivos del taekwondo sobre las limitaciones, los retos y perspectivas para la formación de un deportista competente como alternativa para enfrentar las exigencias del taekwondo contemporáneo.

          Palabras clave: Taekwondo. Formación. Exigencias.

 

 
EFDeportes.com, Revista Digital. Buenos Aires, Año 18, Nº 190, Marzo de 2014. http://www.efdeportes.com/

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Introducción

    Los continuos e incesantes cambios acaecidos en el Taekwondo contemporáneo, hacen que la preparación de los taekwondistas de alto nivel se perfeccione cada día en aras de poder cumplir los propósitos competitivos y alcanzar el máximo desempeño en todos los eventos deportivos.

    En la actualidad se percibe un gran aumento de eventos competitivos en el año y la cercanía entre ellos; se notan continuos cambios en la reglamentación en busca de mayor espectacularidad (como la inclusión de los petos electrónicos y mayor bonificación por la utilización de patadas complejas, etc.), se ha incrementado de manera considerable la participación de taekwondistas de élite con niveles de preparación técnica y física casi pareja en las competiciones actuales, se aprecia una polarización de fuerzas en algunos países, y el establecimiento de estrategias de algunas naciones para ganar los certámenes y obtener resultados deportivos relevantes en la arena internacional, entre otros aspectos.

    Lo anterior ha originado un cambio en el escenario competitivo y en la obtención de títulos, pues cada vez más aparecen nuevas figuras que muestran un desempeño competitivo superior, así como la no repetición de la supremacía de algunos campeones de una competición a otra, lo que obliga al Taekwondo contemporáneo a exigir un rendimiento cada día más efectivo y superior.

    Los cambios acontecidos hacen que en innumerables ocasiones los taekwondistas no se preparen para una sola confrontación deportiva, sino para un número considerable de ellas, lo que los obliga con frecuencia a participar en estos desafíos en una forma deportiva óptima, todo lo cual les exige el despliegue de la capacidad de movilizar sus recursos (conocimientos, habilidades, actitudes), su nivel de preparación y disposición de manera integrada para poder tener un desempeño efectivo acorde con el desarrollo adquirido en los componentes (físico, psicológico, teórico y fundamentalmente técnico-táctico) en el momento de la competición.

    Las características del Taekwondo contemporáneo evidencian la necesidad de una formación del taekwondista que lo capacite para desplegar un saber hacer complejo como resultado de la movilización, integración y adecuación de conocimientos, habilidades y actitudes, entre otros recursos, utilizados eficazmente en diferentes situaciones competitivas caracterizadas por la complejidad y la incertidumbre, esto es, formar el deportista que requiere el futuro “más inteligente, creativo e independiente” (Morales y Jons, 2000) en correspondencia con los diversos cambios y transformaciones contemporáneos, la lógica del desarrollo del deporte y los rendimientos atléticos.

    Una de las alternativas que preparan a los individuos para enfrentar situaciones complejas o de incertidumbre de la sociedad moderna es el enfoque de competencias (Ruiz, 2010), surgido como respuesta ante las limitaciones de la enseñanza tradicional (Zabala y Arnau, 2007). Este enfoque exige que se interrelacionen de manera efectiva lo conceptual, lo procedimental y lo actitudinal en función de preparar al individuo para que pueda hacer frente de manera eficaz a situaciones complejas y novedosas que rodean el contexto de actuación y pueda utilizar de forma efectiva aquello que conoce. (Ruiz, 2010)

    Dentro de esta perspectiva, el concepto de competencia resulta esencial; término multidimensional, integrador, comprensivo, ecológico, rodeado de incertidumbre, relativamente nuevo y contemporáneo estudiado por numerosos autores (McClelland, 1973; Tremblay, 1994; Rey, 1996; Perrenoud, 1997, 2001; Le Boterf, 2000; Cepeda, 2005; Coll y Martín, 2006; Comes, 2005; Goñi, 2005; Monereo, 2005; Garagorri, 2007, Zabala y Arnau, 2007; Ruiz, 2010; entre otros).

    En el deporte en general y en el Taekwondo en particular, el enfoque de competencias aún no se ha generalizado y se ha acogido con la misma popularidad que en otros contextos educativos. En este ámbito el término competencia todavía es un tema poco tratado y generalmente su significado se ha asociado más al “contexto donde se enfrentan el taekwondista y el adversario para medir sus conocimientos, su nivel de preparación, su nivel de aprendizaje y rendimiento, para alcanzar determinados objetivos. Situación por la cual a menudo ha traído confusión, cuando se utiliza desde otra perspectiva, tanto para los profesores deportivos, directivos, taekwondistas, etc.

    Joan Riera Riera (2004, p. 24), al respecto, apunta que los conceptos de habilidad y competencia a menudo se confunden o se utilizan indistintamente. Este autor considera que en el deporte se debe cumplir con el principio de idoneidad: “Los deportistas y entrenadores que reúnan aptitud y competencia, tienen mejores oportunidades de participar en el alto rendimiento deportivo”. Sin embargo, aún el cumplimiento de este principio actualmente se ve limitado por numerosas razones.

    El Taekwondo contemporáneo debe orientarse hacia la búsqueda de nuevas soluciones que posibiliten enfrentar aquellas problemáticas que pudieran estar afectando la preparación de los taekwondistas para la obtención de continuos y elevados resultados deportivos.

Desarrollo

    Las exigencias y demandas del Taekwondo contemporáneo hacen que continuamente se perfeccione la preparación del taekwondista en función de alcanzar cada día mejores resultados deportivos. En este sentido, se pretende reflexionar en torno a la necesidad de potenciar la formación de un taekwondista competente como alternativa para enfrentar las elevadas exigencias del Taekwondo actual, por ello se aborda el enfoque de competencias como una alternativa para logra dicha aspiración.

    El término competencia es relativamente nuevo y contemporáneo, constituye un aspecto complejo, multidimensional, integrador, comprensivo, ecológico, rodeado de incertidumbre, y su utilización comienza en el campo de las ciencias psicológicas por los teóricos de la psicología cognitiva a finales de la década de los cincuenta, cuando Noam Chomsky introduce el concepto competencia lingüística. (Aguiar, 2010)

    En la actualidad su tratamiento es retomado en determinadas áreas como la gerencia, la negociación, la formación de profesionales, entre otras. Hoy día, ya es un hecho innegable su introducción en el ámbito escolar y el deporte no puede permanecer ajeno a estos cambios.

    En el contexto escolar, el término competencia, surge como respuesta a las limitaciones de la enseñanza tradicional, basada en el modelo conductista, reducido al aprendizaje memorístico, repetitivo de conocimientos, aspectos que dificultan la puesta en práctica de estos conocimientos en la vida real.

    El enfoque de competencias busca la mayor integración entre los procesos formativos y los futuros desempeños de los alumnos, prepara al individuo para enfrentar situaciones complejas (Zabala y Arnau, 2007; Escudero, 2008; Ruiz, 2010). Se orienta a la formación integral del ser humano a partir del desarrollo de todas sus capacidades (Zabala y Arnau 2007; Escudero, 2008; Ruiz, 2010, entre otros), en plena correspondencia con lo planteado por la ONU (1948), la UNESCO (2000) y la Declaración de la Convención Internacional sobre Educación del Siglo XXI. (Delors, 1996, p. 46)

    Existe coincidencia en los investigadores que abordan la temática en que el concepto de competencia es esencial dentro de este enfoque, término complejo, multidimensional, rodeado de incertidumbre, surgido para caracterizar aquello que identifica a una persona capaz de realizar una tarea de forma eficiente (Ruiz, 2007).

    Autores como Yepis (2004) y Ruiz (2001), entre otros, han señalado que el tratamiento teórico-práctico del término competencia en los diversos contextos se ha caracterizado por un carácter controvertido, reduccionista, de contexto, funcional, de resultado y eficientista.

    Cualquier propuesta que se diseñe sobre la base de competencias debe superar determinadas barreras que impiden su formación y desarrollo; en este sentido, Ruiz (2001) y Yepis (2004) coinciden en las siguientes:

  • Insuficiente preparación de los profesores para la formación de competencias que propicien una integración entre la instrucción y la educación, la reflexión y el adiestramiento.

  • El uso de modelos pedagógicos de enseñanza-aprendizaje donde prevalece el modelo tradicional.

  • Concepciones curriculares divorciadas socialmente que no responden a desempeños relacionados con la realidad.

  • Falta de claridad terminológica en el significado del vocablo competencia en el ámbito pedagógico, tanto en sentido general como particular.

  • Ausencia de propuestas metodológicas y didácticas viables para la implementación a partir de los propios contenidos de las asignaturas.

    El concepto de competencias, según Ruiz (2007), tiene determinados rasgos que lo caracterizan, entre de los que se encuentran:

  • Integración de saberes (integran conocimientos, habilidades, destrezas, capacidades, actitudes y valores).

  • Uso del conocimiento (no se limita a demostrar lo que se conoce, sino a hacer algo con aquello que se conoce).

  • Transferencia del aprendizaje a situaciones similares y diferentes (ser competente implica poder actuar en situaciones diferentes a aquellas en las que se produjo el aprendizaje. (Ruiz, 2007)

    Mulder, Weigel y Collings (2008), citados por Escudero (2008), han explicado los diversos enfoques a partir de los cuales ha sido desarrollado este término en diferentes investigaciones, y destacan el enfoque conductista, genérico, constructivista, e integrado.

    El tratamiento del concepto de competencias en el ámbito educativo en muchas ocasiones se ha caracterizado por interpretaciones reduccionistas (Hayes, 1995; Lafourcade, 1992 y Lévy-Leboyer, 1997, citados en Castellanos, 2003).

    Al hacer un análisis de la multiplicidad de definiciones del término competencia, se constatan tres perspectivas o tendencias más generalizadas en su abordaje:

  • La competencia como capacidad o habilidad de ejecutar tareas;

  • como atributos personales (actitudes y capacidades);

  • y la competencia desde la perspectiva holística (que abarca las dos anteriores), (Echeverría 2002, a partir de los estudios de Gonzi y Athnasou 1996), Ruiz, (2010).

    Zabala y Arnau (2007, p.32) apuntan que las definiciones que se encuentran tanto en la literatura que trata el término en el ámbito empresarial como en el educativo, se orientan en dos direcciones fundamentales:

  • se dan con un carácter claramente semántico, al señalar la función que tiene la competencia,

  • y se abordan desde la perspectiva de su estructura, es decir, en sus componentes.

    En la actualidad, las concepciones sobre las competencias, particularmente en el ámbito educativo, las enmarcan como configuración psicológica que favorece el desempeño exitoso del sujeto en un determinado tipo de actividad. Desde esta perspectiva se entienden como “una configuración psicológica que integra diversos componentes cognitivos, metacognitivos, motivacionales y cualidades de la personalidad en estrecha unidad funcional que regulan el desempeño real y eficiente en una esfera específica de la actividad; en correspondencia con el modelo de desempeño deseable socialmente construido en un contexto histórico concreto”. (Castellanos, 2003, p. 70)

    Ruiz (2002), Zabala y Arnau (2007) coinciden en que el concepto de competencia se entiende como la capacidad o habilidad de efectuar tareas o hacer frente a situaciones diversas de forma eficaz en un contexto determinado, para ello es necesario movilizar actitudes, habilidades y conocimientos al unísono y de forma interrelacionada. Las competencias son observables a través de la actuación y el desempeño del sujeto en la que los valores, las actitudes, las intenciones, los motivos se integran para lograr lo deseado.

    Esta capacidad o habilidad es entendida como un concepto cualitativamente diferente que abarca la combinación integrada de conocimientos, habilidades y actitudes conducentes a un desempeño adecuado y oportuno en diversos contextos, o sea, tiene una connotación más amplia en la formación del individuo (Ruiz, 2002: 25).

    Es amplia la literatura que aborda la clasificación de las competencias. Ruiz (2010) señala que estas se pueden dividir de acuerdo con tres grupos de clasificaciones más frecuentes:

  1. atendiendo a los niveles de generalidad y especificidad: donde se incluyen las competencias básicas, las competencias genéricas, y las específicas, centradas en las competencias técnicas o disciplinares según las diferentes áreas de conocimiento;

  2. en cuanto a dos grandes ramas de formación: las competencias educativas y las competencias laborales profesionales y

  3. atendiendo las competencias sociales.

    Lara (2011: 29-30) señala algunas de las diversas clasificaciones que se pueden encontrar en la literatura que aborda el tema:

  • Conceptual, técnica, humana. (Tejada, 1999).

  • Técnica, metodológica, social, participativa. (Punk, referenciado en Tejada, 1999).

  • Básicas, genéricas y específicas (CONOCER, 2001; Mertens, 1997).

  • Genéricas y especificas (Tuning, 2003; Corominas, 2006; González Maura y González Tirados, 2008).

    La literatura que aborda el tema registra diversas propuestas de competencias a desarrollar tanto en el ámbito educativo como empresarial. Dentro de este aspecto se destacan los trabajos de autores como Weinert (1999), Delamare y Winterton (2005), Zabala y Arnau (2007), Escudero (2008), Mulder, Weigel y Collings (2008), entre otros.

    Cada uno las precisa según el área de actuación en que se desarrollan, siempre relacionadas con conocimientos, habilidades, capacidades, valores y el desempeño en el área en que se manifiesten.

    Las investigaciones sobre el enfoque de competencias en la actividad física y del deporte son muy recientes (Lara 2011), y se destaca su tratamiento esencialmente desde el ámbito laboral y profesional (Jiménez, 2001; Boned, 2004; Castillejo, 2004; Murguía y Echavarría (s.f.), Isla Alcocer, 2006; Lara, 2011 y Aguiar, 2010). Los estudios sobre la inclusión del término competencias en el ámbito de la preparación deportiva aún es un tema poco tratado.

    El término competencia, en el campo del deporte en general y en el Taekwondo en particular, se aborda poco y generalmente su significado se ha asociado más al contexto donde se enfrentan el deportista y el adversario para medir sus conocimientos, su nivel de preparación, su nivel de aprendizaje y rendimiento, para la obtención de determinados objetivos (medallas, trofeos, la clasificación para otros compromisos deportivos, la evaluación del nivel adquirido en los conocimientos, habilidades y actitudes, entre otros aspectos), situación por la cual a menudo ha traído confusión, cuando se utiliza desde otra perspectiva, tanto para los profesores deportivos, como para los directivos y los deportistas.

    Riera (2004, p. 24), al respecto, considera a veces que los conceptos de habilidad y competencia se confunden o se utilizan indistintamente: “Mientras que la habilidad se demuestra en la realización eficaz de una tarea, la competencia se demuestra en la realización eficaz de las tareas propias de una actividad” (…) “Hay la misma correspondencia entre los conceptos tarea y habilidad, que entre los conceptos actividad y competencia”.

    El Taekwondo contemporáneo altamente competitivo y complejo reclama la inclusión del enfoque de competencias como vía que posibilita preparar al taekwondista para enfrentar de manera efectiva esta competitividad y complejidad.

    El modelo de preparación del taekwondista se orienta a desarrollar la formación integral, su diseño; sin embargo, no está concebido sobre la base del desarrollo de competencias. Es necesario intencionar la preparación deportiva desde el propio inicio para desarrollar una actuación competente y que posibilite capacitarlo para responder de manera efectiva a las exigencias competitivas del Taekwondo contemporáneo.

    Se considera que es la preparación técnico-táctica el contexto pedagógico esencial para desarrollar la actuación competente del taekwondista. No obstante, la descripción de las competencias que logran dicha actuación aún no están develadas.

    Coincidiendo con Riera (2004), se considera que en el entrenamiento de Taekwondo se debe cumplir con el principio de idoneidad, pues los taekwondistas y entrenadores que reúnan aptitud y competencia, tienen mejores oportunidades de participar en el alto rendimiento deportivo; sin embargo, el cumplimiento de este principio actualmente se ve limitado.

    Se coincide con Escudero (2008) al plantear que dada la diversidad semántica del término competencia, la pluralidad de elementos constitutivos, así como de las diversas dimensiones que puede cubrir, sería pretenciosa cualquier definición totalizadora dada su complejidad y multiplicidad. Asume el concepto de competencia desde una perspectiva holística según lo descrito por Echeverría (2002), y lo apuntado por Ruiz (2002), Zabala y Arnau (2007).

    Se conciben las competencias como aquellas condiciones (capacidades) necesarias para enfrentar de manera efectiva situaciones complejas. Estas condiciones (capacidades) son mentales, motivacionales, sociales, éticas, motrices y personales necesarias para la obtención de logros deportivo-competitivos concretos. Esto es, se entienden como una integración de capacidades (Avolio e Iacolutti, 2006) que le permiten al taekwondista actuar de manera eficaz en situaciones reales de entrenamiento y competición.

    Se asumen como un concepto amplio, complejo, integrativo de la personalidad del taekwondista, que le posibilita el despliegue de un hacer con saber y con conciencia sobre las consecuencias de ese hacer (Braslavsky, 1999; Ropé y Tanguy, 1994, citados por Aguiar, 2010).

    La competencia no reside solo en las capacidades que posee el individuo, sino, esencialmente, en la movilización misma de esas capacidades (Ruiz, 2010). Saber no es poseer, sino utilizar; el paso del saber a la acción constituye un proceso que cuenta con un valor agregado. (CEPES, 2006)

    Lo anterior requiere asumir un enfoque integrado del proceso para su formación y desarrollo que incluya la unidad de influencias en la esfera intelectual, la volitiva, la esfera de motivaciones y necesidades, y la esfera práctica-activa.

    La competencia constituye al mismo tiempo un estado y un proceso (Ruiz, 2010), “es poniendo en práctica la competencia como se llega a ser competente”. (Le Boterf, 1994, citado en CEPES, 2006, p. 82)

    El presente artículo pretende movilizar el pensamiento de los pedagogos y los directivos del Taekwondo sobre las limitaciones, retos y perspectivas para la formación de un taekwondista competente en el orden técnico-táctico.

    Se entiende que un taekwondista competente es aquel que posee un repertorio de capacidades (mentales, motivacionales, sociales, éticas, físico-motrices y personales) que le posibilitan movilizar y aplicar de manera integrada, estratégica, reflexiva los diversos saberes o recursos que posee para dar solución efectiva a los problemas, situaciones y tareas complejas, que surgen en una variedad de contextos y situaciones de entrenamiento y competición.

    El taekwondista es competente cuando domina todo un repertorio de respuestas motrices pertinentes para situaciones que, en una elevada frecuencia, son nuevas e imprevistas, y que posee la capacidad de ajustar los patrones de movimientos a las circunstancias cambiantes del medio (Salvesberg, Davids, Van der Kamp y Benett, 2003, citados por Ruiz, 2004). Es competente cuando ha adquirido cierto nivel en el desarrollo de sus capacidades mentales, motivacionales, sociales, éticas, motrices y personales, que le posibilitan desarrollar la práctica del Taekwondo y obtener rendimientos previstos para cada competición.

    Es competente en el orden técnico-táctico cuando saber qué hacer, cómo, cuando, dónde y por qué actuar. Cuando es capaz de gestionar su propio proceso de aprendizaje y desempeño técnico-táctico, y aplica los diversos recursos que posee de manera activa, autorregulada, consciente, significativa, motivada, dialéctica y personalizadamente para dar solución a las diversas situaciones complejas que se le presentan.

    La formación de un taekwondista competente constituye hoy día una exigencia del Taekwondo contemporáneo en función de alcanzar cada día mejores resultados deportivos.

    Se debe orientar la preparación deportiva hacia la solución de aquellas limitaciones que pudieran afectar la formación del taekwondista que requieren las exigencias del Taekwondo contemporáneo, esto es, la formación de un taekwondista competente.

Conclusiones

    La formación de un taekwondista competente es una necesidad para enfrentar la complejidad que caracteriza el Taekwondo competitivo actual. En el entrenamiento de este deporte se debe cumplir con el principio de idoneidad. La preparación técnico-táctica constituye el contexto pedagógico esencial para la formación de un taekwondista competente; sin embargo, aún existen un sinnúmero de limitaciones que impiden concretar esta aspiración.

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