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Del fútbol como sedante (opio del pueblo)
al activador de conciencia

   
Sociólogo, UBA
(Argentina)
 
 
Roberto Di Giano
robaied@hotmail.com

 

 

 

 

 
    La cuestión de valerse de los futbolistas de elite para afirmar el prestigio de una nación conforma ya una estrategia de larga data. Hasta se puede asegurar que se ha convertido en una ley de hierro para todos los gobiernos que quieren transmitir optimismo a la población.
 

 
EFDeportes.com, Revista Digital. Buenos Aires - Año 18 - Nº 182 - Julio de 2013. http://www.efdeportes.com/

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Introducción

    Abundantes son los niveles de incertidumbre que se disparan en un partido o campeonato de fútbol. De allí que se presten a que se tejan todo tipo de fábulas y teorías conspirativas a su alrededor.

    Resultan tales los disparates que se hace muy difícil mantener la objetividad. Además, el contexto sociopolítico poco ayuda porque es probable que nunca se haya mentido de una manera tan descarada como en esta difícil época que nos toca transitar a todos.

    En este marco se termina haciendo estéril cualquier tipo de reflexión profunda. Irremediablemente después de lograr cualquier éxito deportivo se fomenta el culto a los héroes masculinos que puede ir acompañado de aquella antigua costumbre de construir estatuas. Y, como ya todos sabemos, cuando se exagera tanto en cuestiones de hazañas se termina extraviando lo que se festeja.

    Si las disputas son de carácter internacional siempre se despiertan los sentimientos nacionales que se pasean altivos por los espacios públicos y muy modernamente por las tandas publicitarias.

    Los delirios de grandeza se ponen a la orden del día porque, entre otras cosas, la tan ansiada globalización deportiva va acompañada de impulsos identitarios que se agigantan en tales circunstancias.

    La cuestión de valerse de los futbolistas de elite para afirmar el prestigio de una nación conforma ya una estrategia de larga data. Hasta se puede asegurar que se ha convertido en una ley de hierro para todos los gobiernos que quieren transmitir optimismo a la población.

    Cuando se comprueba la eficacia de las manipulaciones llevadas a cabo por selectas minorías, se ven claramente las respuestas ambivalentes de los aficionados. Si bien ellos suelen someterse rápidamente a las decisiones de los grupos políticos y deportivos dominantes son también capaces de guardar una distancia crítica y en ocasiones expresan su descontento, demostrando así que no son tan idiotas culturales como se cree.

    A la luz de la reciente experiencia brasileña, esas prolongadas manifestaciones populares de protesta en medio de la disputa de la Copa Confederaciones, no resulta tan fácil seguir sosteniendo que el espectáculo futbolístico es meramente el opio de los pueblos. Un discurso reduccionista basado en el desencanto extremo que lleva a pensar que quien se apasiona por el fútbol pierde automáticamente toda visión clara de los grandes problemas nacionales.

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