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Organización temporal durante la clase de Educación Física

 

Académico del Departamento de Educación Física

Universidad de Atacama

(Chile)

Dr.C. Jorge Valdivia Díaz

jorge.valdivia@uda.cl

 

 

 

 

Resumen

          Durante el desarrollo de la sesión de clases existen momentos de pérdida de tiempo, por lo que se debe gestionar esta variable y obtener el mejor provecho posible para que el escolar tenga oportunidades reales de práctica.

          Palabras clave: Clase de Educación Física. Organización. Prevención. Tiempo.

 

 
http://www.efdeportes.com/ Revista Digital - Buenos Aires - Año 15 - Nº 146 - Julio de 2010

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    La organización de las actividades que se efectuarán durante el desarrollo de la clase, permite prever, anticipar y planificar el conjunto de secuencias didácticas para el tratamiento adecuado de los contenidos. Su función es poner por escrito, con anticipación, las relaciones entre las secuencias didácticas, agrupamientos, formaciones, instrucciones preliminares y la disponibilidad de tiempo, de manera de ordenar los episodios de la sesión, y darles un carácter de continuidad.

    Lo anterior tiene una estrecha relación con facilitar las oportunidades de práctica, y permitir el desarrollo normal de la clase. Debe planearse sin improvisaciones que impidan la consecución de los objetivos a alcanzar.

    La organización es un diseño estructurado con anterioridad, que cobrará sentido cuando se pongan en marcha todas las acciones de una clase de Educación Física.

    Una buena organización debe considerar algunos aspectos previsores, como son:

  • Las características determinadas por el diagnóstico del grupo-curso.

  • La lógica de los contenidos a tratar.

  • Los recursos espaciales, temporales y materiales.

  • Las estrategias metodológicas.

  • El contexto sociocultural en el cual están inmersos los escolares.

    En el momento cuando el docente vaya a organizar su trabajo debe considerar previamente el estudio de estas disposiciones reales. De esta manera, la organización también debe ser canalizada contextualmente. Lo contrario significaría improvisar o distribuir arbitrariamente las secuencias didácticas.

    De acuerdo con lo señalado anteriormente: “la organización preventiva de la clase, hace referencia a las estrategias preactivas (más bien que reactivas) que los profesores utilizan para crear y mantener un clima positivo centrado en las tareas, donde un mínimo de tiempo se dedica a ser planificada y enseñada por el educador, para que después la pongan en práctica los alumnos. Así, los estudiantes aprenden a conformarse con las exigencias de tareas de organización y de aprendizaje”. (Siedentop, 1998, p. 114).

    Respecto a lo que plantea Siedentop, esta organización debe ser planificada y aprendida por los escolares. Es decir, los alumnos a través de códigos y señales enseñadas por el docente, colaborarán para economizar gran parte del tiempo disponible para la clase.

    Los traslados, agrupamientos, repliegues, despliegues, etc., se efectuarán con una mayor ligereza y otorgarán un mayor valor a las situaciones propiamente instruccionales y educativas.

    Además de lo descrito anteriormente, el docente debe fomentar hábitos que faciliten que esta organización se dé en forma adecuada, como, por ejemplo, tener el vestuario deportivo a mano en caso de equiparse o traerlo puesto si las autoridades del establecimiento lo aceptan, colocar y ordenar el material para la práctica, atender las explicaciones y códigos del docente, disponer de los insumos didácticos para la práctica y acondicionar el espacio físico disponible para la sesión.

    Lo anterior sirve de ejemplo, considerando algunas acciones precautorias aprendidas anticipadamente, tanto para el mismo docente, como también para los escolares.

    Sin ninguna duda, esta acción organizativa debe facilitar el desarrollo normal de la clase, ampliando el tiempo productivo y, por ende, las oportunidades de práctica regular.

    Doval (1999), Cuéllar y Carreiro da Costa (2001) coinciden en señalar que debe apreciarse una organización del tiempo de trabajo; de esta manera se aumenta el tiempo de práctica por parte de los escolares. Las oportunidades para incurrir en actos de indisciplina, se ven aminoradas, precisamente, por la característica precautoria que tiene la organización previa.

    El organizar y disponer estratégicamente los elementos formales y no formales del proceso de dirección, permite concretar los siguientes aspectos:

  • Ganar tiempo en los traslados y desplazamientos para el comienzo de las secuencias didácticas.

  • Garantizar la seguridad necesaria en la ubicación, desplazamiento e interacción con los materiales.

  • Intervenir en forma eficaz según los propósitos educativos definidos en la etapa de organización.

    Además de los aspectos señalados, se pueden atender las necesidades de aprendizaje que evidencien los escolares. Por ello, en el Marco para la Buena Enseñanza se plantea que: “el profesor utiliza de manera flexible el tiempo de enseñanza disponible, en función del nivel de comprensión de los estudiantes frente a los temas abordados. Se muestra flexible frente a los requerimientos de los estudiantes durante la clase (preguntas, opiniones) asignando espacios a estas demandas, así como el tiempo que requieren las actividades para lograr los objetivos de aprendizaje”. (Marco para la Buena Enseñanza, 2003, p. 30).

    Lo anterior solo será posible cuando las situaciones provisorias sean abordadas con rigurosidad, de tal manera que considere durante la etapa de interacción con los escolares el nivel de acercamiento o de alejamiento que se aprecie en los escolares, de acuerdo con los propósitos educativos definidos en la etapa de organización.

    Para argumentar lo ya expresado, Ávalos plantea que: “para un buen aprovechamiento del tiempo es necesario una buena organización por parte del profesor en todos los aspectos, ya sea tomando en cuenta a las personas a quienes se va a realizar las clases, tiempo de aprendizaje que acumulará el estudiante y el tiempo que se utilizará para dar explicaciones e indicaciones”. (Ávalos, 2002, p. 75).

    Por lo tanto, una buena organización permite que las explicaciones, demostraciones, espera y práctica por parte de los escolares sean abordadas en forma óptima, lo que facilitará la frecuencia y calidad de la implicación por parte de ellos.

    Los docentes eficientes construyen estructuras de organización con el propósito de ahorrar tiempo, minimizar riesgos, y favorecer la aparición de comportamientos de acuerdo con la tarea. El gran objetivo de esta organización es crear un clima favorable para el aprendizaje.

    La organización temporal debe permitir una distribución racional del tiempo destinado para la sesión de clases. Al respecto, el autor español Sánchez Bañuelos la define como la “adecuada distribución del tiempo de la clase, tanto de las sesiones (número de sesiones, estructuración o fase de la sesión y su duración), como de las actividades (tiempo de trabajo y descanso)”. (Sánchez, 2003, p. 261).

    Respecto a lo planteado por este autor, la organización temporal permite distribuir las unidades didácticas, los planes de clase, las secuencias didácticas y las tareas pedagógicas, construyendo en términos temporales la programación para los distintos ciclos de enseñanza que corresponden al período escolar. Su valor radica en la organización intrínseca del proceso de enseñanza-aprendizaje, lo que facilita una distribución cronológica que permite prever un desarrollo lógico de los contenidos a tratar.La distribución del tiempo para la clase, además de organizar una distribución temporal para cada secuencia didáctica, facilita que la dosificación de las cargas de trabajo provoque estímulos suficientes que permitan asimilar estas, debido a su previa consideración y planificación.

    Para estos efectos se puede organizar el tiempo a través de la escala cronométrica, la cual es definida de la siguiente manera: “hacer referencia al tiempo que se determina para las partes fundamentales de la clase, con objeto de lograr una utilización racional del mismo, que garantice una enseñanza fecunda. Conviene señalar que la escala cronométrica no es un instrumento inflexible, sino un medio de estimación temporal aproximada que se utiliza con la intención de evitar la dispersión de esfuerzos. Por tanto, la dosificación del tiempo total de la clase para cada elemento que la conforma es una propuesta, cuya materialización se halla sujeta a una diversidad de elementos y circunstancias que, en un momento dado, pueden afectar dinámicamente la sesión”. (Torres, 2005, p. 68).

    Esta distribución del tiempo disponible debe facilitar la participación de todos los escolares, ya que su estructuración permitirá respetar los ritmos de trabajo y descanso. Así, el manejo racional de los estímulos y las etapas de reposo serán considerados para distribuirlos racionalmente. Además, su previa consideración estará sujeta a algunos ajustes, a medida que las secuencias evidencien o no los efectos educativos esperados.

Bibliografía

  • Ávalos, Beatrice. (2002) Profesores para Chile, Historia de un proyecto. Santiago, Editorial Bárbara Larraín. p. 75.

  • Cuéllar Moreno, María Jesús. y F. Carreiro Da Costa. (2001) Estudio de las variables de participación del alumnado durante el proceso de enseñanza aprendizaje. Lecturas: Educación Física y Deportes, Revista Digital. Buenos Aires, Año 7, Nº 41. http://www.efdeportes.com/efd41/variab.htm

  • Doval Naranjo, Francisco. (1999) “Indicadores de validación y control de la clase de Educación Física”. Tesis para obtener el grado científico de Doctor en Ciencias de la Cultura Física. Instituto Manuel Fajardo. La Habana. Registro Biblioteca I. S. C. F.

  • Marco para la Buena Enseñanza (2003). Santiago, Imprenta C y C Impresores Ltda. p. 30.

  • Sánchez Bañuelos, Fernando. (2003) Didáctica de la Educación Física. Madrid, Editorial Prentice Hall. p. 261.

  • Siedentop, Daryl. (1998) Aprender a enseñar la Educación Física. Barcelona, Editorial INDE Publicaciones. p. 114.

  • Torres Solís, José Antonio. (2005) Didáctica de la clase de Educación Física. 2ª. ed. México, Editorial Trillas. p. 68.

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