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Proteínas y aminoácidos como factores determinantes 

en la dieta del deportista: suplementación

 

*Diplomado en Magisterio de Educación Física por la Universidad de Granada

Técnico Superior de Formación Profesional en

Animación de Actividades Físicas y Deportivas.

** Licenciado en INEF por la Universidad de Granada

Diplomado en Magisterio de Educación Física por UGr

Cursando Programa de Doctorado en la UGr

Andrés Martínez Baena*

Alejandro César Martínez Baena**

acmartinez@ugr.es

(España)

 

 

 

Resumen

          Las proteínas y los aminoácidos (AA) se presentan en la actualidad como factores determinantes en la dieta del deportista en lo referente al ámbito de la suplementación o suplementos de tipo dietético. En la revisión realizada se analizan las necesidades reales de ingerir un suplemento proteico en la dieta del deportista. Para ello, se estudia la importancia de una dieta adaptada a cada sujeto, así como los requisitos o necesidades previas para este tipo de personas (individuos sedentarios, así como atletas de tipo recreacional y atletas superiores del deporte). Además de todo esto, se analizan estudios en relación a los factores responsables de la respuesta metabólica de la proteína, tales como la sincronización, frecuencia y adición de sustancias, lo que permite dar pautas básicas sobre los tipos de proteínas y sus propiedades digestivas, entrando a valorar los posibles riesgos y beneficios tanto a corto como a largo plazo. Conocida la controversia sobre dicha temática, se reflexiona sobre la idoneidad o no de este tipo de sustancias en distintos ámbitos, es decir, tanto en el ámbito de la salud para todos (población general y recreacional), como en el ámbito del rendimiento deportivo.

          Palabras clave: Suplementación. Proteínas. Salud. Deportista.

 
http://www.efdeportes.com/ Revista Digital - Buenos Aires - Año 13 - Nº 127 - Diciembre de 2008

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1.     Introducción

    A pesar de todos los avances que se están produciendo en la nutrición del deporte y de la importancia de una ingesta adecuada para mejorar el funcionamiento en este (Maughan, 2002), tanto los atletas recreacionales como los profesionales se olvidan con frecuencia de incluir una planificación de un producto óptimo de la dieta como una buena estrategia para un rendimiento óptimo, es decir, lo que algunos autores consideran como adaptación de la pirámide nutricional a las características de la dieta del deportista (Gutierrez y cols., 2001).

    Esta falta de planificación para la consecución de una dieta sana requerirá como bien explican estos autores (Gutierrez y cols., 2001), de un estudio de las necesidades previas de los sujetos en función del nivel de práctica deportiva (Philips, 2006) o bien en función del deporte o disciplina (Grandjean, 1997), entendidas estas como tipo de ejercicio, duración e intensidad del mismo (Brouns, 1995), ya que para la optimización del metabolismo, las necesidades de la población en general no serán las mismas que las de los deportistas de tipo recreacional o atletas superiores del deporte. Por ejemplo, un atleta recreacional que está activado 4 veces a la semana en el 45% de su consumo máximo de oxigeno durante 1 hora, representará un panorama muy diverso al de un atleta de élite que pueda estar entrenando y compitiendo en las intensidades de entre el 60% y el 85% de su consumo máximo, entre 8 y 40 horas semanales, ya que los niveles de gasto energético serán diferentes. Dichos niveles, darían lugar a una metabolización por parte del atleta recreacional de cerca de 2000 Kcal/a la semana, mientras que el atleta competitivo requeriría entre 5600 a 40000 Kcal de energía por encima de sus necesidades. Es evidente por tanto, que las recomendaciones nutricionales relativas a una actividad física de tipo moderado, no deberían ser extrapoladas a las recomendaciones o necesidades propias de un atleta o deportista de élite (Tarnopolsky, 2004). En cuanto a estas necesidades previas a las que nos referimos y centrándonos en el tema que nos ocupa se conoce que aunque los atletas tienen unas necesidades mayores de proteína que las personas sedentarias, estas se podrían obtener fácilmente a través de la dieta normal, existiendo autores que niegan el uso de suplementos proteínicos. (Clarkson and Rawson, 1999).

    A pesar de todo ello, en la sociedad actual existe la creencia extendida, entre sujetos practicantes de la modalidad del fitness y del rendimiento deportivo, de la importancia de la ingesta de proteínas y aminoácidos a modo de suplementación de la dieta normal diaria para una mejora en el rendimiento (Bertum y cols, 1993), lo cual esta dando lugar a que en pueblos de alrededor del mundo estén pasando mil millones de dólares en suplementos alimenticios, denominados también como “ayudas ergogénicas”, utilizadas a lo largo de la historia (Applegate and Grivetti, 1997) y ampliamente disponibles en tiendas de alimentos naturales, gimnasios, a través de publicidad en revistas, por correspondencia a través de Internet e incluso a través de los propios entrenadores, todo ello con el fin de obtener una ventaja competitiva o mejora de la estética en la búsqueda del aumento o construcción de masa muscular, sobre todo durante y en la fase posterior al ejercicio, con la esperanza reflejada en la mayoría de los casos en ignorancia de eludir el potencial riesgo para su salud (Atkinson, 2007; Decombaz, 2004; Beltz and Doering, 1993), olvidando que el éxito verdadero provendrá sobre todo de una combinación de la dotación genética, de la técnica de entrenamiento, del equipo y de la nutrición apropiada (Nemet et al., 2005), pudiendo afirmar en cierta forma que muchos de estos suplementos tienen poco o ningún dato para apoyar su demanda (Clarkson and Rawson, 1999).

    En relación a esto, se realiza una revisión de la necesidad y eficacia de este tipo de sustancias, a través del estudio de las necesidades previas.

2.     Necesidades calóricas y requisitos de la proteína

    Los requerimientos energéticos de un atleta de élite son mayores que los de una persona no deportista o practicante de deporte a un nivel inferior, algo que explica muy bien Ivy (2004) al mostrar la recuperación del ejercicio como un proceso complejo que requerirá el relleno de los almacenes de combustible del cuerpo, la reparación del tejido fino dañado del músculo y la iniciación de las adaptaciones del entrenamiento. La naturaleza competitiva de ciertos deportes en la actualidad, requiere que muchos atletas deban entrenar y competir de manera continua, lo cual desgastará al atleta que necesitará reponer sus depósitos de glucógeno del músculo, para lo cual, el atleta necesitará ingerir ciertas cantidades de carbohidratos, proteínas y aminoácidos tras dicho esfuerzo (Lowery and Forsythe, 2006). Dentro de esta fase de restauración del glucógeno muscular tras el entrenamiento, resulta significativa la aportación de Decombaz (2004), quien apunta que para optimizar el efecto de las contribuciones proteicas, será necesaria una cantidad o proporción adecuada de glúcidos, teniendo a su vez una gran importancia el momento de la toma o ingesta de los mismos y que, en cambio, las proteínas sólo desempeñarán un papel subsidiario y limitado en la síntesis de dicho glucógeno, siendo la importancia de AA aún dudosa. Por lo tanto, no se pondría en duda un mayor requisito de esta, pero sí su importancia por sí sola dentro de esta fase, destacando la importancia de ciertos factores responsables de la eficacia de la respuesta metabólica que se apuntan más adelante.

    De esta forma, queda clara la necesidad referente a un aumento en las necesidades calóricas del deportista, por lo que además, necesitará de un mayor requisito de la proteína (Lemon, 1995), definido como el producto de continuación de la proteína dietética que es suficiente para alcanzar un equilibrio de nitrógeno del cuerpo o equilibrio cero en una persona sana y realizadora de actividad física de forma moderada. Es decir, las necesidades de proteína de un individuo, se resolverán cuando la cantidad de nitrógeno consumida sea igual a la cantidad excretada o perdida (Wilson y Wilson, 2006; Tarnopolsky, 2004) o dicho de manera similar, los requisitos diarios para la proteína serán fijados por la cantidad de aminoácidos perdida irreversiblemente a lo largo del día (Phillips, 2004). A modo de resumen, podría decirse, que el requisito de la proteína se define como el producto mínimo de la proteína que satisfice las demandas metabólicas y que mantiene la composición del cuerpo (Tipton y Wolfe, 2004).

    Junto con esta técnica nombrada, para medir los requisitos de la proteína, se incluirían la técnica del trazalíneas y las técnicas del funcionamiento y composición del cuerpo. En relación a estas técnicas, se han establecido unos niveles generales o estándar que parecen ser respetados y consensuados por la mayoría. Por un lado, la cantidad diaria recomendada (CDR) suficiente para el 97,5% de la población parece estar situado alrededor de los 0,8 gramos de proteína por kilogramo de peso del cuerpo al día, pudiéndose aumentar hasta 1,2 gr (Lemon, 1991; Laskowski y Antosiewicz, 2003).

    No obstante, donde no parece existir consenso, por lo menos en cuanto a números se refiere, es en la cantidad de proteína o requisitos diarios óptimos para el deportista o individuos regularmente activos, ya que en lo que sí que se está de acuerdo, es en afirmar que estos demandarán cantidades superiores en relación a la población en general y debido también a su nivel superior de actividad física o práctica deportiva. Los requisitos de la proteína se han examinado en diversos estudios, pero la controversia continua mirando el impacto del ejercicio, especialmente el ejercicio intenso del atleta (Wolfe, 2000).

    La base de la discusión para las necesidades crecientes de la proteína en estos atletas ha sido a menudo el aumento en la oxidación del aminoácido (representado generalmente por la leucina) durante el ejercicio dinámico. Dicha oxidación de leucina ha sido encontrada en diversos estudios recientes (Millward, 1999; Tarnopolsky y cols., 1992). Se piensa que la oxidación creciente del aminoácido puede ser debida a la utilización de estos como combustible, por lo que el ejercicio regular y repetido conduciría a estos requisitos crecientes de la proteína, no obstante, esto no queda totalmente demostrado. Existen estudios al respecto tales como el realizado por Lamont y cols, (1999) sobre que el entrenamiento no aumenta la oxidación de cadenas conectadas de los aminoácidos e incluso que dicha oxidación podría disminuir por culpa de este (McKenzie y cols., 2000).

    Además, como ya se conoce, se ha utilizado la excreción de urea como indicador de oxidación de la proteína (producto de descomposición formado en el hígado después de la oxidación del aminoácido), resultando sin embargo un factor proporcionante de poca información específica sobre dicha oxidación.

    Por lo tanto, si solamente un aminoácido se oxidara durante el ejercicio, el efecto predicho sobre requisitos de la proteína podría ser mínimo. Sin embargo, si se oxidara un aminoácido imprescindible (por ejemplo, la leucina), esto podría tener un efecto negativo en el requisito de la misma. (Tarnopolsky, 2004).

    De acuerdo con dicha controversia y en relación a las técnicas de medida nombradas anteriormente, emergen una serie de estudios que dan como resultado las cantidades que se consideran como idóneas en función de la modalidad practicada (deportes de fuerza o resistencia), estudios donde a su vez se incluirán factores muy importantes a tener en cuenta y que junto con estas cantidades idóneas que se estudian, resultarán fundamentales para llegar a una conclusión lo más acertada posible. Entre estos, la sincronización y frecuencia de los productos e incluso la adición de unos a otros como veremos más adelante.

    Por otra parte, diversos autores (Lemon, 1995; Meredith y cols., 1989) determinan el producto de la proteína para los atletas de resistencia en 1,2-1,4 gr x Kg de peso al día para asegurar un equilibrio del nitrógeno positivo, ya que según ellos, este tipo de atletas necesitarán mantener la masa del músculo para asegurar un funcionamiento adecuado (Tipton y Wolfe, 2004). Consecuentemente, las recomendaciones para el producto de la proteína de los atletas de fuerza/potencia se sugieren generalmente para estar entre 1,4 y 1,8 gr x Kg de peso al día (Lemon y cols., 1992; Lemon, 1995; Tarnopolsky y cols., 1992; Walberg y cols., 1988) y entre 1,6 y 2 gr x Kg según Bigard (1996), siendo la meta de estos atletas maximizar el tamaño y la fuerza de sus músculos (Tipton y Wolfe, 2004). Por otro lado Nemet, Wolach y Eliakim (2005), apuestan que para mantener el balance de proteína durante el entrenamiento intenso de la resistencia, los atletas deberían injerir entre 1,8 y 2,4 gr x Kg de peso al día. Phillips (2004) indica la necesidad de mayores requisitos proteicos para el atleta de fuerza para reparar cualquier daño ultraestructural en el tejido fino del músculo que ocurre como resultado de un cierto componente excéntrico en la actividad, aumentando además la masa magra del cuerpo. Destaca una idea sobre las demás y es que, según este autor, los individuos que se inician en el entrenamiento de fuerza, de alguna manera si estarían aprovechando una cantidad de proteína adicional debido a que esta sería aprovechada por el músculo en las fases previas del entrenamiento, cuando la masa muscular está todavía aumentando en la búsqueda de la tan ansiada hipertrofia. En cambio, en los powerlifters y los bodybuilders altamente entrenados, en los que la masa del músculo estaría totalmente asentada, resultaría inútil que sus requisitos dietéticos de proteína estuviesen mucho más elevados que los de una persona normalmente activa. Además, Lowery y Forsythe (2006) estiman los requisitos de la proteína para los atletas sanos en 1,2-1,4 gr x Kg de peso al día y levemente más altos (hasta 1,7 gr x Kg de peso al día) para atletas de entrenamiento de resistencia. Así, para un atleta bien entrenado de resistencia entrenado 4-5 días semanales durante más de 60 minutos, debería existir un aumento de tipo modesto en requisitos dietéticos de la proteína en un 50% aproximadamente (Tarnopolsky 1993; Hoffmand y Falvo, 2004). Según Lemon (1997), la evidencia indicaría que los individuos implicados en actividades o deportes enfocados a la fuerza, potencia y/o velocidad requerirían entre 1,7 y 1,8 gr x Kg de peso al día (aproximadamente 112-125% más que la recomendación sedentaria), mientras que los implicados en actividades de resistencia entre 1,2 y 1,4 gr x Kg de peso al día (aproximadamente entre un 50 y un 75% más alto que la recomendación sedentaria).

    Para obtener algunos de estos resultados, se realizaron diversos procesos. Tarnopolsky y cols. (1988) investigó los efectos del colmo contra productos bajos de la proteína en bodybuilders con más de 3 años de experiencia. Por un lado estos consumieron un producto medio de 2,77 gr x Kg de peso día y por otro 1,05 entrenando durante más de 75 minutos y realizando diversos tipos de ejercicios (8x12 repeticiones). Tras esto, se observó que aquellos sujetos con una condición baja de proteína, entraron en equilibrio de nitrógeno negativo, lo cual provocó un cálculo de regresión lineal para reconstituirlo, indicándose que la toma idónea iba a ser de 1,2 gr x Kg de peso al día. Por otro lado, Lemon y cols. (1992), sugirieron que los atletas del entrenamiento de fuerza con mayor experiencia eran más eficientes en la utilización de la proteína, para lo cual se apoyó en que algunos bodybuilders principiantes en los primeros tiempos de entrenamiento estaban en equilibrio negativo de nitrógeno consumiendo 1,35 gr x Kg de peso y en equilibrio positivo al consumir 2,62 gr, lo cual y tras estudio de regresión se quedó en una cantidad idónea de 1,6-1,7 gr x Kg de peso al día.

    A modo de síntesis, Tipton y Wolfe (2004) apuntan ideas interesantes al respecto. Ambos nos recuerdan la idea de que puede ser demasiado simplista confiar en recomendaciones de una cantidad particular de proteína por día, que en la actualidad no existe aún un consenso claro en cuanto a la importancia de una cantidad elevada de proteína para la población atlética, así como que mucha de la controversia al respecto podría deberse a que se están buscando las cantidades exactas para dichos atletas, siendo enormemente complicado definir las cantidades apropiadas sobre todo a nivel competitivo.

    Por lo tanto, se atisba una controversia al respecto, ya que el medir las cantidades requeridas de proteína será diferente para cada persona y en cada momento. Es más, podríamos pensar que las dificultades técnicas están contribuyendo claramente a esta confusión y a los desacuerdos que rodean a los requisitos de la proteína para estos individuos activos. La selección de participantes, su adaptación al producto de la proteína durante el estudio, su estado de entrenamiento, la intensidad del ejercicio y el balance energético, podrían estar contribuyendo a estos resultados discrepantes (Butterfield, 1987; Millward, 1999). Además, la técnica antes mencionada del balance de nitrógeno, como técnica más comúnmente utilizada para medir tales requisitos, parece presentar ciertas limitaciones (Lemon y Proctor, 1991).

    A pesar de todo lo expuesto y si fuera necesario establecer valores idóneos, las cantidades serían de entre 0,8 y 1,2 gr x Kg de peso al día para la población normal y entre 1,2 y 2 gr x kg de peso al día para atletas, siendo la recomendación para atletas de fuerza o velocidad de 1,4 a 1,8 gr y para los atletas de resistencia de 1,2 a 1,4 gr x kg de peso al día (Lemon, 1995), lo que obviamente se podría lograr mediante una dieta normal, no siendo necesaria la suplementación de proteínas en la misma.

3.     Factores responsables de la respuesta metabólica

    Vistas las cantidades idóneas, se aclara que para cualquier cantidad dada de proteína, la respuesta metabólica será dependiente entre otros factores de: la sincronización de la ingestión en lo referente al ejercicio y/u otros alimentos, la composición de los aminoácidos ingeridos y el tipo de proteína, factores ya apuntados con anterioridad. A continuación, se mencionan algunos estudios relacionados.

    Los atletas o deportistas de élite necesitan de una reposición inmediata de glucógeno tras el entrenamiento. Esta restauración del glucógeno del músculo después del agotamiento por el ejercicio será un componente esencial del proceso de recuperación. Para maximizar el índice de almacenaje del glucógeno en el músculo durante la recuperación a corto plazo será importante el consumir un suplemento de carbohidratos lo más inmediatamente posible tras el entrenamiento. Si se consume solamente el carbohidrato, la suplementación deberá ocurrir con frecuencia (cada 15-30 minutos) y proporcionando cerca de 1,2-1,5 gr x kg de peso al día. Sin embargo, la eficacia del almacenaje de glugógeno en el músculo podría aumentar con la adición de proteína a dicho suplemento de carbohidrato y la frecuencia de suplementación requeridas (Kasprzak, 2004; Berardi y cols, 2006; Van Essen, 2006; Gibala, 2007), lo cual daría lugar a la ventaja agregada de limitar el daño en el músculo durante y en el post-ejercicio y de promover un aumento de la proteínas en este, promoviendo una mejora en el equilibrio de estas (Levenhagen y cols., 2001; Hill y Harris, 2006). No obstante, en (Williams y cols., 2001), se incluye una nueva idea, y es que a pesar de ser probable que la consumición de proteína más carbohidratos más rápida y frecuente tras el ejercicio proporcionaría un mayor ambiente para el anabolismo, también es cierto, que podría existir evidencia de la existencia de un límite o techo en relación a la síntesis de proteínas nuevas en el músculo, así como que dicha consumición de proteína sobre un cierto nivel, no estimularía ya dicha síntesis, además de no realzar aumentos en la fuerza muscular.

    Sobre dicho tema (Mosoni y Mirand, 2003) exponen una serie de ideas que explican más extensamente el asunto. Se habla sobre que la eficacia del producto de la proteína o del aminoácido en el anabolismo de la proteína, dependerá no solamente de la forma en que se ingiera el substrato, sino también del patrón de la ingestión y de la interacción con otros factores, tales como el ejercicio y la aportación calórica sin proteínas.

    Existen dos componentes que resultan fundamentales dentro de los aspectos cronológicos de la proteína en relación al anabolismo: el índice de entrega de aminoácidos dietéticos a las piscinas metabólicas después de una ingesta de proteína y la sincronización de la proteína dentro de la alimentación. Pues bien y sobre esto, surgen dos factores a estudiar. Por un lado, se habla de la forma molecular del producto de la proteína, que será la responsable del índice de entrada de aminoácidos y del estímulo directo o indirecto del metabolismo de la proteína por parte de estos, ya que dependiendo de la entrada en el organismo de proteínas intactas o altamente hidrolizadas (por ejemplo, caseína y suero de digestión lenta y rápida respectivamente), dicho estímulo resultará ser mayor o menor. Por lo tanto, acabamos de lanzar la idea de que los efectos anabólicos de dichas fuentes del nitrógeno dependerán de su tarifa molecular de absorción.

    Se ha demostrado que la deposición de la proteína será mayor en dietas con proteínas intactas que en dietas con mezclas del aminoácido, lo cual indicaría que un flujo masivo de aminoácidos en las condiciones no favorables para el estímulo de la síntesis de la proteína, sería menos eficaz que un flujo reducido sobre un período más largo porque se aumentaría el catabolismo oxidativo.

    Por otro lado, existen estudios que confirman que el efecto anabólico del producto de la proteína resultaría de la sincronización de la entrada del aminoácido y de la capacidad de mantener la homeostasis en el anabolismo de la proteína, existiendo individuos en los que las capacidades del anabolismo de la proteína resultarán reducidas por la no prevención de energía sin proteínas. La entrada masiva de grandes cantidades de aminoácidos que resultarían de una comida, es decir, de proteínas de absorción rápida (mezcla de proteínas o del aminoácido del suero), induciría a un aumento grande en niveles del aminoácido libre, lo cual daría lugar a un aumento marcado del catabolismo del aminoácido y a un estímulo temporal de la síntesis de la proteína del cuerpo entero. Por el contrario, cuando las comidas fueran provistas de una manera más continua, como caseína o como comidas pequeñas frecuentes, el catabolismo del aminoácido no sería estimulado porque el aumento en niveles del aminoácido libre sería moderado. Esto indicaría porqué el balance de leucina, apuntado al comienzo y que es un indicador del anabolismo de la proteína, resultara ser más alto con las proteínas lentamente absorbidas que con las rápidas.

    Otra idea a destacar en relación a esto último, sería que la energía sin proteínas en la alimentación con proteínas, induciría simultáneamente a una diferencia más pequeña entre las proteínas lentas y las rápidas, ya que la energía adicional reduciría diferencias en el catabolismo del aminoácido entre los dos grupos.

    Por lo tanto y como idea final, podría decirse que las proteínas dietéticas absorbidas lentamente promoverían la deposición total de la proteína, reduciendo la degradación de ésta, siempre y cuando fueran tomadas con la energía sin proteínas, siendo las proteínas rápidamente absorbidas también eficientes en este caso de energía sin proteína proporcionada.

    Sobre toda esta temática, existe más información. Resaltar que, mientras la ingestión de carbohidratos después del ejercicio mejora el balance de la proteína en el músculo, sin la presencia añadida de los aminoácidos, el equilibrio no alcanzaría niveles positivos. Así, lo ideal sería la adición del carbohidrato a una fuente del aminoácido, lo que daría lugar a una respuesta óptima del balance de la proteína del músculo.

    Por otro lado, ningún estudio ha comparado la respuesta anabólica sobre adición de lípidos a aminoácidos, pero dada la importancia potencial de sus características digestivas, no debería sorprender si existiera un cierto efecto. Sobre estas últimas líneas, un estudio reciente proporcionó evidencia clara de que ingiriendo las proteínas como parte de una comida normal, el índice de digestión de dichas proteínas sería más lento por la presencia de grasas (lípidos) y carbohidratos, lo cual daba lugar a una respuesta anabólica mejorada (Levenhagen y cols., 2002; Dangin y cols., 2003). Otro estudio llamativo a tener en cuenta sería el de (Tipton y cols., 2001), en el que se descubrió que una ingesta de proteínas más aminoácidos en la fase del pre-ejercicio resultaba ser también eficaz en el equilibrio neto de la proteína del músculo, lo cual hace pensar no sólo en la importancia de la post-ingesta estudiada, sino también de la pre-ingesta al entrenamiento.

    Es conocida por tanto, la importancia de la sincronización temprana de carbohidratos más proteínas para la reposición del glucógeno, la forma molecular del producto de la proteína junto con los aminoácidos incluyendo incluso otras para alcanzar un mayor anabolismo, así como que la cantidad de proteína consumida en cada comida será el factor principal que determine las tendencias del metabolismo. Cuando el producto diario de la proteína sea igual o superior a los permisos recomendados y esta cantidad se reparta sobre una o dos ingestas, se producirá un aumento del catabolismo del aminoácido, por lo que se debe intentar realizar comidas frecuentes extendidas que tendrán los efectos contrarios y equiparables con las proteínas lentamente digeridas.

    Podría ser posible, que dicho estímulo de la síntesis de proteína no se produjera si estas cantidades de proteína dentro de estas pequeñas pero frecuentes comidas-ingestas fueran bajas, procurando tomar suficientes ingestas, espaciadas y frecuentes e incluyendo una cantidad proteica necesaria, haciendo especial hincapié en la sincronización de estas comidas de la proteína, siendo necesario adaptar la composición de la comida al tiempo en el que ocurre. Sobre este último punto, varios estudios analizaban la sincronización de la proteína o del aminoácido que se ingería en relación a la recuperación después del ejercicio, demostrándose que una toma inmediatamente después del ejercicio (ventana anabólica), resultaba ser mucho más eficaz que una ingesta 1, 2 o 3 horas después del ejercicio en las que los efectos resultaban ser mucho menores e incluso nulos sobre la recuperación y el rendimiento del atleta (Esmark y cols., 2001; Stroescu y cols., 2001; Laskowski y Antosiewicz, 2003; Tipton y cols., 2004). De hecho, los suplementos de la proteínas más carbohidratos podrían afectar al entorno hormonal anabólico después del ejercicio, así como estimular un ambiente favorable para el crecimiento del músculo a través de altas concentraciones del plasma de la GH y de la insulina (Bigard, 1996).

4.     Definición y tipos de proteínas

    Hasta el momento, se ha apuntado la importancia de una alimentación adecuada acompañada de proteínas y aminoácidos y diferentes factores relacionados con ellas, pero ¿Sabemos realmente qué son las proteínas y los aminoácidos y los diversos tipos de estos?

    Las proteínas son las sustancias nitrogenadas contenidas que son formadas por los aminoácidos. Sirven como componente estructural principal del músculo y de otros tejidos finos en el cuerpo. Además, se utilizan para producir hormonas, enzimas y la hemoglobina, pudiendo utilizarse también como energía, no siendo a pesar de ello la fuente energética primaria. Para que estas sean utilizadas por el cuerpo, necesitarán ser metabolizadas en su forma más simple, es decir, en aminoácidos.

    Estos aminoácidos de los que hablamos, son 20 y son necesarios para el crecimiento y el metabolismo del ser humano. Doce de estos (11 en niños) se denominan no esenciales, significando esto que pueden ser sintetizados por nuestro cuerpo y que no necesitan ser consumidos en la dieta, siendo los 9 restantes (esenciales), aquellos que no pueden ser sintetizados en el cuerpo y descritos como necesarios en nuestras dietas, ya que la ausencia de cualquiera de estos aminoácidos comprometerá la capacidad del tejido fino de crecer, reparase o mantenerse. Se observa por lo tanto, que la composición del aminoácido influirá en la respuesta del balance de la proteína del músculo después del entrenamiento, sobre todo de los esenciales, ya que según (Tipton y cols., 2001; Borsheim y cols., 2002), la síntesis neta de la proteína del músculo, resultará únicamente de la ingestión de aminoácidos esenciales, siendo los no esenciales poco o nada necesarios para el estímulo de dicha síntesis. Sobre la forma de actuar de este tipo de aminoácidos en relación a la síntesis descrita (Gautsch y cols., 1998; Anthony cols., 1999) subrayaron 2 maneras: 1) proveyendo substrato para la síntesis de la proteína del músculo y 2) actuando como factor regulador. Por lo tanto, la regulación de la síntesis de la proteína del músculo y el balance de esta, podría responder a los cambios en las concentraciones de aminoácidos arteriales o de la disponibilidad intracelular del aminoácido, o de ambos (Tipton y Wolfe, 2004).

    Por todo ello, será vital el conocer la calidad de la proteína, en función de su composición del aminoácido esencial, su digestibilidad y su biodisponibilidad de aminoácidos. Sobre esta calidad y en relación a las fuentes dietéticas de la proteína, las fuentes animales se consideran como proteínas completas, ya que contienen el arsenal más alto de aminoácidos esenciales, es decir, todos. Mientras que las fuentes vegetales se considerarían como incompletas por su carencia general de 1 o más aminoácidos esenciales. Estos resultados indicarían que una dieta basada en tomar productos de la carne, sería más eficaz para apoyar las metas de un programa de entrenamiento que una dieta vegetariana, para la cual sería necesario suplementarse o consumir gran variedad de frutas, granos, legumbres, etc…para la consumición de todos los aminoácidos esenciales (Wilson y Wilson, 2006).

    Sobre las proteínas de fuentes animales (huevos, leche, carne, pescado, aves) en Litt (2004) se destaca que estas, proporcionan el grado de calidad más alto en cuanto a proteínas, que a pesar de ello se asocian a altos productos de grasas y colesterol saturados y que sus 2 tipos de proteínas más potentes en cuanto a eficacia (calidad+digestibilidad), serían tanto la proteína de suero (especialmente la aislada sobre la concentrada y en polvo), proporcionando todos sus componentes altos niveles de aminoácidos de cadenas esenciales y ramificados, así como bioactividades de tipo beneficioso y cantidades idóneas de vitaminas y minerales, siendo de absorción de tipo rápido, como la caseína (80% restante de la leche), de absorción lenta. Sobre esta relación entre caseína y proteína de suero en relación al índice de absorción (lentas y rápidas), existen estudios al respecto, tales como (Dangin y cols., 2001).

    En relación a las proteínas de fuentes vegetales, podría decirse que combinadas podrían prever todos los aminoácidos esenciales proporcionando una fuente excelente para la proteína, dando lugar además y de manera probable, en relación a las de tipo animal, a una reducción en el producto de la grasa y del colesterol saturados. Dentro de este tipo de proteínas, la más importante sería la soja como alternativa muy atractiva a las fuentes de tipo animal, con una alta concentración de aminoácidos esenciales y dando lugar a reducción de lípidos en plasma y de la presión arterial.

5.     Posibles riesgos de las dietas altas en proteína

    Actualmente, existe una evidencia limitada sobre los posibles efectos dañosos de un alto producto de la proteína (Tipton y Wolfe, 2004).

    Diversos autores, en vista de la ausencia de un consenso sobre los daños reales de un posible exceso de toma de proteína en cuanto a la salud, se posicionan en la idea de que la proteína moderadamente consumida por encima de las requisitos establecidos será menos perjudicial que consumida ligeramente por debajo ( Lowery y Forsythe, 2006).

    Los productos y la suplementación de la proteína se están centrando en la población en general y especialmente en la atlética. Además de esto, en los últimos años, las dietas hiperprotéicas se han convertido en un método muy utilizado por la población para realizar la pérdida de peso. De hecho, la dieta baja en carbohidratos y alta en proteína promovida por Atkins en su momento, parece ser la más popular del momento (Johnston y cols., 2004), para perder peso en la población general y perder grasa manteniendo la musculatura en el periodo de definición de culturistas (Philips, 2006), pero, ¿qué tipo de riesgos podría conllevar este tipo de dietas?... En 2001, la Asociación Americana del Corazón publicó una declaración sobre la proteína dietética y sugirió que los individuos que siguieran este tipo de dietas podrían correr riesgos potenciales a nivel metabólico, renal, de huesos y de enfermedades en el hígado (St. Jeor y cols., 2001)

    En relación al riesgo metabólico, se produciría debido a una reducción en los almacenes del carbohidrato en nuestro cuerpo, de forma que este confiaría más en las grasas como fuente de energía primaria y así la mayor cantidad de ácidos grasos libres utilizados por el hígado daría lugar a mayor producción y lanzamientos de cuerpos de cetona en la circulación, lo que aumentaría el riesgo de acidosis metabólica, pudiéndose llegar incluso al coma o muerte prematura.

    Además, las dietas altas en proteínas también se han sugerido para tener efectos negativos en los perfiles de lípidos en sangre y presión arterial, causando por lo tanto un aumento en el riesgo de enfermedad cardiovascular, especialmente en atletas de fuerza/potencia, consumidores de grandes cantidades de alimento con grandes cargas de grasas saturadas, no encontrándose sin embargo pruebas al respecto (Jenkins y cols., 2001).

    En cuanto a la preocupación principal asociada a la función renal, se habla del papel de los riñones en la excreción del nitrógeno y del excesivo protagonismo/funcionamiento de estos en este tipo de dietas, sin encontrarse tampoco evidencia (Poortsman y Dellalieux, 2000), destacando en caso de aparecer un posible riesgo de piedras en el riñon (Jacobson y Kulling, 1993).

    En relación a los huesos, las dietas hiperproteicas se asocian a un aumento en la excreción de calcio (calciuria), debido quizás a una consumición de proteína animal más alta en aminoácidos sulfuro-basados que en las proteínas vegetales. Es decir, si los riñones no pudieran proteger los altos niveles ácidos endógenos, otros sistemas fisiológicos necesitarían compensarlo, por ejemplo, los huesos. El hueso actúa como depósito del alcalí y consecuentemente el calcio se liberaría de él para proteger estos niveles ácidos y para restablecer el equilibrio ácido-base.

    Por último y en cuanto a la relación entre dietas altas en proteína y riesgos de enfermedad en el hígado, en la Asociación Americana del Corazón se sugiere que dietas altas en proteína podrían tener efectos perjudiciales en la función hepática (St. Jeor y cols., 2001). Sin embargo, no existiría evidencia científica sobre esto, señalando incluso una idea llamativa, y es que en la actualidad, se ha reconocido la importancia de dietas altas en proteína para la recuperación de individuos con enfermedad del hígado y alcohólicos, ya que estas podrían compensar un catabolismo elevado (Navder y Lieber, 2003).

6.     Por lo tanto, ¿proteínas y aminoácidos si o no?

    Tras la revisión efectuada sobre la idoneidad o no de la ingesta añadida de este tipo de sustancias, se destaca en relación a la salud respecto a la población en general o atletas de tipo recreacional, la innecesaria ingesta de este tipo de sustancias suplementarias.

    En cuanto al atleta superior del deporte, estos requisitos resultarían ser mayores y acordes con su mayor desgaste en busca del rendimiento. En relación a este ámbito, se exponen una serie de ideas que demuestran la controversia existente al respecto. Si ya se señalaba que las necesidades proteicas eran mayores en el deportista, todavía podría afianzarse más dicha afirmación, pues como se indica, la masa muscular se adapta claramente al tipo e intensidad o severidad del entrenamiento, así como a la ingesta nutricional del atleta. Además, para mantener esta masa a un nivel superior al normal, refiriéndonos a lo genéticamente determinado, la síntesis de la proteína muscular debería aumentar regularmente (Tipton y Wolfe, 2004).

    En este artículo de Tipton and Wolfe, se plasman más ideas a tener en cuenta, entre ellas, que una ingesta de proteínas superior al 40% podría limitar la ingesta de grasa y / o hidratos de carbono, lo cual pondría en peligro los beneficios de estos nutrientes, aunque dada la alta ingesta de energía de la mayoría de los atletas de élite, esta toma o ingesta de proteínas superior al 40% resultaría poco probable. Se consolida por tanto la idea de que si esta cantidad de proteínas fuese superior a la que el mecanismo de síntesis pudiera procesar, el excedente simplemente sería oxidado.

    En (Phillips, 2004) también se resalta la idea de que un atleta que consuma la proteína (más el carbohidrato) justo después del entrenamiento, estará proporcionando un mejor ambiente para el futuro anabolismo, pero que a su vez, no se puede negar la evidencia de un techo en cuanto a la consumición de las mismas, por encima del cual no se produciría ningún tipo de estimulación a este nivel señalado. En relación a esto, se destaca que los atletas de fuerza habitualmente consumen cantidades de proteína lejos del nivel recomendado en su dieta normal y que no existen evidencias que sugieran que los suplementos de proteína sean más efectivos que el consumo de una proteína de alta calidad a partir de fuentes de alimentación estándar.

    Como controversia y en relación a esta última cita, en (Wilson y Wilson, 2006), se dice que un suplemento proteico podría proporcionar una respuesta más anabolizante en comparación con el consumo de una comida normal, pues este podría aumentar de forma significativa la acumulación de proteínas sin un gran exceso de ingestión de calorías y por lo tanto, evitar efectos negativos como el aumento de tejido adiposo. Otra aparente ventaja de consumir suplementos proteicos haría referencia a la capacidad para controlar el grado de fraccionamiento de una determinada proteína.

    En esta misma línea a favor, en (Lambert y cols., 2004) se apunta que existen pruebas de que una proporción relativamente alta en cuanto a la ingesta proteica (aproximadamente un 30% de la ingesta de energía), podría conllevar consigo una serie de ventajas, tales como: reducir la pérdida de masa magra en relación con una menor ingestión de proteínas (aproximadamente un 15% de la ingesta de energía) y un efecto térmico relativamente grande que ayudaría a la reducción de la grasa corporal. En (Jose, 2005), se sugiere que la administración de suplementos con barras de proteína (o con las bebidas o los polvos) sería un método factible para la recepción de energía alimentaria y de los aminoácidos esenciales necesarios para promover el crecimiento del músculo esquelético y la recuperación. En (Maughan y cols., 2004) en cambio, se dice que cuando existe una deficiencia demostrada de un nutriente esencial, un aumento de la ingesta de alimentos o de los suplementos podría ayudar, pero que muchos atletas suelen confundir esto, haciendo caso omiso a la necesidad de precaución en el uso de complementar y tomar suplementos en dosis que no son necesarias o incluso pueden llegar a ser perjudiciales para su salud.

    Como se detecta en estas citas, estas no hacen más que aumentar la confusión en relación a dicha temática. Como sabemos, el objetivo de esta revisión no era otro que el intentar aclarar la idoneidad o no de una ingesta de proteínas y aminoácidos por parte del deportista, pues como se indica, cada vez son más los que se preguntan la necesidad o no de la toma de estos suplementos. Así y para concluir, es importante diferenciar, en primer lugar, que si lo que se busca es una mejora de la salud y calidad de vida, en mayor medida si somos deportistas recreacionales, la toma de estas sustancias adicionales será sin duda desaconsejada, sobre todo a la larga, pues a pesar de esa evidencia limitada a la que se hacía referencia, posibles efectos dañosos por un alto producto de la proteína podrían aparecer en un futuro próximo. En segundo lugar, en cuanto a la búsqueda de una mejora en la recuperación energética y muscular y por lo tanto en el tan ansiado rendimiento buscado por parte del atleta superior, más de lo mismo, ya que a pesar de la presencia de algunas evidencias a su favor que no pueden ni deben obviarse, se considera que ninguna de ellas contendría el suficiente peso como para desbancar al más caro e importante objetivo de todos: “el mantenimiento de la salud”. En la línea propuesta (Juhn, 2003) defiende que a pesar de la aceptación de las necesidades adicionales de la proteína en los atletas, la mayoría de estos comen lo suficientemente bien como para obtener esta en su dieta y hay pocas pruebas adicionales para apoyar el consumo de proteínas o aminoácidos para la mejora del rendimiento.

    Además, se señala la evidencia científica que sugiere que no existe una necesidad por parte de los atletas de consumir proteínas o aminoácidos en polvo para satisfacer completamente sus necesidades diarias de proteínas. Otro asunto diferente es el hecho innegable de que muchos de estos siguen complementando su dieta con proteínas y / o aminoácidos, suplementos en polvo, barras, comprimidos, etc.

    A modo de conclusión, se toman una serie de ideas de Nemet, Wolach y Eliakim (2005). El mismo apunta que en la mayoría de las ocasiones el producto sugerido de proteínas suele ser excedido por parte de los atletas, olvidando que una dieta equilibrada y adaptada podría proporcionar sobradamente la cantidad diaria adecuada.

    Además, indica que hasta el momento, no existen evidencias científicas que confirmen que una ingesta elevada produzca a su vez un aumento en la capacidad en el entrenamiento para el deportista aumentando en gran medida su masa muscular. Así, lo más probable sería que el exceso de la proteína fuera utilizada simplemente como energía o almacenada como grasa, y que a pesar de la utilización de la suplementación dietética con proteína de uso general por atletas y gente contratada en el deporte, no existirían aún datos que apoyasen un amplio uso de las mismas, existiendo todavía una limitación.

    De esta manera, el uso de los suplementos para un adulto sano, no profesionalizado a nivel competitivo o sujeto a la práctica de tipo recreacional no se autoriza generalmente.

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