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El control de la preparación en el boxeo cubano

   
Presidente de la Comisión Científica de AIBA para América.
(Cuba)
 
 
Dr.C. Pedro Luís Díaz Benítez
cubaboxeo@yahoo.es
 

 

 

 

 
Resumen
     En el mundo moderno del deporte cada vez la ciencia se convierte e un factor determinante para el logro de altos resultados deportivos, este principio reconocido de forma casi universal, ha obligado a los entrenadores, a buscar nuevos medios, métodos y procedimientos de preparación que permitan al deportista obtener logros deportivos altos y estables.
     A medida que se incrementa el rigor de las competencias deportivas y se desarrollan los métodos de entrenamiento, se impone entonces que también se perfeccionen los recursos científicos para poder controlar el rendimiento y las posibilidades del atleta. En el deporte moderno es inconcebible la obtención de la victoria sin la utilización de mecanismos de "CONTROL". Es de destacar que a pesar del reconocimiento de esta realidad, resulta limitada la existencia de pruebas, que permitan abordar el estudio acerca del desarrollo de parámetros determinantes en el rendimiento, cuyos resultados permiten no solo caracterizar sino también orientar la preparación hacia el logro deportivo de excelencia.
     Respaldados por la investigación científica como modo de actuación consciente de la realidad, y desde una perspectiva de acercamiento a las características y exigencias competitivas del boxeo moderno, (de manera que permita no solo el conocimiento del estado de desarrollo de los boxeadores sino también la dirección efectiva de su proceso de preparación), se elaboró el presente articulo.
    Palabras clave: Alto rendimiento deportivo. Control. Boxeo.
 

 
http://www.efdeportes.com/ Revista Digital - Buenos Aires - Año 13 - N° 122 - Julio de 2008

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Introducción

Presupuestos teórico sobre el control

    Pudiera pensarse de repente que las pruebas o tests elaborados para valorar un parámetro son fruto de un trabajo terminado, o que estas resultan suficientes para enfrentar los nuevos cambios y la alta concurrencia deportiva actual, en aras de lograr nuestras metas. Pero lo cierto es que no. Las crecientes exigencias competitivas en el mundo del boxeo, obligan a los científicos del deporte a realizar nuevos estudios para que los pugilistas enfrenten con éxito su proyección competitiva internacional. Esto requiere la búsqueda de diferentes mecanismos metodológicos que propicien una preparación multilateral.

    Así pues, investigando diferentes mecanismos metodológicos y de planificación del atleta, chocamos con una gran verdad: no basta con entrenar o competir; también hay que controlar el efecto de estos procesos. En la Escuela Cubana de Boxeo acostumbramos a decir: "si entreno, controlo, y si compito... controlo..." He aquí un principio básico.

    Un riguroso control sobre bases científicas, es garantía de una buena dirección de la preparación para el deporte. Grosser y Starischa (1989) revelan que hoy resulta impensable una conducción efectiva del entrenamiento sin la aplicación de procedimientos de control, que han ocupado el lugar de las observaciones estimativas inmediatas en comparación directa: "más fuerte que el contrario, más veloz que ayer".

    El control es la fuente de orientación para el entrenador, y su función retroalimentadora garantiza el conocimiento acerca de la marcha del cumplimiento de los objetivos trazados. Por eso, el control debe estar presente a todo lo largo del ciclo de preparación del pugilista.

    Otros especialistas -no solo nosotros- se han dado cuenta de estas realidades y las han enriquecido. En este caso, Absaliamov y Timakova (1990) destacan que la dirección del proceso de preparación será más efectiva si el entrenador dispone de los datos de control, o sea, de la información sobre el deportista: la variación de su capacidad de trabajo, del estado del organismo durante el entrenamiento; el nivel de desarrollo de las cualidades físicas; el grado de dominio de la técnica de los movimientos; la magnitud de la carga; el cambio de los resultados deportivos, etcétera.

    A partir de estas consideraciones, y a merced de nuestros propósitos en torno al objeto de análisis -el boxeo de 4 asaltos-, coincidimos en definir el control a la manera de Harre, como "el registro de rendimientos de cada uno de los deportistas mediante la medición, el conteo, la observación, y evaluación en el deporte o disciplina, con el objetivo de constatar el efecto entrenador de cada una de las cargas o estado de entrenamiento del deportista".

    Por otra parte, estudiando el problema de las formas, vemos que cada autor proyecta sus puntos de vista de manera diferente; pero en esencia todos estiman que la colecta de opiniones, el análisis de documentos de trabajo, las observaciones, la medición y los tests se distinguen entre los métodos de control más difundidos.

    No es objetivo nuestro detenernos en la explicación de cada una de las formas de control, pero expondremos brevemente a qué se refieren, para después profundizar en la que más empleamos durante nuestras investigaciones.


Colecta de opiniones

    Conociendo que la preparación de los pugilistas es un proceso psicopedagógico de carácter bilateral, dado el papel activo de entrenador y alumno, y conociendo que el entrenamiento deportivo es rico en variedad de métodos y procedimientos, podemos responder la siguiente interrogante: ¿Diferentes entrenadores prepararían a un mismo grupo de sujetos de manera semejante, y todos tendrían resultados satisfactorios? No.

    La reflexión nos lleva a aceptar que -por muy experimentado que sea el entrenador- siempre se requiere de una retroalimentación acerca de la calidad del trabajo. De ahí la importancia de conocer sobre lo que hacemos y cómo lo hacemos.

    En otra arista del problema, es de mucho valor la opinión que sobre su proceso de preparación tiene el propio boxeador. El deportista debe sentirse un sujeto activo y no sólo un objeto del proceso que vive.

    Recordamos que cierta vez, en un entrenamiento con niños, el entrenador traía entre sus planes la realización de ejercicios en la pista de atletismo (muy temida por los atletas y más a esa edad). Les preguntó en qué forma, de las conocidas, deseaban trabajar la resistencia. Todos respondieron: "¡Jugando!" Fue uno de los días en que mejor se trabajó; los niños no advirtieron el largo tiempo transcurrido y jugaron sin parar.

    Cuando comprometemos a los boxeadores -y en general, a las personas-, los resultados son relevantes. Este fenómeno responde al papel del deportista como ente activo de su proceso. De ahí que la colecta de opiniones de los boxeadores resulte esencial para la proyección y el logro de los objetivos.

    Al prestar atención a las opiniones de todos los implicados en la tarea (otros entrenadores y atletas) estaremos respetando la sabiduría popular, que advierte: "varias cabezas piensan más que una", "cuatro ojos ven más que dos" y "el que está fuera ve más que el que está dentro".


Análisis de documentos

    Hablar de documentos es hacer referencia a un valor universal de la existencia humana. El hombre vio en el documento la forma de proyectar, planificar, organizar, archivar, y entre otras cosas, controlar su actividad. Se desarrolló el hombre, las investigaciones y con ellos la cantidad de documentos.

    Cuando hablamos de análisis de los documentos del entrenador, nos referimos a: plan escrito, plan gráfico, registro y análisis de la asistencia, informes de competencias y controles, etcétera.

    Existe un momento especial en todo el Sistema Deportivo Cubano que es el chequeo de los documentos de la preparación para la temporada y después el chequeo del estado de la preparación. Aquí se analiza qué se va a hacer y cómo marcha lo planificado.

    Algunas de las interrogantes que se despejan durante estos chequeos son: cumplimiento de los principios del entrenamiento deportivo; cumplimiento de las leyes de la bioadaptación; estructura del macrociclo; concepción de los controles y competencias fundamentales; concepción de las diferentes preparaciones; tratamiento individual de las potencialidades atléticas y su relación con las direcciones del entrenamiento.

    El análisis de los documentos no sólo es importante realizarlo durante el año o temporada, también se debe contemplar la comparación con otros años. Existen entrenadores que se han desprendido de los documentos de años anteriores. Si esto ocurre, cómo saber dónde nos equivocamos, en qué momento hicimos bien las cosas, y lo más triste: cómo saber bajo qué régimen de entrenamiento un determinado deportista llegó a ser campeón. El archivo de los documentos de la planificación ha de apreciarse como una fuente de retroalimentación del trabajo para enfrentar desafíos cada vez más agudos.


Observaciones

    En la observación como forma de control se debe tener presente que no la podemos limitar a la recogida de datos en una planilla ni a nada por el estilo; para ella se requiere de capacidad de observación. Un entrenador, especialista o directivo sin capacidad de observación, jamás podrá hacer un control eficiente del proceso de preparación.

    Para observar, con toda la amplitud que este acto exige, se requiere, entre otras cosas, de:

    En el plano cognitivo: capacidad de percepción, amplitud de pensamientos, volumen de la atención, independencia cognitiva.

    En el plano afectivo: capacidad para comprometerse con el objeto de control y no con el sujeto, capacidad de implicación y responsabilidad por el resultado.

    En el plano volitivo: persistencia en la tarea, valor para percibir lo correcto y lo incorrecto.

    En el plano profesional: experiencia práctica, formación teórica, tacto pedagógico.

    Parece fácil observar, por ejemplo, la realización de una unidad de entrenamiento; pero los que tienen estas vivencias, saben que no es así. Para garantizar el uso de la observación como forma de control, se debe elaborar una guía que ha de contener: objetivos, unidad de observación, tipo, indicadores, instrucciones a los observadores para cada indicador, e instrucciones generales. A todo esto se le anexa la planilla de registro.

    Los objetivos constituyen aspiraciones, metas que debemos lograr con la observación. La unidad de observación es lo que vamos a observar, la parte que nos interesa de toda la realidad. El tipo de observación sintetiza una serie de criterios que sirven para establecer las diversas clasificaciones de este método. Por ejemplo: la observación es directa si estamos presentes en el momento de los sucesos; es abierta cuando el sujeto sabe que es observado y qué se observa; cuando responde a elementos del objeto bien definidos en una planilla o protocolo, se habla de observación estructurada. Los indicadores para observar se pueden definir -aunque el término es bien explícito- como el qué dentro del qué. Las instrucciones a los observadores buscan unificar la forma en que se va a realizar la observación, es decir: todos los observadores deben observar lo mismo y velar las mismas normas; estas instrucciones se establecen tanto por indicadores como de manera general.


Medición

    La metrología deportiva es la ciencia de las mediciones y tiene como principal tarea -de acuerdo con las opiniones de Zatsiorsky-, el aseguramiento de la unidad y exactitud en las mediciones. Siempre que se hable de mediciones se deben tener en cuenta los aportes de este autor a la temática. Él nos brinda, a partir de su definición, la oportunidad de apreciar y comprender el mundo de las mediciones, y con mayor claridad en la cultura física; aunque según este autor: "en el deporte la órbita de las mediciones es pequeña..."

    Se denomina medición (en el sentido amplio de la palabra) a la correspondencia que se establece entre los fenómenos estudiados, por una parte, y su expresión numérica por la otra. Por todos son conocidas y comprendidas las variedades más simples de mediciones, por ejemplo, la medición de la longitud del salto y la del peso del cuerpo. Sin embargo, ¿cómo medir o es posible medir el nivel de conocimientos, el grado de fatiga, el carácter expresivo de los movimientos, la maestría técnica? Parece ser que estos son fenómenos inmensurables. Pero, en verdad, en cada uno de estos casos es posible establecer las relaciones "mayor-igual-menor" y decir que el deportista A domina mejor la técnica que el deportista B, mientras que la técnica de B es mejor que la de C, etcétera. Resulta posible utilizar los números en lugar de las palabras. Por ejemplo, en lugar de las palabras "satisfactorio", "bueno", "excelente", emplear los números "3", "4" y "5". En el deporte, con mucha frecuencia es necesario expresar en números, indicadores aparentemente inmensurables. (...) la maestría técnica y el nivel artístico se expresan numéricamente en las valoraciones de los jueces. En el amplio sentido de la palabra todos estos son casos de medición. (Metrología Deportiva, p. 15)

    En boxeo, corresponde a la medición un papel fundamental para la determinación del estado de entrenamiento. Su máxima expresión está en las mediciones antropométricas: peso, talla, etcétera. Todas estas formas -hasta los momentos actuales y en la manera en que se emplean- han resuelto los problemas generados por la necesidad de control del proceso de preparación. Sin embargo, los tiempos hoy son otros, de rendimientos cada vez más elevados; por eso la preparación debe ser más rigurosa y -unido a ella- su control. Esta realidad apunta hacia una amenaza que puede ser interpretada por las interrogantes (Figura 1).

  1. ¿Estarán aportando toda la información necesaria las formas establecidas de control?

  2. ¿El contenido de estas formas estará en correspondencia con las demandas y exigencias de la situación peculiar que vive el mundo boxístico?

    Para nosotros se impone el reto de encontrar nuevas formas de control o perfeccionar el contenido de las existentes, de manera que se ajusten a la necesidad del actual contexto deportivo.

    Ya tenemos idea de las formas de control menos empleadas. Abordemos con detenimiento ahora los tests o pruebas. Aquí ni las amenazas ni los retos del boxeo de 4 asaltos son menos que en las formas anteriores.

    A raíz de la aprobación y aplicación del boxeo de 4 asaltos, sentimos la amenaza de que los actuales tests que aún empleamos en el Sistema de Preparación de los Pugilistas:

  1. No aborden las realidades de la actividad específica del sujeto.

  2. No descubran las potencialidades del sujeto para este tipo de combate.

  3. La concepción teórica de la tarea esté descontextualizada de la práctica.

  4. Existan parámetros determinantes del rendimiento que no se aborden.

  5. La situación de test escogida no permita el pronóstico del rendimiento.

  6. La situación de test discrimine a los sujetos, pero no así sus normativas.

  7. La ausencia de varios tests con una misma finalidad provoque pobres análisis y conclusiones falsas.

    El reto en este caso es elaborar tests que indaguen más sobre la actividad específica, la actitud del boxeador ante las exigencias de la actividad, sus potencialidades para enfrentarla y que sean representativas de la práctica, pero fundamentadas en la teoría.

    El mayor reto lo constituye, sin duda, hacer de los tests verdaderos instrumentos de recogida de información confiable.

    Reflexionemos un poco en torno a la teoría y fundamentos de los tests, específicamente en lo que concierne a su definición, tipos, su proceso de elaboración y validación y su génesis. Este análisis permitirá orientar nuestras iniciativas tras la aceptación del reto y decisión para solucionar los problemas.

    Estamos equivocados si creemos que la temática de los tests es joven. Los tests, exámenes o pruebas, como comúnmente se conocen, tienen un origen tan antiguo que dificulta la precisión del momento en que surgieron. Diversas anécdotas encontradas en fuentes como el Antiguo Testamento, dan cuenta de la aplicación de las pruebas en esos tiempos: Cerny y Kollarik (1990) destacan que Gydeón fue encargado de realizar una selección de dos niveles de combatientes en la guerra de Israel contra Midia. En China -miles de años antes de nuestra era- los funcionarios públicos se seleccionaban mediante exámenes. En Atenas se probaban las habilidades y capacidades de la juventud mediante exámenes también (Gutiérrez, 1951).

    Tampoco existe precisión acerca de quién fue el primero en utilizar el nombre de "tests" para las pruebas rápidas y sencillas. Unos dicen que Binet, y otros que Cattell al presentar -en su libro Los tests de inteligencia y medición- alrededor de cincuenta pruebas con estas características. Muchas de ellas han sido utilizadas con eficacia hasta la actualidad.

    En la práctica prevalecen dos definiciones. Una que plantea que: "La prueba es una tarea propuesta a los sujetos mediante una consigna y cuya solución permite diferenciarlos o clasificarlos" (Scharbert, 1977; Miguel Rojo, 1980; Rodionov, 1990).

    Otra de las definiciones es la que concibe las pruebas como "instrumentos de medición para determinar el estado o las capacidades del deportista" (Fraisse, 1967; Valdés, 1987; Godik, 1988; Zatsiorsky, 1989). Pero al emplear esta definición en la práctica, se debe dominar ampliamente un aspecto básico. El hecho de que las pruebas constituyan un instrumento de medición, no significa que todas las mediciones sean consideradas como pruebas. ¿En qué se fundamenta este criterio? Bueno, ahí esta el problema.

    Hasta hace un tiempo compartíamos la opinión de Zatsiorsky, quien estima que medición no es lo mismo que prueba porque pruebas "son sólo aquellas que posean un objetivo definido, condiciones de estandarización, cumplan los criterios de calidad requeridos y contemplen un sistema de evaluación". Pedimos al lector que piense en este argumento y diga si las mediciones no deben cumplir estas mismas exigencias, es decir: ¿cuál medición se realiza sin objetivo, sin normas de estandarización, calidad y criterios de referencias para la evaluación del estado en que se encuentra lo que estamos midiendo? Nuestra respuesta hasta hoy es que ninguna. Todas requieren de esas normas. Pensemos en la medición del porcentaje de grasa de un atleta, o en la de la estatura o la temperatura del cuerpo, o en la toma del pulso, etcétera.

    Se puede esclarecer más el asunto basándonos en la toma de pulso, método de medición sencillo -según creen muchos - y muy empleado por los entrenadores como criterio para valorar el efecto inmediato de entrenamiento.

    Método de medición: toma de pulso.

    Procedimiento: colocar el estetoscopio en la región precordial.

    Objetivo: evaluar el efecto inmediato de una carga determinada sobre el organismo del deportista.

    Condiciones de estandarización: algunas pudieran ser: no moverse durante la toma de pulso; se tomará durante 15 segundos; la posición será de pie; tomar las pulsaciones inmediatamente después de que concluya el ejercicio.

    Criterio de calidad: está dado por el cumplimiento de las condiciones de estandarización, o lo que es lo mismo: si realmente se logran sentir las palpitaciones del corazón, el método empleado mide lo que deseamos medir, por tanto hay validez; si ante una misma carga, un mismo sujeto en las mismas condiciones obtiene resultados semejantes, hay confiabilidad; si ante la situación anterior diferentes evaluadores obtienen resultados semejantes, entonces se cumple la independencia del resultado.

    Sistema de evaluación: está dado por las normas que establecen el estado del organismo a partir de su reacción ante la carga recibida. Por ejemplo, se dice que si un deportista alcanza en una carga relativamente baja pulsaciones muy altas, está en un bajo nivel de entrenamiento, y -si con cargas altas las pulsaciones son bajas- el sujeto está bien entrenado. Recordemos cómo son las pulsaciones de los deportistas cuando comienzan después de un largo receso, y cómo al transitar un tiempo de entrenamiento ante esa misma carga. Por supuesto que al evaluar este aspecto, el especialista se da cuenta de que está en presencia del fenómeno de la adaptación: ley del proceso de entrenamiento.

    ¿Qué opina el lector luego de este ejemplo? ¿Coincide aún con Zatsiorsky? Nosotros, teniendo en cuenta las razones expuestas, pensamos diferente. Y creemos conveniente puntualizar que el fundamento de las diferencias se debe encontrar en otro contexto y no en este. Analicemos, por ejemplo, qué hace el sujeto en la medición y qué se le exige en la prueba. Si nos conducimos por este camino encontraremos, a nuestro modo de ver, un fundamento más sólido. Detengámonos nuevamente en el concepto de prueba que expusimos varios párrafos atrás. La idea básica que debemos manejar es que en la prueba se requiere del cumplimiento de una tarea o situación de test, que no es precisamente el caso de la medición. Aquí sí radica la diferencia.

    Pudiéramos concluir que toda prueba es una medición, pero no toda medición es una prueba.


Clasificación de las pruebas

    Existen tantas clasificaciones como autores que abordan el problema. Veamos los principales criterios que sustentan tal diversidad.


    Por su dirección

    Diagnósticas: son aquellas pruebas que permiten conocer el estado de lo que se mide; su objetivo es realizar un corte en la preparación. Se valora cómo está el atleta. Por ejemplo: la carrera de 60 metros.

    Pronosticas: dan la posibilidad de prever el comportamiento futuro de lo que se mide. Se valora cómo estará el deportista. Muy pocas pruebas nos sirven para estos fines, debido a que en boxeo -deporte tan variable-no resulta nada fácil hacer pronósticos; pero no hay dudas de su necesidad. Aquí debemos ser cuidadosos, porque el hecho que una prueba sea diagnóstica no significa que pueda servir para pronosticar.

    Selectivas: permiten definir los deportistas que deben conformar un equipo. Para la selección se tiene en cuenta que las pruebas que se emplean respondan a parámetros determinantes en el rendimiento. En este caso se cumplen exigencias diagnósticas y pronósticas: se valora tanto la forma actual como futura del púgil.


    Por las características que abordan

    Biomédicas: son pruebas destinadas al análisis del estado de funcionamiento de los órganos y sistemas del boxeador; se conocen también como pruebas funcionales. En este grupo se incluyen las fisiológicas y las médicas. Por ejemplo: consumo máximo de oxígeno, capacidad de trabajo...

    Pedagógicas: abarcan los parámetros relacionados con hábitos y habilidades técnico-tácticas. En ellas se valora la calidad de ejecución de la técnica, que incluye su economía, estabilidad, variabilidad y efectividad. Además, se tiene en cuenta la coordinación y fluidez de los movimientos.

    Psicológicas: se refieren a aspectos del psiquismo del boxeador, contemplando las esferas cognitiva, afectiva, volitiva y social. Por ejemplo: pruebas de ansiedad, personalidad, inteligencia, o temperamento.

    En los estudios realizados acerca de diferentes deportes, se detecta el pobre empleo de pruebas psicológicas. Ante esta situación se impone una pregunta: ¿por qué, si se ha demostrado la importancia de los factores psicológicos para el éxito deportivo?

    La reflexión de Kurt Meinel (1977) acerca de la importancia del punto de vista psicológico en la ejecución de los movimientos, nos lleva a repetir la anterior interrogante. En este sentido se estima que -mientras el pedagogo deportivo capta el movimiento real en su apariencia sensorial y el fisiólogo procura explorar su "substrato material"- el psicólogo fija su atención en el contenido psíquico del movimiento. Se ocupa, por ejemplo, de las particularidades psíquicas del dominio del movimiento, de las sensaciones, percepciones y representaciones de movimiento, de la memoria, la voluntad, etcétera. Sabemos por experiencia que en gran medida los hechos psíquicos influyen sobre la ejecución de las acciones deportivas.

    El punto de vista psicológico sirve, pues, al esclarecimiento de un aspecto esencial de la actividad deportiva; mas aún se comete con frecuencia el error de subestimarlo en relación con los anatómico-fisiológicos y físico-mecánicos. He aquí la primera causa que responde a nuestra interrogante. Una segunda causa radica en la existencia de escasas pruebas psicológicas sencillas y al alcance de los entrenadores.


    Por el contenido

    Teóricas: este tipo de prueba se dirige, en lo específico, a valorar niveles de conocimientos. Son útiles para comprobar el desarrollo tanto del pensamiento como del lenguaje. Por ejemplo, se elaboran situaciones tácticas para que el sujeto les dé respuesta.

    Prácticas: permiten la valoración de conocimientos, hábitos, habilidades y capacidades, mediante la ejecución de acciones motrices concretas. También se conocen con el nombre de pruebas motoras. Por ejemplo: golpeo en un aparato durante 10 segundos.


    Por el grado de especificidad de la tarea

    Generales: Miden las características o parámetros determinantes e influyentes del rendimiento en un contexto que ni por la tarea, ni por la estructura y condiciones, es similar al deporte específico. Como medir al pez fuera del agua. Por tanto, se utilizan en diferentes deportes. Con ellas se pretende conocer el comportamiento general del parámetro que se mide, información importantísima para trazar las metas relacionadas con las exigencias competitivas, de ahí que se puntualice que sin base no existe rendimiento deportivo óptimo y estable. Estas pruebas son propias de etapas generales.

    Semiespecíficas: En ellas la información que recibe el sujeto posee un carácter general, pero su respuesta es específica del deporte. Puede decirse que ocupan un lugar intermedio, resultando un acercamiento a la actividad propia del boxeador. Se hacen muy necesarias durante los mesociclos especiales variados, y en plena "zona de transición" de la etapa general a la especial, donde el pez no está fuera del agua pero dentro tampoco. Por ejemplo: tirar pelotas de variados colores para que el boxeador reaccione tirando diferentes golpes.

    Específicas: En este tipo de pruebas la tarea, su estructura y condición poseen un carácter específico. Tanto el estímulo como la respuesta son propios del deporte. Por supuesto que estímulo no se refiere únicamente a pruebas de reacciones, como el ejemplo anterior, sino a la tarea y su solución. Estas pruebas se emplean con mayor frecuencia en las etapas decisivas de la preparación, en mesociclos precompetitivos y competitivos. Ya el pez está en el agua. Por tanto, puede demostrar quién es realmente y qué capacidades ha desarrollado.

    Antes de pasar a la última parte de la clasificación, conviene puntualizar la importancia, papel y lugar que deben ocupar las pruebas de carácter específico en el boxeo.

    Se plantea con fuerza en la literatura especializada que las pruebas generales no responden completamente a la necesidad de orientación de la preparación de los deportistas, porque el estudio de los parámetros se produce en un contexto ajeno a su actividad. En torno a las desventajas del uso de pruebas generales en el deporte y la importancia de las específicas, D. Harre da fe de que las pruebas generales son importantes para el entrenamiento de principiantes y de nuevos talentos, hasta tanto el deportista no se haya decidido aún por un deporte o disciplina específica, o el deporte particular siga desempeñando un papel secundario.

    Esta idea -según la entendemos- no excluye el uso y necesidad de las pruebas generales; pero sí nos orienta en el cuidado que se debe tener a la hora de establecer una prueba de carácter específico... Si en una prueba específica, cuya tarea consiste en la realización de una acción motriz, el sujeto desconoce esa acción o no sabe aplicarla con facilidad, el resultado que se obtenga puede ser falso, debido a que existe un aspecto que interfiere la manifestación de lo que se desea medir. ¿Qué significa esto? Veámoslo en el siguiente ejemplo. En una prueba para medir pensamiento táctico, dado por la cantidad de respuestas correctas a las soluciones planteadas, si el boxeador tiene pobre conocimiento de las acciones, claro está que no podrá ofrecer una solución a determinada tarea. Por ello no es correcto plantear que el sujeto posea un bajo nivel de desarrollo del pensamiento táctico, o estaríamos falseando el resultado. A nadie se le debe pedir lo que no conoce ni se le ha explicado aún.

    Alonso (1991) reconoce el tema de las pruebas específicas como un amplio terreno de investigación, ya que se trata de estudiar algunos parámetros durante el esfuerzo en el mismo ambiente deportivo.

    Al referirse a las cuestiones fundamentales para la selección de los métodos de investigación, Doil sostiene que el mejor camino para examinar las cualidades que nos interesan, está estrechamente ligado con la praxis deportiva. Por tal motivo, en su estudio, utilizó varios métodos de exámenes prácticos elaborados a partir de los ensayos de laboratorio conocidos.


    Por el medio en que se desarrollan

    De laboratorio: Son las pruebas que se aplican en locales habilitados con equipos, que por lo general no simulan la actividad específica sino exigencias generales para la medición de diferentes parámetros. Los laboratorios médicos -por ejemplo-o los psicológicos, donde se realizan pruebas de velocidad de reacción, anticipación, etcétera. Aquí el sujeto se aísla de múltiples factores externos, y en ocasiones está el solo frente a un aparato, cumpliendo una tarea con absoluta tranquilidad, cosa que no se parece ni remotamente al modo en que trascurre su actividad. Claro, no vamos a desdeñar aquellas pruebas de laboratorio que, para su uso efectivo, requieren de esta condición estandarizada.

    De terreno o de campo: Este tipo de prueba saca al deportista de las condiciones de laboratorio. Las tareas se cumplen en terrenos más habituales; las exigencias del medio se aproximan a las específicas de la actividad deportiva en general. Por ejemplo: un test de estimación del tiempo.

    Antes de finalizar con este aspecto de la clasificación de las pruebas, vale aclarar que el hecho de que existan diferentes tipologías no significa que una prueba sea solamente pedagógica y no de laboratorio, o diagnóstica y no general o práctica. Cada una se inserta habitualmente en diferentes criterios de clasificación.

    En la práctica nos amenaza el empleo indiscriminado de tests prácticos, generales, biomédicos o pedagógicos, de laboratorio y diagnósticos, a costa de la subestimación de los teóricos, específicos, psicológicos, de terreno y pronósticos, lo que se muestra en el siguiente gráfico:

    El reto consiste en aplicar pruebas cuyo uso esté bien fundamentado por la necesidad de medir parámetros más representativos del rendimiento de los boxeadores. En conclusión, estamos obligados a contrarrestar el sobreuso de algunos tests en detrimento de otros, que en muchos de los casos resultan más efectivos.

    Es cierto que, a la hora de aceptar este reto, nos estaremos enfrentando a la situación problemática en torno a la ausencia de pruebas que respondan a las exigencias actuales. Habrá disímiles soluciones, pero seguro que prevalecerá el establecimiento de nuevos instrumentos de medición.


El proceso de elaboración y validación de las pruebas

    Ya se sufrió en una ocasión la epidemia de elaborar pruebas, por lo que se cayó en el fenómeno de la testología, donde todo lo que se hacía lo determinaba la aplicación de tests. Se elaboró un gran número de estos, sin fundamento en muchos casos: Descuidando que para elaborar un test se requiere de criterios científico-metodológicos bien definidos que giran en torno a su proceso de elaboración y validación. Es cierto que no siempre existió una teoría tan sólida como la que ahora existe, la cual debemos tener presente como herramienta de control.

    Nuestras investigaciones han permitido enriquecer los procesos de elaboración y validación de pruebas. Como fruto de ellas, expondremos una metodología y una estructura para la elaboración de tests, así como algunas concepciones sobre la validación.

    Para el establecimiento de la metodología partimos del criterio de los autores H. Valdés, y V. Cerny, quienes abordan los principios para la elaboración de las pruebas. Tales principios establecen como primer paso para la elaboración de tests la conceptualización clara de lo que se desea medir. Nosotros no lo hemos considerado así, por cuanto entendemos que en el deporte es importante -antes de definir la cualidad o capacidad que se va a medir- conocer si esta resulta un aspecto de relevancia en la actividad del sujeto. De ahí que, en la metodología que aquí se expone, el primer paso no sea el establecido por los autores mencionados.


Metodología para la elaboración de las pruebas

  1. Análisis de la actividad desde el punto de vista de lo que deseamos medir

  2. Definición de lo que se desea medir

  3. Selección de los ejercicios

  4. Fundamentación teórica de los ejercicios

  5. Estandarización de los ejercicios

  6. Pilotaje de las pruebas

  7. Selección de las pruebas para su validación

  1. Análisis de la actividad desde el punto de vista de lo que deseamos medir: Apoyándose en opiniones de especialistas, revisiones bibliográficas y observaciones de la actividad boxística, se determinan las habilidades que más demanda esta disciplina. En este paso se fundamenta la necesidad de abordar las particularidades que se determinen.

  2. Definición de las particularidades que se desean medir: De este paso dependen los demás. Si hacemos una buena definición, estaremos garantizando de antemano la calidad de la prueba. La definición es condicional: depende de la situación que se exponga en el test.

  3. Selección de los ejercicios: Los ejercicios se seleccionan de tal forma que respondan a las exigencias de la definición que se realice en el paso anterior. Deben garantizar la manifestación de lo que se desea medir; que luego de su realización, el sujeto sea capaz de solucionar la tarea gracias a la demostración de lo que está en proceso de medición. Por lo general, se recomienda que se seleccionen varios ejercicios para tener la posibilidad de escoger.

  4. Fundamentación teórica de los ejercicios que se proponen: Con ella se expresan los criterios teóricos que avalan la selección de los ejercicios. Este paso garantiza la relación entre la teoría y la práctica. Los ejercicios pueden ser fundamentados desde diferentes puntos de vista: fisiológico, pedagógico, psicológico y otros.

  5. Estandarización de los ejercicios: Aquí se definen las condiciones que tendrán carácter permanente para todos los sujetos a fin de lograr que el ejercicio transcurra en una situación semejante. Constituyen elementos de estandarización: la metodología, la consigna, los instrumentos, la forma de obtención de los resultados, etcétera.

  6. Pilotaje de las pruebas: Sí, ya aquí podemos hablar más o menos de pruebas y no solo de ejercicios. Este pilotaje va a permitir que se vea en la práctica lo que hasta el momento se concibió teóricamente. En este paso todo está sujeto a cambio: lo importante es garantizar que cuando se pase al proceso de validación se tenga una experiencia de cómo fluye la prueba.

  7. Selección de las pruebas para su validación: En este paso se definen las pruebas a partir del resultado del pilotaje. Se consideran aspectos como la complejidad, fundamentación teórica, estandarización, sencillez, economía y utilidad. También se puede consultar a especialistas para que aporten sus criterios.

    Con el afán de resolver el problema del control de la preparación, se han elaborado pruebas; pero no todas responden a una estructura correcta, por lo que proponemos una que mejora la presentación y facilita el dominio y comprensión de los datos recogidos.


Estructura de presentación de las pruebas

  1. Nombre de la prueba: Como es el elemento que la identifica, se trata de que en él estén los aspectos esenciales que mide la prueba.

  2. Definición de lo que se desea medir: Incluye la conceptualización de lo que se desea abordar en la prueba. Una definición clara y precisa asegura la convergencia de los ejercicios con las pretensiones.

  3. Objetivo de la prueba: Es lo que se persigue en ella. El objetivo permite a la hora de la validación seleccionar correctamente el criterio.

  4. Fundamentación teórica: Se plasman en ella todos los puntos de vista que explican la selección de un determinado ejercicio. La fundamentación se efectúa con base en los conocimientos pedagógicos, fisiológicos, psicológicos, etcétera, que caracterizan el ejercicio.

  5. Metodología: Contempla los pasos para seguir durante el cumplimiento del ejercicio. Garantiza la interpretación de la prueba, por lo que debe ser redactada en un lenguaje sencillo y claro.

  6. Tarea: Se contempla como parte de la metodología. Se conoce también con el nombre de consigna y plantea al sujeto lo que él concretamente debe cumplir en la prueba.

  7. Orientaciones de estandarización: Contempla la forma idéntica en que debe cumplirse la prueba para que diferentes sujetos ejecuten la tarea en las mismas condiciones.

  8. Medios e instrumentos: Son los requerimientos materiales para la realización de la prueba y forman parte de los requisitos de estandarización.

  9. Forma de calificación: Explica la manera en que vamos a expresar el dato. Aquí, en lugar de hablar de unidad de medida, hablamos de forma de calificación.

  10. Investigadores: El número y las funciones de los investigadores está en correspondencia con las exigencias de la prueba.

  11. Protocolo: Así llamamos a la planilla para la recogida de datos.

  12. Procesamiento de la información: Consiste en el conjunto de pasos que debemos dar para la obtención de la información final. Garantiza la objetividad de la interpretación o evaluación.

  13. Normativas de evaluación: Permiten emitir un criterio acerca del estado de lo que se está midiendo. Existen disímiles formas de establecer las normativas. Pueden ser utilizadas cualesquiera de ellas.

    Lo importante es que ofrezcan verdaderos criterios de referencia para la evaluación de los sujetos.

    Existen notorias diferencias entre las pruebas presentadas con esta estructura y las que a continuación ejemplificamos.

    Test de 10 saltos de longitud continuos: Consiste en realizar 10 saltos de longitud continuos con las piernas juntas desde el lugar, tratando de alcanzar la mayor distancia posible y realizarlos en el menor tiempo. Se determina la potencia mecánica desarrollada, expresada en kgm/s, mediante la multiplicación del peso corporal del examinado (kilogramos.) por la distancia recorrida con los 10 saltos (metros) y dividido entre el tiempo empleado (segundos). Mientras mayor sea el valor de potencia, habrá mayores posibilidades de generación de potencia anaeróbica aláctica.

    Test anaeróbico láctico de proyecciones en judo: Se realizan tres series cortas de 15 protecciones de un maniquí a la mayor velocidad posible, dando un minuto de descanso entre series. Se registra el tiempo de cada serie y luego se suman los tres tiempos.


La bondad de las pruebas. Criterio científico-metodológico de su elaboración

    Aunque usualmente los entrenadores aplican pruebas creadas o adaptadas por ellos mismos, cuando no están avaladas científico-metodológicamente se obtienen informaciones erróneas que conducirán a fracasos o a resultados carentes de fundamento.

    Con el análisis de numerosos fuentes bibliográficas correspondientes a diversas décadas, pudimos constatar que -pese a las diferencias de clasificaciones, terminologías, décadas, autores y países- las pruebas, para ser establecidas, deben responder a determinados requerimientos que son los que respaldan su autenticidad. Entre ellos, básicamente, se cuentan la validez y la confiabilidad. ¿En qué consisten?

    En el momento de aplicar en la práctica estos criterios de calidad, es importante conocer -y aquí coincidimos con numerosos autores- que no poseen un carácter universal en la caracterización de la prueba que se está elaborando, o ya elaborada. Su valor cualitativo tiene vigencia únicamente para los sujetos investigados, condiciones de aplicación y procedimiento estadístico empleado.

    La calidad del cumplimiento de los criterios para la elaboración de las pruebas, depende en parte de la comprensión e identificación de cada uno de ellos.

    La validez refleja el contenido verídico de la prueba, al ponerse de manifiesto que esta mide realmente la cualidad o característica que se propone. Deben tenerse en cuenta dos aspectos básicos que determinan el aumento o disminución de la información que brinda el test: el planteamiento de la tarea y la selección del criterio de validación.

    Planteamiento de la tarea: En una prueba, la forma en que se exige la realización de la tarea, permite aumentar la manifestación de lo que se desea medir, se elimina o reduce la acción de otras manifestaciones. Paralelamente, la atención que se preste a estos aspectos, aumenta la confiabilidad del test. La tarea en la prueba debe ser lo suficientemente difícil como para medir las diferencias entre los niveles superiores, y lo suficientemente fácil para permitir la distinción de los niveles inferiores. He aquí lo que muchos llaman validez discriminativa o fuerza diferenciadora del test.

    Selección del criterio de validación: Este se define como el indicador que refleja de manera notoria e indiscutible la propiedad. Otra de las definiciones que se encuentra con frecuencia es que el criterio constituye una característica representativa de la cualidad que pretendemos medir. En la práctica existe diversidad de criterios de validación. De ahí que la validez tome diferentes apellidos o matices, pero en realidad hay una sola validez. Por ejemplo, está la llamada validez interna, lógica o de contenido, cuyo criterio se toma, frecuentemente, por la opinión de expertos acerca del contenido de la prueba, y se define como criterio interno. También están los llamados criterios externos que -a partir de la utilización de uno u otro- permiten hablar de validez convergente, predictiva, discriminativa, etcétera. Entre estos últimos se cuentan los resultados competitivos, la pertenencia a un grupo determinado, las características cuantitativas de la actividad y los resultados de otra prueba cuyo nivel de información se encuentra demostrado.

    La confiabilidad es otro y no menos importante criterio de calidad o autenticidad de las pruebas, puesto que advierte el grado de coincidencia de los resultados al repetir el test a las mismas personas y en las mismas condiciones. Se distinguen entre los criterios de confiabilidad la estabilidad, la equivalencia y la objetividad.

    La estabilidad es el indicador de la confiabilidad de las pruebas que brinda la posibilidad de reproducción de los resultados cuando estas se repiten, pasado un tiempo y bajo iguales condiciones. No solo depende de la complejidad del test, grupo investigado o tiempo que medie entre prueba y reprueba, sino también de la consistencia interna de lo que se está midiendo. Significa que no todo lo que se mide se comporta de la misma forma en el decursar del tiempo: los conocimientos, actitudes, movimientos, nivel de solución de la tarea y otros aspectos, pueden sufrir variaciones repentinas al recibir la influencia del proceso de educación y desarrollo.

    Es menester destacar que en la teoría de las pruebas la definición de estabilidad se identifica con la confiabilidad. Teóricamente se tienen siempre en cuenta dos elementos básicos que determinan la exactitud del test y figuran entre las vías para elevar estos criterios de calidad: el intervalo de tiempo entre la prueba y la repetición, y las condiciones en que se aplica.

    El intervalo de tiempo puede convertirse en una variable ajena. En la repetición de una forma de test, el intervalo ha de alargarse -para excluir efectos de memoria- o de disminuirse, para anticiparse el desarrollo del parámetro que se está midiendo. Lo que le ocurrió a un investigador que estaba inmerso en el proceso de validación de una prueba para pensamiento táctico, puede servirnos de alerta y experiencia: Se preparó muy bien para realizar su estudio, pero ¿cuánto tiempo debía esperar entre prueba y reprueba? Eso no se especifica en la literatura, porque depende de todo lo planteado arriba. Entonces decidió esperar ¡tres días! Al tercer día, por supuesto, todos los atletas solucionaron fácilmente las situaciones problémicas planteadas. La confiabilidad de la prueba -específicamente el criterio de estabilidad- estuvo viciada. Los alumnos tuvieron la oportunidad de comunicarse los problemas y las respuestas, hasta habían practicado las soluciones entre ellos. Fue necesario cambiar todas las situaciones tácticas, reducir el tiempo entre prueba y reprueba, y repetirlo todo.

    Las condiciones de aplicación se relacionan con la estandarización o uniformidad en la realización del test. Tanto en la prueba como en la reprueba, el lugar, la iluminación, los instrumentos de medición, el día, la hora, el orden de ejecución, la motivación, etcétera, deben permanecer constantes a fin de eliminar las posibles ventajas o desventajas que le puedan proporcionar a un sujeto respecto a otro, o al mismo sujeto, en el caso de la reprueba.

    Otro de los indicadores de la confiabilidad, la equivalencia, representa el grado de homogeneidad de diferentes pruebas propuestas para medir lo mismo. El uso de un test equivalente se fundamenta en la necesidad de elevar la confiabilidad de la valoración de la cualidad que se está controlando. Si se quiere realizar un profundo y detallado estudio acerca de una cualidad determinada, deben realizarse diferentes variantes de pruebas.

    La objetividad o concordancia es otro indicador importante de la confiabilidad. Unos autores llaman concordancia y otros objetividad al criterio basado en la independencia entre los resultados del test y las cualidades del investigador, juez o experto que evalúa, o sea: que un mismo individuo obtenga resultados idénticos con investigadores diferentes.

    La diferencia entre uno y otro término radica en que para conocer este criterio de las pruebas, se tiene que recurrir a la coincidencia de opiniones de diferentes evaluadores sobre un mismo sujeto. Por eso coincidimos con Zatsiorsky. Más apropiado resulta hablar de concordancia, ya que "... la coincidencia de los resultados de diferentes expertos o jueces no habla de su objetividad. Ellos pueden todos juntos equivocarse, consciente o inconscientemente, deformando la realidad objetiva." Por el momento coincidimos con ese parecer. Más adelante haremos algunas acotaciones e introduciremos otro término.

    ¿Cómo estudiar la concordancia? Bien fácil. El lector habrá visto algunas competencias de natación, atletismo, gimnásticas o clavadas. ¿Cuántos jueces chequean la marca registrada por los atletas o evalúan la ejecución? Ellos, de mutuo acuerdo, tratan de dar precisión al resultado. Y por lo general pocos concuerdan; pero entre árbitros de calidad, las opiniones tienden a ser bastante coincidentes. Entonces, en todas estas formas está presente la respuesta de la interrogante inicial.

    Si tuviéramos que sacar una conclusión de todo esto, llamaríamos la atención sobre el contexto donde se hable de objetividad o de concordancia. El problema del estudio de este criterio de calidad está en cómo se registra el resultado: cuál es la forma de calificación, por una parte, y quién evalúa, por otra. Pensamos que si el contexto está definido por parámetros claramente medibles, sin que la subjetividad del investigador intervenga, se debe hablar de objetividad. En cambio, si el resultado depende en gran medida de su evaluación, tendremos que poner varios jueces para garantizar la confiabilidad, y entonces hablaríamos de concordancia. Pero si, a fin de cuentas, lo que deseamos saber es el grado de independencia entre el resultado de la prueba y el sujeto que evalúa, se puede emplear el término independencia y dejar concordancia para explicitar la vía que tomamos para llegar a la independencia.

    Las pruebas se hacen más independientes en la medida en que seamos capaces de instrumentar vías menos prejuiciosas y menos comprometedoras para los investigadores. La natación, por ejemplo, solucionó este problema con la implantación del cronómetro electrónico que registra el contacto del deportista con la pared cuando arriba a la meta. En Boxeo tenemos todavía que resolver este problema, porque el establecimiento de la máquina automatiza las operaciones y las facilita, pero no resuelve el problema de la objetividad. Aún siguen quedando muchos golpes por registrar, mientras que otros se registran indebidamente.

    En cuanto a la objetividad, A. Morales en su tesis doctoral (1996), llega a la conclusión de que cuando se está en el proceso de validación de un conjunto de pruebas, no es necesario probar en todas este criterio de calidad porque: En unas es el propio deportista el que efectúa la medición, sin la participación del investigador; en otras, el resultado se registra a partir de las respuestas verbales o por las acciones específicas que realiza el sujeto, y es tan evidente la información que no da margen a la influencia del investigador; en unas terceras, la influencia del investigador es mínima, por cuanto el instrumento o forma de medición que se utiliza permite reflejar un resultado cuantitativo preciso, por una parte, en centímetros, y por otra, en puntos.

    Además de los criterios de calidad abordados -sin duda, los principales- pueden citarse criterios secundarios como: extensión, facilidad, utilidad, economía y normalización (Gutiérrez, Grosser y Starichka). Una prueba debe medir adecuadamente, cubrir un amplio y representativo campo de materia estudiada, y el grado en que lo realiza se denomina extensión. La facilidad, exige que el test sea fácil de aplicar y calificar. La utilidad contempla la facultad de la prueba para responder a una necesidad práctica. La economía se refiere al uso de poco material y tiempo para su realización. En virtud de la normalización, se califica de normalizada la prueba en la cual se pueden aplicar informaciones como valores de referencia para la situación del resultado individual.

    El análisis aquí realizado evidencia la importancia de aprender todos los principios y normas existentes para la elaboración y validación de pruebas, de modo tal que estas puedan considerarse instrumentos efectivos de medición.


El objeto de control

    He aquí uno de los grandes secretos del éxito deportivo, el control, pero ¿qué se controla? Todo lo que pueda influir y determinar el rendimiento óptimo y estable del boxeador; todo lo que impida alcanzar el mejor resultado (las 12 medallas de oro); todo lo que interfiera el mejor desenvolvimiento del atleta en el aspecto competitivo. Esa hasta ahora es la respuesta. Todo: desde lo que se concibe teóricamente, lo que se realiza durante el proceso, la transformación del boxeador, su conducta, hasta lo que debe ser y alcanzar.

    En Cuba hemos elaborado todo un sistema de preparación y control para responder a exigencias que ya no existen, por tanto está latente la amenaza de que actuemos sobre un campo de acción equivocado. Ante las nuevas demandas del boxeo actual, al menos los indicadores o procedimientos para abordarlos deben ser transformados. Por tal motivo, nuestro reto consiste en asegurar el nivel de información y retroalimentación de los indicadores para lograr una concepción más objetiva y racional del Sistema Cubano de Preparación del Boxeador Olímpico, frente a las exigencias competitivas de hoy.

    Para enfrentar ese reto se han definido los objetos de control: estado del deportista, carga, actividad competitiva, modelación y pronóstico del rendimiento. Analicemos en qué consiste cada uno, cuál es su campo de acción, qué indicadores deben abordarse, qué se ha hecho hasta el momento y qué más puede hacerse. No se hallará una respuesta absoluta para todas las interrogantes, sino un punto de partida o criterio referencial; de lo contrario no existiría el reto.

    Estado del deportista: Puede definirse como la actividad conductual del boxeador en un momento determinado. Bajo la influencia del entrenamiento y de la competencia, el deportista experimenta una serie de transformaciones que lo llevan a alcanzar su estado óptimo, su forma deportiva. Este estado posee un carácter concreto y complejo, por cuanto se da en una persona determinada -a diferencia del que pueda presentar otro atleta- y en su estructura se insertan todos los componentes del sistema de preparación (física, técnica, táctica, psicológica y teórica). Estos se dan en una unidad dialéctica y se integran en el elemento más específico que es la técnica. Ese carácter unitario e integrador se debe tener presente durante el tratamiento de la preparación.

    Ahora bien, ¿qué debemos hacer para controlar el estado de la preparación de los boxeadores? Se deben valorar -igual que para todo objeto de control- dos cosas: el campo de acción y los indicadores.

    En cuanto al estado del deportista, ya hemos adelantado el campo de acción referido a los componentes de la preparación. El control del estado ha de garantizar que el boxeador alcance un alto desarrollo de las capacidades físicas, perfeccionamiento técnico, habilidad para el empleo de la técnica en dependencia de las situaciones y las características del adversario, estabilidad psicosocial y conocimientos que conciernen a la cultura, al deporte en general, y al boxeo en particular.

    Por ello los indicadores -en dependencia de cada campo de acción- giran en torno al desarrollo de las capacidades condicionales, coordinativas y la flexibilidad (preparación física); volumen, variabilidad, economía, efectividad y dominio (preparación técnica); volumen, diversidad, racionalidad, eficiencia, y dominio (preparación táctica); desarrollo de los procesos cognitivos, afectivos, volitivos, características del sistema nervioso, temperamento, carácter (preparación psicológica); volumen y variedad (preparación teórica).

    Por su importancia nos detendremos en algunos de los principales indicadores que determinan en gran medida la victoria de los boxeadores.

    Indicadores físicos como las capacidades motrices de resistencia, fuerza, rapidez y coordinación, adquieren extraordinario valor en el boxeo contemporáneo. La capacidad de resistencia debe convertirse en la premisa básica para mantener una alta efectividad de ejecución técnico-táctica durante el tiempo que dure el combate; sin resistencia de fuerza, de rapidez, coordinación, y psíquica, no habrá buen rendimiento. En cuanto a la fuerza y la rapidez, se destaca el papel y lugar de la frecuencia y potencia del golpeo. Hoy día se aprecia en los combates una transformación de la frecuencia en sentido aumentativo, lo que responde a la implantación de la máquina electrónica. Esta ha obligado a combatir por tiempo y no -como antes- por asaltos, y a que exista un ritmo alto en la forma de conducir la pelea. La necesidad de una alta frecuencia de golpeo, ha condicionado la disminución de los golpes de fuerza que se refleja en las decisiones finales: generalmente se consume el tiempo reglamentario. Tal situación detiene el desarrollo del boxeo de fuerza y sienta las bases para la formación de púgiles cada vez más técnicos. No obstante, los especialistas reconocen la necesidad de no subestimar en la validez de los golpes su potencialidad. La coordinación, por su parte, no resulta de menor importancia: ella está implícita en la alternancia y combinación de los elementos técnicos, la orientación y adaptación al medio, a las nuevas acciones y ritmos, la reacción y anticipación a diferentes estímulos, etcétera. Una buena coordinación es garantía de éxito.

    En cuanto a los parámetros psicológicos, es más que conocido su decisivo valor para el rendimiento. De ellos es menester referirse a los aspectos cognitivos, que dan el conocimiento sobre el mundo circundante y representan un fuerte indicador del nivel de perfeccionamiento técnico-táctico logrado. Un atleta con dificultades en la asimilación de las habilidades técnico-tácticas, no podrá llegar lejos en el boxeo actual.

    Carga: Entendemos por carga el sistema de influencias que debe garantizar el nivel más alto de preparación atlética. A menudo se emplea también el término estímulo. Este objeto de control posee suma importancia para el logro de los objetivos deportivos. Solo aplicando carga, se obtienen transformaciones en el organismo del deportista que le aseguran un óptimo estado de disposición.

    El campo de acción para la carga está definido por el entrenamiento y la competencia. Como reafirma Ozolin, el nivel de preparación del deportista es resultado de múltiples transformaciones que han ocurrido bajo la influencia del entrenamiento, en su organismo, su psiquis y sus posibilidades motoras: su sacrificio le proporciona el nivel de preparación necesario para la participación exitosa en las competiciones.

    Estamos enfrentando, entonces, el problema de cómo elaborar correctamente un régimen de entrenamiento en relación directa con una determinada competencia, y cómo -paralelamente a la estabilización de los logros- ir superándolo gradual y sistemáticamente. Con lamentable frecuencia se ha regulado sin fundamento la correspondencia entre trabajo y descanso, o se ha malogrado una adecuada relación entre las cargas de entrenamiento y las posibilidades del deportista. Tarde o temprano tales violaciones conducen a serias deficiencias en el desarrollo del entrenamiento, en el despliegue de las posibilidades y capacidades del atleta, y finalmente a derrotas en los eventos competitivos.

    Recomendamos, por tanto, precisión y control de los indicadores correspondientes a cada campo de acción. En el campo de acción del entrenamiento deben ser controlados indicadores como volumen, intensidad, densidad, descanso, medios y métodos empleados. Se controla, además, el total de competencias y su efecto en el organismo.

    Cuando se aborda -por ejemplo-el volumen, en la Escuela Cubana de Boxeo se parte de su expresión, es decir de la distancia (kilómetros, metros), tonelaje (kilogramos), el número de repeticiones y el tiempo (horas, minutos). Para su control aplicamos tablas que van desde los valores máximos hasta los mínimos por unidades de entrenamiento. En cuanto a la intensidad, su control se efectúa, fundamentalmente, por las pulsaciones y la complejidad de los ejercicios. Tenemos aún la deuda de precisar más los complejos de ejercicios porque se modifican mucho su estructura y variedad, y lo que hoy resulta difícil, mañana no. Pero el factor que más influye es la dialéctica constante que caracteriza los entrenamientos en nuestra escuela, donde un notable porcentaje de las cosas devienen irrepetibles.

    Por su parte, la densidad de la carga se define en la literatura como la relación temporal entre el estímulo y el descanso en una unidad de entrenamiento.

    Los descansos que empleamos en la preparación del boxeador, están muy relacionados con los procesos de adaptación, por lo que tratamos con ellos de reducir el cansancio con ayuda de las pausas productivas y completas, a fin de lograr una regeneración del organismo para el cumplimiento del próximo estímulo. Tenemos muy en cuenta también que la densidad de la carga está en correspondencia con el objetivo, la duración del estímulo y su intensidad. Debe aplicarse por lo general el principio de que a mayor intensidad de la duración, más larga será la pausa, y se varía a partir del aumento de la capacidad de rendimiento.

    Para la Escuela Cubana de Boxeo, hablar del control de los medios y métodos implica referirse a uno de nuestros métodos organizativos más eficientes: los circuitos. Sobre ellos se plantea en la conferencia "Entrenamiento de equipo e instrucción técnica: "El trabajo en forma de circuito constituye un procedimiento metodológico muy importante, pues permite la rivalidad de los atletas en los distintos tramos de trabajo o carreras, lo cual, además de motivar la actividad, posibilita el desarrollo físico de los participantes." Esto no significa que sea el único procedimiento que se emplea, ni que en las circunstancias actuales no se tenga que estudiar su adecuación. Veamos ejemplos de circuito:

    Estos circuitos pueden ser aplicados para todos los competidores, sin tener presente el peso o división. Pero también se ha avanzado en el desarrollo de circuitos por grupos de divisiones, procedimiento que da un carácter más individualizado a la aplicación de las cargas, como se aprecia en este ejemplo:


Circuito especial por grupos de divisiones

    Si pasamos al tema de los indicadores de la competencia como campo de acción de las cargas, recordemos lo planteado líneas arriba: se debe controlar no solo el total de competencias, sino también el efecto e estas sobre el organismo del boxeador. Para el primer aspecto se requiere información sobre el total de eventos en que ha participado el deportista y el de peleas efectuadas. Sabemos que los boxeadores participan en varios torneos durante el año o ciclo, pero se impone analizar por separado los fundamentales de los preparatorios, sin pasar por alto que el evento fundamental para un atleta puede ser preparatorio para otro.

    En el boxeo moderno se participa constantemente en competencias de alto nivel, desde la categoría juvenil, por lo que la carga se mantiene alta. De ahí que en los campeonatos ya no veamos solo un método de control sino también de preparación.


Actividad competitiva

    Hemos llegado a un objeto de control que integra prácticamente todos los esfuerzos que se realizan durante la preparación del púgil. Un buen estado psicofuncional del organismo -tras la aplicación correcta de las cargas de entrenamiento y competencia- debe asegurar la calidad de la actividad competitiva. Pero, ¿qué se entiende por actividad competitiva? Según Nikiforov: "es el proceso de combate, dirigido al logro del resultado planificado o de la victoria sobre el contrincante". Según Zatsiorsky: "representa una competición organizada bajo determinadas reglas, con el objeto de revelar y comparar objetivamente la maestría deportiva". Según Platonov: "representa la demostración inmediata en las competencias de las posibilidades del atleta en correspondencia con las reglas y los métodos de conducción de la lucha deportiva". Este último autor, además, opina que la actividad competitiva se puede analizar en un sentido amplio o uno estrecho. En el sentido amplio "es la conducta del atleta en general y de las personas que lo rodean (entrenador, árbitros, médicos, etcétera) en el transcurso de la competencia". En el estrecho, incluye "todos los elementos y acciones del atleta que componen la lucha combativa dentro del juego, encuentro, combate, etcétera".

    De estas definiciones nos interesa destacar algunos elementos indispensables para quien desee elaborar la suya. A saber: se da en el proceso de competencia; está dirigida al logro de la victoria; ocurre bajo determinadas reglas; a través de la conducta, el deportista expresa sus posibilidades; la conducta está matizada por elementos y acciones propios del sujeto...

    Las diferentes preparaciones (física, técnica, táctica, psicológica y teórica) siempre se manifiestan en una interrelación compleja, que garantiza el éxito tanto de los parámetros de la actividad competitiva en general, como de todas sus partes, acciones, elementos y combinaciones. El estrecho enlace y la ayuda recíproca de estas preparaciones durante las competencias, predeterminan los pasos para caracterizar la estructura de la actividad competitiva en las diferentes disciplinas deportivas y en la metódica de la valoración de su efectividad.

    Sin embargo, los diferentes parámetros que caracterizan uno u otro componente de la actividad competitiva, frecuentemente se enlazan muy poco, lo que exige una aguda diferenciación a la hora de valorarlos y diferenciarlos. Solamente destacando el nivel de perfección de algunos componentes, se pueden valorar objetivamente las partes fuertes y débiles dentro de la estructura de la actividad competitiva de un atleta específico, y elaborar para él un modelo óptimo.

    Como el perfeccionamiento de la actividad competitiva de los boxeadores, requiere tanto del conocimiento de los componentes de esta como de los factores que sobre ella influyen, en la estructura de la actividad competitiva se deben contemplar los aspectos que siguen: percepción del medio; conducta de los adversarios y compañeros; dinámica del estado propio; análisis de la información recibida, en comparación con la experiencia anterior y el objetivo de la competencia; selección de las bases para las soluciones razonables y su puesta en práctica. Al valorar la influencia del medio externo sobre la actividad competitiva, se tienen en consideración: las particularidades del lugar de competencia (condiciones climáticas y geográficas); el estado de los implementos deportivos, debido a esto a veces se cambian los modelos de las acciones técnico-tácticas; las características del calentamiento precompetitivo; el descanso entre los combates; el comportamiento del arbitraje y las particularidades del público.

    Existió un tiempo en que el lugar obtenido en las competencias se tenía como parámetro principal de efectividad de la actividad competitiva. En cambio, se ha demostrado que el resultado deportivo no posee las formas y contenido de conducta del deportista que en realidad permiten, como campos de acción del control de la actividad competitiva, determinar las partes fuertes y débiles de la preparación de los atletas, y las direcciones metodológicas para el perfeccionamiento de la maestría deportiva. Tan importantes como el resultado nos parecen las estrategias de que se vale el individuo para alcanzarlo.

    La forma de la conducta la vemos como el aspecto externo que abarca el indicador relacionado con las características del comportamiento (agresivo, combativo, pasivo, contraatacador, etcétera). Mientras, el contenido es lo interno de la actividad competitiva: su volumen, diversidad, racionalidad, eficiencia, dominio y preferencias. En el boxeo se destacan -dentro de estos indicadores- los parámetros: cantidad de golpes; coeficientes de ataque, defensa y de efectividad de las acciones; cantidad de series de golpes; coeficiente de efectividad de las acciones preparatorias y las situacionales, de los ataques y las defensas en las diferentes distancias, de las defensas con ayuda de los brazos, el tronco y las piernas; porcentaje de golpes de contraataque; respuestas, etcétera.

    Entre todas las metodologías que abordan los indicadores de la actividad competitiva, las mayores posibilidades las ha brindado el registro cuantitativo, por vía directa (en la propia competencia) o indirecta (observación de vídeos). La razón estriba en que, según los objetivos que desee valorar, se concibe la observación con su planilla. Usted se puede interesar en el total de golpes que conectan y reciben sus boxeadores, o en el sistema de defensa que emplean, etcétera. Existen infinitas posibilidades. Aquí tenemos un ejemplo de guía de observación de la actividad competitiva.

    Objetivo: analizar los golpes (rectos, ganchos y swings) fundamentales del arsenal combativo de los boxeadores.

    Unidad de observación: la actividad combativa de los boxeadores que compiten.

    Tipo de observación: directa, abierta y estructurada.

    Indicadores para observar: tipos de golpes ejecutados; cantidad de golpes ejecutados y su efectividad.

    Instrucciones a los observadores: se registrarán los tipos de golpes que aparecen en la planilla de observación; debe tenerse en cuenta la frecuencia de golpes y su efectividad; para registrar la frecuencia y efectividad de los golpes, el observador se valdrá del signo (/).

    Al aplicar observaciones de este tipo, hemos obtenido valiosos resultados como la siguiente tabla, que muestra la frecuencia de golpeo en cada una de las divisiones, por los boxeadores de mejores resultados en el mundo, (Sin tener en cuenta los cubanos), durante las competencias boxísticas más importantes del mundo en el bienio 1994 -1995.

    Debe el entrenador tener presente la necesidad de que el competidor conozca a fondo el estado de su actividad competitiva y sepa valorar el de sus adversarios. Es requisito básico para la efectividad táctica, "saber contra quién voy a pelear y cómo debo comportarme". Quien logre interiorizarlo, vencerá, no por la ley del más fuerte sino por la del más inteligente.

    También mostraremos el Control Cuantitativo de las competencias más importantes de los macrociclos 92-96 y 96-2000. Es decir el control de dos macrociclos Olímpicos de un Equipo que posee en sus palmares 32 Campeones Olímpicos más de 60 Campeones Mundiales. Con una orientación científico metodológica a cargo de ese gran dirigente y entrenador deportivo, considerado el Entrenador del Siglo XX en el boxeo: el Dr.C. Alcides Sagarra Carón.

    A continuación expresaremos esos importantes controles del desempeño competitivo del Equipo Cubano de Boxeo.

    El resumen del control pedagógico del macrociclo 1996 - 2000, muestra lo siguiente, lo cual demuestra que para tener resultados latos y estables en el deporte de Alto Rendimiento necesariamente tenemos que tener exigentes mecanismos de control, que permitan realizar una valoración lógica de la actividad competitiva.


Modelación

    Cuando la gestión diaria en la preparación de pugilistas, se apoya en un enfoque científico, acumula una serie de experiencias que se van sistematizando y convirtiendo en puntos de partida y orientación para los nuevos atletas. También un deportista brillante les sirve de patrón a los demás. Estas dos consideraciones justifican la necesidad de emplear la modelación en el deporte. Con este método se establecen parámetros o características ideales que sirven para orientar y racionalizar el proceso preparatorio. Si tenemos en cuenta esta posibilidad que brindan los modelos, no hay dudas de que nos acercamos a una importante vía para enfrentar las amenazas y retos del boxeo actual de 4 asaltos.

    Pese a lo mucho que ya se ha hablado acerca del "modelo del futuro deportista", "la formación del ideal" y "las características modelos de los deportistas más fuertes", faltan aún estudios que definan las características modelos en diversos sentidos.

    Por modelo podemos entender "algo digno de imitar, y que reúne las características más relevantes que llevan al éxito, ya sea por su estructura, composición, nivel de desarrollo o interrelación". Y cuando hablamos de la modelación, deben considerarse el estado del deportista, la carga, la actividad competitiva y el rendimiento, como posibles campos de acción que -a través de sus indicadores- permiten el control. Por tal motivo, de acuerdo con las ideas de Volkov, y de cara a los problemas de la modelación, el enfoque sistémico supone utilizar los siguientes componentes de la dirección:

  1. La pronosticación de las características modelos del estado inicial de preparación del deportista y del estado necesario para alcanzar el resultado planificado.

  2. La formulación de un programa modelo que exponga el contenido del proceso de entrenamiento, atendiendo al nivel inicial de preparación del atleta.

  3. La organización del sistema de control del cumplimiento del programa planificado, y la comparación de los resultados obtenidos con las características modelos intermedias.

  4. La rectificación del programa formulado.

    De capital importancia nos parece la aplicación de la modelación en el estado del deportista y la carga.

    Sobre el estado del deportista se elaboran modelos que están en correspondencia con las exigencias de su especialidad, que resumen todas las características determinantes del rendimiento. Se establecen con ayuda de métodos estadísticos, y entre ellos se destacan los modelos ideales, elaborados con las características idóneas de los mejores deportistas; los medios, que se elaboran con las características promedio de una población determinada de atletas, que no tienen que ser necesariamente los mejores; y los modelos individuales, que se corresponden con las características particulares que determinan el rendimiento de un deportista.

    El modelo ideal realmente es una concepción teórica; difícilmente podremos encontrarnos con un deportista cuyo modelo individual coincida totalmente con las características del ideal. El medio resulta más alcanzable, aunque rara vez un atleta de elite coincide con las características de este. Por lo general se observan deportistas con algunas aptitudes superiores a las del modelo medio, y otras que están por debajo.

    No por ello debemos entrenar a los púgiles estelares del mismo modo que a los menos calificados. Ha resultado nefasta la postura -sensata en apariencia-de trabajar a toda costa con las cualidades que parecen menos desarrolladas. En los grandes atletas, la limitación de determinadas aptitudes funcionales es de origen genético o resulta del desarrollo extraordinariamente elevado de otras cualidades. En este último caso, un entrenamiento electivo de los puntos débiles podrá sofocar la manifestación de las virtudes más marcadas del atleta, garantía de su éxito.

    Sin olvidar que no existen deportistas perfectos, ni que hallamos a veces debilidades que "matan", el trabajo debe dirigirse, en primer lugar, al desarrollo de los puntos fuertes, vigilando suavizar las desproporciones más irritantes que dañan el rendimiento. En segundo lugar, debe ser diversificado, no para formar atletas privados de sus individualidades, sino para asegurar la expansión de las cualidades individuales.

    Es también importante no perder de vista la modelación que se lleva a cabo sobre la carga. De ello tenemos un buen ejemplo en el Período Directo a Competencia, modelo elaborado por Alcides Sagarra en su tesis doctoral y aplicada con éxito en la preparación de boxeadores cubanos. La aplicación del modelo de PDC se resume en los principios que se exponen a continuación: De 8 a 10 semanas de entrenamiento con medios especiales -en primera instancia aplicados individualmente y con una correcta dosificación de la cantidad de E. L. C. G. (sparring)- son suficientes para alcanzar un alto nivel de entrenamiento que garantice buenos resultados en las competencias de mayor significación; se puede comprobar por el colectivo técnico el nivel de entrenamiento de cada boxeador semana por semana y, excepcionalmente, de modo diario, antes de los eventos para los que se ha estructurado el PDC; los microciclos se estructuran de acuerdo con los posibles contrarios, lugar y hora de la competición; se modela el entrenamiento individual y colectivo.


Pronóstico

    Debe tenerse en cuenta, como un objeto no menos importante de control. El pronóstico se ha convertido en el método de previsión del comportamiento de los componentes del sistema de preparación, incluido el rendimiento, que en este caso representa el campo de acción principal y depende de dichos componentes. Un pronóstico seguro, debe no sólo prever la dinámica probable de los resultados, sino también todos los factores más o menos sustanciales que determinan la maestría deportiva.

    No podemos hablar de control del pronóstico al margen de la temática de la forma deportiva. Cuando chequeamos la evolución de esta última mediante sus fases, estamos previendo el logro del objetivo. Así nos retroalimentamos para ajustar el pronóstico a la realidad. Por eso, cuando no se obtiene el nivel previsto, debe variarse el pronóstico. El resultado pronosticado se traza para ser alcanzado, no para estar lejos de él. Ejemplo:


Pronóstico de la Escuela Cubana para los Juegos Olímpicos de Atlanta 1996, a partir de la Tabla Mundial de Golpeo de los años 95 y 96

    La Escuela Cubana de Boxeo distingue muy bien el pronóstico de las metas. Para nosotros la meta siempre es ambiciosa (lograr todos los títulos). El Pronóstico será siempre objetivo, teniendo presente el desempeño competitivo de los posibles contrarios y el nivel objetivo de la preparación de nuestro competidor. Esa filosofía nos ha permitido encontrar soluciones ante los retos y amenazas que impone hoy el mundo competitivo internacional.


Bibliografía

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revista digital · Año 13 · N° 122 | Buenos Aires, Julio 2008  
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